Evidencias de la crisis socio-ecológica

Pascual García de Azilu, Unai

Klima eta Natur Ingurunea / Basque Centre for Climate Change

Zafra Calvo, Noelia

Aldaketa Globala eta Garapen Sostengarriko doktorea

Basque Centre for Climate Change

La plataforma científica normativa IPBES de las Naciones Unidas ha afirmado en su último informe que un millón de especies están a punto de desaparecer en el planeta, una de cada ocho. La pérdida de hábitats está en la base de la pérdida de biodiversidad, ya que el 75% de la superficie terrestre ha sido alterada por el hombre a golpe, por deforestación, por agricultura intensiva, por urbanización de tierras, por crisis climática… Hemos destruido el 80% de los pantanos del mundo y el 32% de la superficie forestal. La conclusión es que el 20% de las especies han desaparecido desde 1900 y otro 13% pueden desaparecer en los próximos años. Mientras tanto, la población mundial se ha duplicado, el producto interior bruto global se ha multiplicado por cuatro, y el comercio internacional, que fomenta el trasvase de productos a cualquier país del mundo, se ha multiplicado por diez.

El informe dice que hay que dejar de lado el dogma del crecimiento económico, que tenemos que tener como objetivo un sistema económico sostenible. Pero, ¿cuáles son las razones socioeconómicas que subyacen a esta crisis socio-ecológica? ¿Qué políticas habría que poner en marcha? Y, quizás lo más importante, ¿cómo se hace? ¿Tenemos que sacrificar el bienestar?

Estas son las preguntas que hemos solicitado al economista Unai Pascual García de Azilu y a la científica ambiental Noelia Zafra Calvo. Ambos investigadores del Basque Centre for Climate Change.

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Ed. Maxsattana/Shutterstock

“El modelo de gobernanza es el responsable de la crisis”

Unai Pascual García de Azilu

Doctor en Economía y Política Ambiental. Investigador BC3

El informe IPBES habla ya de la crisis socioecológica. ¿Cuáles crees que son las razones que fundamentan esta crisis?Si nos fijamos en la historia del ser humano, la tasa de pérdida de biodiversidad está siendo la más alta de las últimas cinco décadas, pero la pérdida de biodiversidad que ha puesto de manifiesto el IPBES no debe ser vista como un mero problema ambiental. La sociedad y la economía son el centro del problema. Las evidencias científicas indican que los principales agentes directos detrás de esta pérdida son, respectivamente, el uso de la tierra y el mar, la explotación directa de los recursos naturales, el cambio climático, la contaminación y las especies invasoras.

Bajo estos cinco grandes actores directos subyace la intervención humana, por lo que se pueden identificar varios agentes transversales que están en su base. El informe IPBES menciona los cambios en los comportamientos y valores de los individuos, los patrones de consumo y producción, el comercio internacional, la dinámica y la tendencia demográfica, la innovación tecnológica y el modelo de gobernanza. Las combinaciones de estos factores dan lugar a los cinco principales agentes directos mencionados, que se encuentran detrás de la pesimista tendencia de la biodiversidad en diferentes puntos de la Tierra. Queda claro, por tanto, que estamos ante una crisis socio-ecológica, no sólo ecológica:la propia sociedad y el sistema de gobernanza que ésta crea y mantiene son los responsables de la crisis.

Desde el punto de vista del metabolismo de la sociedad, el hecho de que en los últimos 50 años la población humana se haya duplicado, el crecimiento en cuatro ocasiones del producto interior bruto y el aumento en diez veces del valor del comercio internacional han incrementado enormemente la demanda de recursos naturales, materias primas y energía. Esto ha supuesto un incremento directo de la presión sobre la tierra y el mar y, lógicamente, un aumento en la generación de residuos. El cambio climático es un ejemplo de contaminación por CO2 y no podemos olvidar la inundación de residuos de plástico. A ambos lados de la moneda se encuentran los factores directos e indirectos de la presión social sobre la naturaleza.

¿Qué políticas habría que poner en marcha?Podemos vincular de alguna manera todos los factores socioeconómicos a la política. Así, para poder responder a esta importante pregunta, en primer lugar deberíamos tener en cuenta que la palabra política tiene entre nosotros significados o aplicaciones muy diversas. Todos hacemos política en el día a día cuando tomamos cualquier decisión: fortalecemos los valores humanos y naturales, fomentando un sistema educativo determinado, consumiendo alimentos de un determinado modelo de agricultura, eligiendo uno u otro modelo de movilidad cotidiana, decidiendo en vacaciones, dónde y cuánto viajamos… Y hay otro tipo de política que hacen los representantes políticos, donde establecen las normas y leyes de ese juego político. Estas normas tienen una incidencia directa en la economía o en las relaciones sociales. En las ciencias humanas se denominan instituciones. Las instituciones y las leyes deben situarse en el centro de la crisis socio-ecológica. Estas son las causas de la crisis.

Pero más allá de las normativas medioambientales, otras también tienen una relación directa o indirecta con la naturaleza. Todo marco normativo condiciona el tipo de relación de la sociedad con la naturaleza en la medida en que regula los modelos de salud, educación, consumo y producción. Por tanto, todo el sistema de gobernanza es lo que deberíamos revisar. El medio ambiente es un tema transversal de muchos sectores que está estrechamente relacionado con la sociedad. Así, el medio ambiente debería ser un tema transversal en todos los gobiernos, tanto en los municipios como en escalas más altas. Mientras no lo hagamos, no daremos la verdadera dimensión al problema.

