Ser mujer cuando se convierte en enfermedad

Galarraga Aiestaran, Ana

Elhuyar Zientzia

La medicalización se refiere a la consideración de los episodios normales de la vida como enfermedades y a su diagnóstico, prevención o tratamiento como tales. Aunque afecta también a los hombres, en las mujeres esta tendencia es aún más acusada. Tiene consecuencias graves y no sólo en las personas que sufren la medicalización.
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Ed. © auremar/350RF

La prestigiosa revista médica British Medical Journal publicó hace once años un artículo titulado: "Selling sickness: the pharmaceutical industry and disease mongering" (Venta de la enfermedad: industria farmacéutica y venta aproximada de enfermedades). Los autores son dos médicos y un periodista y la primera frase es muy clara: "Se puede conseguir un montón de dinero gracias a personas sanas que creen estar enfermas".

Posteriormente, la misma revista publicó una lista de no enfermedades, completada con las aportaciones de los lectores. Envejecimiento, trabajo, aburrimiento, ojeras, ignorancia, calvicie, parto, insatisfacción, celulitis, ansiedad por el tamaño del pene, embarazo y soledad, entre otros.

Y en los últimos años se han publicado varios libros sobre el mismo tema. De este modo, una parte de la sociedad se ha dado cuenta de que algunos de los fenómenos que conlleva vivir son rentables para algunos, pero todavía queda mucho por hacer para acabar con la tendencia a la medicalización.

Así lo cree Rosa Rico, jefa del servicio de evaluación de tecnologías sanitarias del Gobierno Vasco. En su opinión, hay que prestar especial atención a las mujeres, que son las que más sufren la medicalización y las consecuencias que ello conlleva.

Para explicarlo, ha recordado el ejemplo de la osteoporosis: "Nuestro trabajo es el análisis de tecnologías sanitarias y la elaboración de informes para quienes deben tomar decisiones, y desde hace años hemos elaborado un informe de osteoporosis. Era la época en la que todas las mujeres eran tratadas para prevenir la osteoporosis. Desde las organizaciones privadas hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS), todos decían que había que tratar los síntomas de la menopausia, entre ellos para prevenir la osteoporosis".

Tratamiento de la osteoporosis, aclaratorio

El equipo de Rico descubrió que en el caso de la osteoporosis se producía una patología de la vejez, lo que era normal se consideraba una enfermedad. "Nos dimos cuenta de que sus efectos desde el punto de vista económico eran importantes, ya que los tratamientos no se aplicaban a los individuos, sino a toda la población que estaba en ese intervalo. Todos eran tratados con hormonas y/o medicamentos específicos contra la osteoporosis".

De hecho, la terapia hormonal sustitutiva "era vendida como fuente de la eterna juventud", afirma Rico. "Gracias a ello, las mujeres no tendríamos ni una sola señal de vejez: ni osteoporosis, ni arrugas, si no fuéramos secas... nada".

En la década de los 90, además de la industria farmacéutica y las instituciones sanitarias, los medios de comunicación y la sociedad ejercían una gran presión sobre el tratamiento de las mujeres, especialmente en el campo de la ginecología. "Y entonces surgió en Italia el conflicto de los densitómetros. El ministro de Sanidad tuvo que dimitir por aquella cuestión. De hecho, la industria suministró densitómetros a especialistas para diagnosticar posibles osteoporosis a las mujeres. Y ellos se empezaron a utilizar y para saber si tenían o no osteoporosis utilizaban la definición de la OMS. Según esta definición, las mujeres que tenían dos puntos por debajo del estándar de calcificación ósea tenían osteoporosis, por lo que debían ser tratadas".

Por lo tanto, gracias a los densitómetros se diagnosticaron numerosos casos de osteoporosis. Estudios que sugieren que la terapia hormonal sustitutiva preveía la osteoporosis, ya que las mujeres que la estaban tomando no tenían osteoporosis, "pero las mujeres a las que se les administraba la terapia tenían 50 años y la osteoporosis aparece a partir de los 70-80 años. Y no había estudios a largo plazo. Por lo tanto, la terapia se estaba aplicando sin conocer sus consecuencias".

Además, Rico ha recordado que con la terapia hormonal, la industria también introdujo la calcitonina inhalada: "Este medicamento se utilizaba en casos de cáncer óseo y era muy caro. Con su generalización, el gasto farmacéutico en la Comunidad Autónoma del País Vasco creció un 5% en un año."

Los expertos piden una especial atención a las mujeres, que son las que sufren la medicalización y las consecuencias que ello conlleva. Ed. NIH

Este gasto era tan evidente que despertó la atención internacional. Como consecuencia de ello, se llevó a cabo una investigación en Italia que dio lugar a la dimisión del ministro de Sanidad. "En la CAPV elaboramos un informe que dejó de emitir calcitonina".

En Estados Unidos, donde también se daba tanta terapia hormonal sustitutiva, se llevó a cabo una investigación a largo plazo que demostró que "aumentaba el riesgo de infarto y cáncer de mama". Para Rico, "XX. Es un ejemplo típico de la [medicalización] de finales del siglo XX."

Mes y parto

En cualquier caso, la tendencia a la medicalización femenina no se inicia al llegar a la menopausia, ya que se corre el riesgo de hacerlo mucho antes. Por ejemplo, varios expertos han denunciado que las alteraciones menstruales se cubren con métodos anticonceptivos. Por otro lado, las embarazadas y las mujeres que dan a luz son a menudo consideradas enfermas y sometidas a inútiles reconocimientos y tratamientos médicos. Todo ello supone la pérdida de la responsabilidad y de la capacidad de decisión sobre la propia salud.

Rosa Rico ha trabajado mucho sobre el parto en los últimos años, siendo uno de los autores de la guía de atención al parto normal. En su opinión, el parto se ha medicalizado mucho y espera que la guía contribuya a evitarlo. Así, la guía recoge consejos basados en evidencias científicas para la atención de partos sin riesgos especiales, por ejemplo, recomienda permanecer tranquilos en casa y no acudir al hospital durante la fase latente del parto, ya que "se ha detectado que la hospitalización en esta fase puede suponer un riesgo asociado a una mayor intervención".

La guía también recomienda no realizar prácticas habituales como la administración de oxitocina en la fase de dilatación o la episiotomía. El objetivo de la guía es "ayudar a los profesionales que quieran hacer un esfuerzo de desmedicalización", según Rico.

Con el objetivo de silenciar los síntomas

Al margen de la ginecología, otro ejemplo destacado de la medicalización que los expertos han encontrado en las mujeres es la salud mental. La investigadora Carme Valls denuncia que el 85% de los psicofármacos que se prescriben en España están dirigidos a mujeres. En opinión de Valls, el porcentaje es muy significativo, "como mucho, entre las mujeres, ya que los casos de ansiedad y depresión son el doble que en los hombres".

Dos son los principales motivos por los que las mujeres recurren al médico: el dolor y la fatiga. Valls cree que, en muchas ocasiones, los procesos que se encuentran detrás de estos dos síntomas se deben a la falta de protocolos y recursos, y que los médicos utilizan ansiolíticos o antidepresivos para cubrir esa laguna.

En este sentido, en los últimos años se están fortaleciendo las voces que demandan atención a la fibromialgia. Valls, en un trabajo conjunto con otros investigadores, ha recogido una tendencia desproporcionada a diagnosticar fibromialgia a mujeres con dolor, sobre todo en nuestro entorno. Y ha dado el siguiente dato: En Estados Unidos, el 2% de las mujeres tienen fibromialgia, frente al 18% de España. La diferencia es grande, para ignorar es demasiado grande.

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