Clair Patterson: Luchando contra el plomo

Etxebeste Aduriz, Egoitz

Elhuyar Zientzia

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Ed. Manu Ortega/CC BY-NC-ND

Era sorprendente. Le costó entender dónde estaba el problema, por qué, una y otra vez, conseguía resultados sin sentido. Tenía que medir con precisión el contenido de plomo de las muestras, pero era imposible. Ahora sabía por qué: todo estaba lleno de plomo. Plomo en herramientas de laboratorio, plomo en el agua del grifo, plomo en paredes, polvo, ropa, incluso en su cabello y piel. Plomo en todas partes.

Clair Patterson intentaba medir la edad de la Tierra. En aquella época se consideraba que tenía 3,3 mil millones de años, pero había grandes incertidumbres. Al químico de la Universidad de Chicago, Harrison Brown, director de Patterson, se le ocurrió que con los isótopos del plomo se podía saber la edad de la Tierra fechando meteoritos. “Medirás la composición isotópica de una muestra de minerales del tamaño de una cabeza de aguja y la metes en la ecuación, y te vas a hacer famosa porque medirás la edad de la Tierra”, dijo Brown a Patterson. “Bien, eso es lo que voy a hacer”, respondió el joven Patterson. Así fue como empezó su tesis doctoral.

“No será tarea fácil, Patterson”, advirtió el director. Se trataba de una técnica que debía comenzar por cero y que requería mediciones de gran precisión. Empezó a trabajar con rocas de edad conocida. Y enseguida comenzaron los problemas. En todas las muestras, Patterson encontraba mucho más plomo de lo que necesitaba. Allí donde no debería haber plomo, aparecía plomo. Nadie lo esperaba. Todo estaba contaminado con plomo.

Al darse cuenta de ello, tomó todas las medidas que se le ocurrieron para que el laboratorio fuera lo más limpio posible. Limpió el utillaje con potasa cáustica, utilizó agua destilada dos veces, limpió el laboratorio con aspiradoras, instaló bombas extractoras, etc. También se cubrió con máscaras y plástico. Tardó años en crear el laboratorio más limpio del mundo y en 1953 logró medir la edad de la Tierra: 4,5 mil millones de años.

Ed. Manu Ortega/CC BY-NC-ND)

Al publicarlo no faltó crítica. Una vez, un evangelista le dio la puerta y le avisó de que iba al infierno. Y otros muchos intentaron demostrar que aquel número era erróneo, pero nadie lo consiguió. Sin embargo, la investigación dejó otra preocupación a Patterson: ¿de dónde procedía todo aquel plomo?

Estudió los sedimentos marinos y descubrió que los sedimentos más recientes tenían 20 veces más plomo que los más antiguos. No era normal. Empezó a buscar motivos y se dio cuenta de que podía ser gasolina. Hizo los cálculos y los números coincidieron, todo podía explicarse por la cantidad de plomo que se emitía al aire al quemar la gasolina. Tenía un gran problema: las investigaciones de Patterson financiadas por la industria del petróleo. Sin embargo, decidió publicar esas conclusiones.

Inmediatamente el Instituto Americano del Petróleo le retiró la financiación y le suspendió su contrato con el Servicio de Salud Pública. También intentaron expulsarlo de la universidad. Y en casa aparecieron hombres vestidos de traje, ofreciéndole dinero para que publicara otros resultados. Patterson les explicó claramente que el medio ambiente y las personas estaban envenenando con plomo su actividad. Y que seguiría trabajando en su cese.

En otro trabajo que publicó en 1965, Patterson explicó que los niveles de plomo en el medio ambiente no eran en absoluto naturales, como entonces se pensaba. Sólo teniendo en cuenta las fundiciones, pesticidas, tuberías, y la gasolina se podía explicar estos niveles de plomo. Y sugirió que el nivel de plomo en las personas podía ser 100 veces mayor que el nivel natural.

Los toxicólogos le atacaron. Solicitaban que los geólogos se limitaran a las rocas y que dejaran el cuerpo humano a los expertos. “Las evidencias médicas aceptadas demuestran que el plomo presente en el medio ambiente no supone ningún riesgo para la salud”, declaró el Instituto Americano del Petróleo.

Pero Patterson no se resignaba. Convencido de que la única vía para avanzar era investigar más, se fue al Ártico. Quería comparar el nivel de plomo de hielo antiguo con el de hielo más reciente. Los resultados fueron sorprendentes y reveladores: A partir de 1700 se multiplicaba por 300 el nivel de plomo, siendo la mayor subida los últimos 30 años, coincidiendo con la subida del uso de los coches.

Pero eso tampoco convenció a todos. En 1970 la Agencia de Protección del Medio Ambiente EPA solicitó un informe de expertos en la materia. Patterson no fue invitado y en el informe no se tuvieron en cuenta las investigaciones de Patterson.

Sin embargo, cada vez más expertos coincidieron con Patterson. Además, algunos médicos de la EPA demostraron que el plomo del aire aumentaba el riesgo de que los niños sufrieran problemas neurológicos.

Y Patterson buscaba más pruebas. Fue a las montañas del Parque Nacional de Yosemite, el lugar más limpio posible de Estados Unidos. También estaba contaminado con plomo y fue capaz de identificar su origen: El 95% procedía de coches urbanos situados a casi 500 km.

También obtuvo unos restos esqueléticos peruanos de 4.500 años y una momia egipcia de 2.200 años, y comparó el grado de plomo de sus huesos con los tres gorpuros de la época. Vio que los estadounidenses de la época tenían 600 veces más plomo en los huesos que sus antepasados.

Finalmente, la EPA reguló la necesidad de ir reduciendo el plomo de la gasolina. La norma entró en vigor en 1976. Como anunció Patterson, pronto comenzó a bajar el nivel de plomo en el aire.

Patterson siguió trabajando y demostró que el atún en lata tenía entre 1.000 y 10.000 veces más plomo que el atún fresco. Gracias a ello dejaron de soldar las latas de comida con plomo.

La Norma EPA establece que el 31 de diciembre de 1995 quedó terminantemente prohibida la gasolina con plomo. Patterson murió tres semanas antes, tras una crisis de asma.

 

Bibliografía

COHEN, S.K. (1995): “Clair C. Patterson (1922-1995), interveiwed by Shirley K. Cohen”. California Institute of Technology

DICKE, W. (1995): “Clair C. Patterson, Who Established Earth's Age, Is Dead at 73”. The New York Times

REILLY, L. (2017): The Most Important Scientist You’ve Never Heard Of. Mental Floss

TILTON, G.R. (1998): “Clair Cameron Patterson, 1922-1995”. National Academy of Science

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