En primer lugar, habría que eliminar los incentivos económicos que incrementan la producción y el consumo de materiales y energía. Según datos de las Agencias Internacionales de Energía, son perversos los premios de más de 400 mil millones de dólares en combustibles fósiles. Lo mismo ocurre con las primas monetarias que favorecen una agricultura intensiva e insostenible. Por ejemplo, las que permiten un consumo masivo de agua o la agricultura mediante fertilizantes artificiales y otros inputs fitosanitarios que dependan de combustibles fósiles. No podemos proteger la naturaleza y, mientras tanto, alimentar desde la puerta trasera a las instituciones que promueven estos premios económicos. Es como repostar al fuego de la crisis socio-ecológica.

¿Tendremos que sacrificar el bienestar? Hay que cambiar el modelo. Algunos utilizan la palabra transición socio-ecológica, otros la palabra transformación. En cualquier caso, es este siglo el que tenemos que poner en marcha la revolución socio-ecológica. Si no es así, la biodiversidad y el sistema climático son dos de los principales factores que sustentan a la humanidad. Ambos tienen una estrecha relación, no se puede entender una sin tener en cuenta la otra. El efecto de calentamiento repercute negativamente en la biodiversidad, a la vez que necesitamos ecosistemas sanos para la captura de las emisiones de CO2 (suelo, biomasa vegetal y océanos) y para la adaptación efectiva a los efectos del cambio climático. Tenemos que reinventar la base socioeconómica de la vida. En lugar de crecer material y energéticamente, debemos poner en marcha un modelo que reduzca el metabolismo social. Debemos integrar el bienestar en el imaginario colectivo más allá de los consumos materiales y energéticos. Tenemos que hacer atractivo este concepto. Cuando lo consigamos queda claro que el sacrificio es lo que estamos haciendo ahora. Hay que cambiar la situación. No hay otro camino.

 

“Tenemos que conseguir reconectar a las personas con la naturaleza”

Noelia Zafra Calvo

Doctor en Cambio Global y Desarrollo Sostenible. Investigador BC3

El informe IPBES habla ya de la crisis socioecológica. ¿Cuáles son, en su opinión, las razones que fundamentan esta crisis?Fundamentalmente, nuestro modelo de vida completo, centrado en el consumo en casi todas las culturas del planeta. No está basada en el respeto a la Tierra. Hace unos milenios el ser humano perdió el respeto a la naturaleza y a la Tierra, como si tuviéramos respeto a un amigo, porque la relación con la naturaleza pasó de comprendernos a querer controlarla, a provocar desequilibrios.

Compramos ropa que usaremos una sola vez o un pimiento envuelto en plástico en un recipiente de polietileno; utilizamos jabón de manos envasado en lugar de pastilla de jabón para lavar las manos, o secamos las manos con papel, viajamos en avión en lugar de realizar viajes cortos en tren; tiramos o no reciclamos la comida sobrante, especialmente cuando la carne es roja, cuya producción resulta muy cara para la Tierra.

Además, nadie quiere cambiar su status quo, especialmente aquellos que no quieren que se produzcan cambios sociales que no les provoquen beneficios, aunque estos cambios sociales supongan ventajas para una mayoría o para la supervivencia de la Tierra.

¿Qué políticas pondrías en marcha?Desde el punto de vista ecológico, la Tierra es un sistema en equilibrio. Cuando el hombre provoca un desequilibrio en el sistema, la Tierra se autoajusta. Por ejemplo, la Tierra se calienta con el cambio climático y se producen ajustes en el sistema atmosférico y oceánico que provocan tifones y con ellos inundaciones. Nuestro principal argumento para la conservación de la naturaleza se centra en la cantidad de cosas que vamos a perder con todos estos ajustes, ya que la Tierra no siempre se ajusta como más nos convenga a nosotros, o peor aún, no sabemos qué ajustes van a ocurrir y qué problemas debemos afrontar con el paso de los años.

Yo no me centraría en las políticas de mitigación de los daños que provocan estos ajustes, sino que abordaría las políticas de cambio en la integración de las personas en el sistema de la Tierra, desde el punto de vista individual. Creo que tenemos que conseguir que las personas se reconecten con la naturaleza. Podemos conseguirlo con algo significativo y emocionante para las personas, como ver el árbol plantado por los abuelos o nadar en el mar para sentir las olas… También es importante construir una visión de futuro compartida con unas mínimas claves de respeto a la Tierra y a otras personas y seres vivos que conviven.

¿Tenemos que sacrificar el bienestar?Cada cual debe hacerse esa pregunta. Qué llamamos bienestar y en qué medida estamos dispuestos a adaptarse. La teoría dice que cada uno puede adaptarse, de forma más o menos sencilla, a temas que no considera básicos para su bienestar. Pero es muy relativo lo que cada uno considera básico. Hay quien considera fundamental moverse en coche, y para otros será fundamental seguir comprando en el supermercado, aunque así los mares llenen de toneladas de plástico. Un punto crítico es quién puede decidir sobre este cambio y cómo se va a llevar a cabo un proceso que afecte de forma diferente a los grupos de personas.

 

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