Ciencia para el pueblo y con el pueblo

A partir de ahora la ciencia se enfrenta a grandes retos. Su financiación quedará condicionada a que quien no realice una investigación e innovación responsable no reciba financiación europea. Y Europa ha definido claramente qué es la ciencia responsable, que garantiza la participación de la sociedad y que da solución a las y problemas de la sociedad. Esto supone un cambio de paradigma que ha dado lugar a la reacción de los científicos.
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Ed. Pixabay

El conocimiento científico y tecnológico influye decisivamente en el progreso social y económico de la sociedad. Porque dependiendo de la dirección de la ciencia, la sociedad dispondrá de unos recursos u otros para avanzar. Esto nos lleva a una pregunta básica: ¿en la dirección de la ciencia los ciudadanos deben tomar la palabra y la decisión, o deben ser espectadores pasivos porque las decisiones científicas las toman “expertos”?

Europa ha dejado poco espacio para el debate, mostrando una actitud clara: la ciencia debe ser para la sociedad y, además, con la sociedad. La idea de “Con la sociedad” ha apostado por la descentralización de la ciencia, reconociendo que el conocimiento no está sólo en los laboratorios. Ha establecido que la ciencia debe ser dialogada con otros agentes de la sociedad, porque también reconoce conocimiento a ellos: centros tecnológicos, movimientos sociales, asociaciones de pacientes, etc. Por ejemplo, los pacientes pueden no tener conocimientos similares a los científicos, pero sus vivencias pueden ayudar a los científicos a decidir en qué deben prestar atención.

Sin embargo, la idea de “sociedad” hace referencia a los resultados: la ciencia debe orientarse a responder a los grandes retos que la sociedad tiene en cada momento. También ha marcado los principales retos a los que se enfrenta: cambio climático, escasez de recursos, envejecimiento de la sociedad y problemas energéticos. La Unión Europea considera que la investigación y la innovación responsable, denominada RRI (Responsible Research and Innovation) es la que garantiza estos dos aspectos.

La ciencia en cuestión

“Todo ello supone un cambio cultural, una nueva forma de entender la ciencia: se produce en diálogo con las diferentes ciencias. El científico no puede estar en una torre de marfil, sino que debe ser consciente de los problemas que rodean y de que los retos son complejos”, ha señalado el doctor en Filosofía Andoni Eizagirre. Eizagirre es profesor e investigador de Mondragon Unibertsitatea y estudia los proyectos de investigación que se presentan a las convocatorias europeas para ver si los científicos están asumiendo la visión RRI. “Si reconocemos, y esto tiene que ver con el cambio social, que las universidades y los antiguos centros de investigación han perdido el monopolio del conocimiento, es decir, que desde la universidad se está descentralizando el conocimiento a otros ámbitos (ya sean hospitales, organizaciones no gubernamentales…), lo lógico será que colaboremos con ellos. Si generamos el procedimiento de creación de la ciencia en diálogo con otros agentes, identificamos sus inquietudes y problemas… seguramente eso facilitará que los resultados coincidan con las preocupaciones, deseos y expectativas de la ciudadanía”.

Sin embargo, esta visión, y sobre todo la condicionada por la propia financiación de las investigaciones científicas, ha provocado la reacción de muchos científicos. Pero cuál es el problema: ¿Que Europa va por delante de los científicos y que los investigadores necesitan tiempo para acostumbrarse a los cambios, o que la propia ciencia se está poniendo en peligro?

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“No es un tema fácil”, ha afirmado Juan Ignacio Pérez Iglesias, catedrático de Fisiología Animal y director de la Cátedra Científica de la UPV. “Yo soy crítico con RRI. Creo que tenemos motivos para preocuparnos por esta nueva estrategia, no sólo por los científicos, sino por la sociedad en general. Eso puede ser paradójico, porque el objetivo es que la ciencia sea responsable, pero yo lo veo así. De hecho, la percepción ciudadana de la investigación y la ciencia es conocida y prioriza lo que se denomina investigación aplicada, no investigación básica. La gente no valora el conocimiento por el valor intrínseco del conocimiento, sino por sus aplicaciones”.

“Yo estoy segura – ha añadido Pérez Iglesias -- si preguntáramos en la calle ‘oye, ¿en qué se debería investigar?’, y si dijéramos temas como la biotecnología, la energía nuclear, la física de la materia sólida, la cosmología, el cáncer, los antibióticos, etc., la gente diría que sí a los antibióticos, al cáncer y a los aspectos ambientales. Seguramente diría que no a la energía nuclear y a la biotecnología, sobre todo si la biotecnología se acompañase de transgénicos. Y por último, diría que no se investigaría la cosmología, la física de la materia sólida, las partículas físicas, el sistema de transporte intracelular, etc., o al menos no las pondrían en los primeros puestos”.

“Si a partir de ahora el criterio fuera despreciar la investigación básica y enfocarla a la investigación aplicada, estaríamos perdidos porque la base de la aplicación es la investigación básica. La ciencia y el conocimiento, y la propia cultura, irían a pique”, ha añadido. “Si se da la oportunidad a la gente de participar en estas decisiones, el RRI no se comportaría de manera responsable, porque priorizaría la investigación que a su juicio serviría para solucionar los problemas de nuestras vidas diarias. Yo he escuchado a los políticos: ‘no, ahora, en tiempos de crisis, no es el momento de investigar en temas de lujo. Ahora es el momento de investigar en cuentas aplicadas’. A mucha gente le parece que la investigación básica es un tema de lujo”.

