Bioeconomía: dispuesta a dar el salto de los centros de investigación a la sociedad

Los centros de la alianza BRTA tienen claro que la bioeconomía es una vía estratégica para responder a los retos económicos y ambientales actuales. De hecho, la bioeconomía es una apuesta del Gobierno Vasco, y prueba de ello es el Plan Estratégico de Economía Circular y Bioeconomía. En este plan se recogen las principales iniciativas que se van a llevar a cabo en Euskadi en los próximos años, y para llevarlas a cabo existe un grupo de trabajo dentro del BRTA. Este grupo de trabajo está liderado por NEIKER, uno de sus miembros.

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Ed. Archivístico

“La bioeconomía consiste en aprovechar económicamente los residuos de origen natural”, explica Soraya Prieto Fernández, responsable de Química Sostenible de Tecnalia. También especifica cómo se lleva a cabo: “En Tecnalia trabajamos en toda la cadena, desde las materias primas hasta el producto final. Primero extraemos productos de valor de la biomasa, los tratamos para obtener productos químicos intermedios y luego los utilizamos para producir nuevos materiales: plastificantes, fertilizantes, biocomposites, floculantes, biometano, bioadhesivos… Es decir, diferentes materiales y productos químicos”.

“Desde nuestro punto de vista, la bioeconomía es una oportunidad para el sector”, señala Olatz Unamunzaga Galarza, responsable de Innovación y Tecnología de NEIKER. Dice que la bioeconomía es necesaria para pasar de cadenas de valores lineales a economía circular. “Pero además creemos que es una oportunidad para las explotaciones”.

“El tratamiento de los residuos y subproductos que se generan en la actualidad supone un coste importante para los productores. Y son ya muy justos, entre otros problemas, por los factores externos que agravan la economía, como la escasez de materias primas, la energía… Por lo tanto, para ellos una opción es que estos residuos puedan ser transformados y utilizados en la producción, o convertidos en productos intermedios para otras producciones. Además, ayuda a resolver las carencias, abusos y problemas que surgen en otros sectores”, señala Unamunzaga.

En NEIKER la investigación se ha centrado en la producción de fertilizantes a partir de los residuos agrícolas y ganaderos. También producen productos para la alimentación animal.

Soraya Prieto Fernández. Responsable de Química Sostenible de Tecnalia.

Unamunzaga destacó la importancia que han adquirido ambos en la situación actual, que se ha encarecido mucho debido a las guerras y a la escasez de materias primas. “En NEIKER trabajamos con este objetivo desde hace décadas. Entre otras iniciativas, buscamos abonos moleculares que actúen como bioestimulantes y que se obtengan a partir de residuos agrícolas, ganaderos o pesqueros. También contribuimos al desarrollo de bioplásticos basados en residuos de mataderos o de la industria del queso”. Lo que no puede ser retornado al sector primario es derivado a TECNALIA u otros centros para que lo utilicen en la generación de otros productos.

Crisis, oportunidad

De hecho, la crisis actual ha llevado a los centros BRTA a realizar un recorrido y a dar el salto. “Uno de los problemas de los bioproductos es el precio, ya que no pueden competir con los generados por otros medios. Ahora, por la escasez y el precio, los bioproductos son también atractivos para el mercado. En definitiva, el mercado tiene mucha fuerza”, explica Unamunzaga.

En la misma línea, Prieto destaca la importancia de la legislación: “Las leyes también contribuyen, por ejemplo, a exigir que los materiales sean reutilizados o a limitar los productos que pueden ser llevados a vertederos. Hay muchos ejemplos. Hemos mencionado los residuos procedentes de la agricultura y de la ganadería o de la silvicultura, pero también los de la acuicultura o las depuradoras. Además de todo esto, estamos teniendo en cuenta el aprovechamiento del dióxido de carbono industrial en la bioeconomía”.

Olatz Unamunzaga Galarza. Responsable de Innovación y Tecnología de NEIKER.

Sin embargo, ambos reconocen que todavía existen dificultades a superar o carencias a cubrir. Por un lado, no conocen bien la cantidad de residuos que se generan, dónde y de qué tipo. En este sentido, ha sido un paso reseñable el reciente análisis de los alimentos que se malgastan en la cadena agroalimentaria vasca.

Por otro lado, existe un gran vacío entre estos residuos y los consumidores finales, ya que no existen infraestructuras que transformen residuos y produzcan bioproductos a nivel industrial.

En cualquier caso, aun reconociendo deficiencias y problemas, son optimistas porque están convencidos de que es un buen momento para transferir la tecnología que han desarrollado y aportar soluciones a la sociedad.

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