¿Qué tiene la patata para que le guste a todos?

Analizando la historia de la patata se observa que tiene su origen en los Andes americanos, donde se trabaja mucho en el tubérculo llamado “papa”. Aunque Pizarro lo trajo a la Península Ibérica en 1534, XVIII. Hasta el siglo XIX no se convirtió en alimento de los humanos, ya que en un principio se pensaba que la patata causaba enfermedades. Pero la crisis de la agricultura que azotó a Europa en ese siglo provocó que este tubérculo se cultivara y se alimentara, llegando a Euskal Herria a la segunda mitad del siglo.

Contiene una cantidad de agua del 65-78% y la mayor parte de la parte seca está constituida por glúcidos o carbohidratos (20%). La más abundante es el almidón. Sin grasa y con pocas proteínas (sólo 2%). Su principal sal mineral es el potasio, aunque su cantidad varía en función del tipo de patata, la calidad de la tierra cultivada, el tipo de abono y el almacenamiento. En cuanto a las vitaminas, son principalmente del grupo B y vitamina C, pero sabiendo que la patata la tomamos siempre cocida o frita, el efecto del calor hace desaparecer casi toda la vitamina C. Por último, sus ingredientes contienen las enzimas amilasa y amilopectina, que hacen que la digestión de la patata no resulte complicada.

A pesar de que no presenta grandes problemas de conservación, no conviene mantenerlos inactivos, ya que de lo contrario se le obtendrán unos brotes que no nos gustan y que le darán un sabor desagradable. En este caso la patata adquiere un color verdoso que indica la presencia de un alcaloide tóxico llamado solanina. Esta sustancia puede causar problemas intestinales y neurológicos. Por lo tanto, eliminad cualquier zona verde que encontréis en la pata.

Hemos dicho en varias ocasiones que para que nuestra dieta sea equilibrada, el 55-60% de las calorías que ingerimos deben proceder de los carbohidratos. Para poder llegar a esta cifra es imprescindible introducir la patata en nuestras comidas diarias, especialmente como acompañamiento de alimentos ricos en verduras, legumbres y proteínas.

En principio no aportan demasiadas calorías, aunque la forma de cocinarlas tenga mucho que decir: cocidas, al vapor, fritas o al horno. Las patatas fritas que tanto nos gustan son las menos vitamínicas y las más energéticas porque han absorbido mucho aceite (Ojo! Si se fríen en aceite muy caliente, absorben menos), por lo que se recomienda comer de vez en cuando (2-3 veces por semana) y el resto de días cocidos, al vapor o al horno. Cocer sin pelar o cocinar al vapor reduce la pérdida de vitaminas.

Tal y como hemos mencionado en el título, no hagamos ningún desprecio a este alimento que es de gusto y conveniente para la salud de todos, con la excusa de engordar.

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