¿Ciencia, república propia?

“Hay otro debate en la base”, cree Andoni Eizagirre. “Muchos dicen que la ciencia tiene que estar en un campo libre, que no tiene que tener ninguna influencia. Dicen: ‘Nosotros somos una república propia. Como comunidad científica tenemos nuestras propias normas: qué es hacer bien la ciencia, qué es hacer ciencia responsable, todo eso está fijado con nuestras normas internas. Además, el conocimiento lo tenemos nosotros, por lo que no hay que abrirlo. Si no, el conocimiento se relativiza y eso es peligroso’. Hay un gran recelo en torno al RRI”.

“Investigadores de gran tradición en investigación básica afirman que RRI será una moda pasajera, pero yo no creo. Creo que RRI ha venido para quedarse”, ha añadido Eizagirre. “Al final se está produciendo un cambio cultural. En algunos países ya se ve que en los laboratorios se está promoviendo realmente la interdisciplinariedad. Puede que se le añadan matices o se limiten a algunas zonas, pero seguirá”.

De hecho, la ciencia aporta conocimiento, pero en ocasiones puede tener impactos imprevistos o no deseables que pueden provocar una sensación de riesgo o incertidumbre en la población. “El RRI propone una nueva forma de entender la ciencia, la sociedad y la relación entre ambos: compartir responsabilidades y aprender mutuamente”, ha añadido Andoni Eizagirre.

Pero también ve límites: Tras analizar los proyectos de investigación que se presentan a las convocatorias europeas, ha constatado que la industria es la que más fácilmente se está adaptando a la visión RRI, ya que los propios industriales argumentan que están abriendo el procedimiento a otros agentes (suele ser de otras empresas) y que su investigación está orientada. “Por eso, otra crítica al RRI es que es muy economicista”.

¿Cambiaría algo si en ciencia hubiera una mayor diversidad de investigadores, por ejemplo, en lo que respecta a la etnia, al género y al nivel socioeconómico? Ed. Pixabay

La ciencia necesita diversidad

Digna Couso es licenciada en Física y doctora en Didáctica de la Ciencia y actualmente es investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona en la sección de Didáctica de las Ciencias Experimentales. Considera que la ciencia tiene otro gran reto si tiene que ser responsable: “El perfil de las personas que trabajan en ciencia e ingeniería es muy homogéneo: existe una diversidad étnica muy reducida, una diversidad de género muy baja, una diversidad en cuanto a nivel socioeconómico… y eso es un problema. La falta de diversidad provoca pobreza en términos de perspectivas y pérdidas económicas. Se ha investigado el coste económico de no incorporar la perspectiva de género en las investigaciones científicas. Por ejemplo, ha ocurrido que tras 20 años de investigación de un medicamento, la socialización y la concienciación del medicamento es muy perjudicial para las mujeres con menopausia. A pesar de haber estudiado durante 20 años, no se ha tenido en cuenta que este medicamento es también para mujeres… Otro de los retos que plantea el RRI es que la ciencia necesita una revisión del género”.

La sociedad lejos de la ciencia

Para garantizar la diversidad y la participación ciudadana en la ciencia es necesario fomentar la cultura científica y la visión crítica en la sociedad. De hecho, hoy por hoy, la sociedad muestra una actitud bastante pasiva ante los avances de la ciencia. ¿Cuál es el problema de que la ciudadanía tiene poco conocimiento científico?

Según Digna Couso, el hecho de que la sociedad y los jóvenes se sientan alejados de la ciencia no se debe a la falta de conocimiento. Sitúa el reto de la educación en otro lugar: “Más de lo que saben los alumnos sobre ciencia es si la escuela cuida la curiosidad, la creatividad y la actitud crítica de los alumnos. Con una base sólida, podemos seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida. Lo que realmente nos condiciona es la percepción de nuestras capacidades; por ejemplo, pensar que en ciencia no somos buenos. Eso sí que nos limita. Y muchos jóvenes se autoexcluyen de la ciencia. No ven la ciencia para nadie: for white, brillant men. Para hombres blancos y brillantes”.

“Nos preocupa mucho la visión del alumnado de la ciencia, la percepción de una cultura de excelencia en la ciencia. Creen que la ciencia es sólo para los que son excelentes, para los que son muy inteligentes, entendida la inteligencia de una manera muy limitada, con gran capacidad de cálculo y abstracción. Esta percepción de la ciencia la transmitimos el profesorado y la sociedad, y los científicos también contribuyen a ello. Pero hay personas con otras capacidades que pueden aportar tanto o más”.

Couso ha subrayado que si queremos la diversidad en la ciencia tenemos que centrarnos en las chicas. “Los estudios demuestran que las chicas tienen menor autoestima en su actividad científica y tecnológica. Una chica que saca 9 en inglés y 6 en matemáticas cree que ella es insuficiente en matemáticas, pero un chico que ha sacado 6 en matemáticas y 4 en inglés piensa que es muy bueno en matemáticas. Esta percepción tiene algo que ver con la capacidad. A las chicas hay que decirles que hay bastante buenas en ciencia, que necesita ciencias”.

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