Primeros animales voladores: Txitxiburduntzi eta sorginorratza (I)

Altonaga, Kepa

EHUko biologia irakaslea

Los txitxiburduntzi eta sorginorratza son elementos de gran importancia en los ecosistemas de agua dulce. Y es que, al ser depredadores a lo largo de toda la vida, desempeñan un papel regulador en el gobierno de la población de invertebrados de estos biotopos y, al mismo tiempo, son el alimento de los animales de niveles superiores de las cadenas tróficas. Por tanto, las brochetas y las hechiceras son un buen indicador de la salud del ecosistema, siendo su presencia el índice de riqueza de la fauna de aguas dulces.
En las orillas todos hemos visto alguna vez algún hechizo. La foto corresponde a un macho de género Ischnura, realizado en las Bardenas de Navarra. Este género tiene tres especies en el País Vasco, Lelegans , I. pumilio e I. graeslls i. tres habitan en charcas.
A. Elosegi

Las brochetas y las hendiduras se suelen clasificar en el orden de Odonata. De hecho, los odonatos son insectos muy llamativos desde diversos puntos de vista, ya que, además de su singular forma de vida, están totalmente aislados de la parte zoológica dentro de la fauna actual, presentando infinidad de características primitivas. Es más, se puede decir que son “revueltos”: cuando aparecieron hace trescientos millones de años, es decir, cuando las plantas que hoy quemamos en forma de carbón les ofrecían un lugar donde reposar, los odonatos han perdurado durante periodos sucesivos, en los que su estructura básica ha sufrido variaciones relativamente pequeñas. El grupo de Odonatos cuenta en la actualidad con 5.000 especies. Si a la vez recordáramos que los mamíferos, por ejemplo, son unas 4.000 especies, sin duda se puede aceptar que los odonatos han superado el cruel test del tiempo.

En cualquier caso, a diferencia del resto de insectos, el grupo de odonatos es en su totalidad depredador, tanto en forma larvaria como adulta, alimentándose de todo tipo de invertebrados e incluso de pequeños vertebrados (alevines y migas). Además, el papel ecológico que desempeñan ha sido tan arraigado que no han encontrado la concurrencia de otros grupos de animales que amenazan con expulsar de su medio de vida. Como no podía ser de otra manera, esta larga historia que han corrido ha obligado en cada momento a la especialización del equipo de odonatos, por lo que los actuales broches y hechizos se pueden entender como una amalgama de rasgos especializados y arcaicos. Es decir, diremos que las principales claves del éxito de los odonatos han sido dos: por un lado, su diseño corporal básico ha funcionado adecuadamente a lo largo de los cambios del entorno y, por otro, su estilo de vida es muy diferente.

Calopterys virgo aorginorratza es muy común en los ríos limpios de Euskal Herria atlántica y no se aleja de las orillas. En la imagen tenemos el grano macho, como nos dice el color azul metalizado. Hembra verde. Lo vimos en Iurreta (Bizkaia).

Las larvas de los odonatos viven en aguas dulces. Sin embargo, este carácter dulcicola se considera secundario: se cree que las larvas de los antepasados eran terrestres o que, al menos, los casi terrestres eran habitantes de los musgos húmedos del Carbonífero Superior. En cualquier caso, pocas especies de odonatos actuales, sobre todo en las islas oceánicas del hemisferio sur, son larvas terrícolas, pero no podemos considerarlas primitivas, ya que han evolucionado de especies que contenían las dulcicas larvas, es decir, que no tienen las secas primariamente.

Por el contrario, los txitxiburduntzi y los hechiceros adultos han convivido en un único medio a lo largo de toda la evolución: son seres aéreos los que siempre actúan como cazadores. La principal condición para llevar a cabo una vida de estas características es la habilidad de vuelo, junto con la agudeza visual.

Tanto los adultos como las larvas son carnívoros. La de la foto se está comiendo una caza recién capturada. Se ha visto que una hechicera puede realizar 150 vuelos diarios en busca de comida, de los que el 43% puede ser un éxito, obteniendo 6 mg de comida, lo que supone un 11% del peso de la hechicera.

Las alas de estos animales son completamente venosas formando una especie de red. Ambos pares son membranosos y muy parecidos, sin estructuras resistentes de escardas y otros insectos, y sin escamas o pelos pequeños de las mariposas. Además, cuando el animal se posa para descansar, las alas no se pueden doblar en el dorso del cuerpo. De todos los insectos volados, los odonatos y los efemerópteros presentan este tipo de modelo primitivo de sur, por lo que los entomólogos consideran los insectos pterigotos (= "con alas") paleopteros (= "con alas envejecidas") con terminología técnica. Con este tipo de alas, las brochetas y las hechiceras no pueden transitar por las rendijas, por lo que tienen cerrado el acceso a ese mundo. En este mundo han triunfado los insectos neópteros, es decir, los que pueden circular plegando sus alas. Al parecer, los insectos alados (= pterigotos) procedían de insectos volados (= apterigotos) y de un antepasado paleóptero en el siguiente paso evolutivo estarían los insectos neópteros.

Como se ha dicho, las cuatro alas de los odonatos son prácticamente iguales, sobre todo en el caso de las hechiceras, en las que los pares delantero y trasero son inseparables, tanto en su forma como en la pared venosa. También se ha considerado como una característica primitiva, ya que la inmensa mayoría de los insectos presentan una diferencia sur. Del mismo modo, los músculos que mueven las alas están directamente integrados en las bases de las alas de los odonatos, de manera que ambos pares de alas pueden funcionar de forma independiente.

Esta brocheta macho de Libellula depressa, vista en Sobrón de Álava, refleja suficientemente la morfología característica de los odonatos anisópteros: animales de gran cuerpo y alas en horizontal. El abdomen de la hembra, sin azul claro, suele ser de color marrón.
I. Elorriaga

No es el caso de los insectos modernos, en los que no existe una relación directa entre los músculos y las alas, y se pueden conseguir tasas de sacudidas sur sincronizadas muy altas por contracción del tórax elástico. Sin embargo, como la tasa de sacudida no está relacionada de forma simple con la velocidad de vuelo, aunque los odonatos no pueden alcanzar tasas tan elevadas, las grandes txitxiburduntzas realizan entre 20 y 40 vuelos por segundo, es decir, pueden alcanzar velocidades de vuelo de 25 a 30 km/h. De hecho, las brochetas, a pesar de la estructura sur básica y de la paralización de la musculatura de vuelo, compiten en velocidad con los insectos alados más rápidos, imponiéndose incluso en cuestiones de maniobra. Quizá la excepción serían los dipteros.

La vista de los odonatos es muy importante. Sus grandes ojos compuestos ofrecen una visión panorámica en la que se puede apreciar cualquier movimiento desde una distancia de unos metros. El ojo compuesto está formado por ommatidios. De hecho, cada ommatidio está formado por un sistema de lentes y ocho fotorreceptores. Sin embargo, una gran txitxiburduntzi tiene 30.000 ommatidio en cada ojo. A su vez, el 80% del cerebro está dedicado al estudio de la información visual. Según se desprende de los experimentos realizados con modelos, se cree que los odonatos han desarrollado un gran rigor en la diferenciación de formas y colores. Asimismo, tienen una especial sensibilidad a la luz polarizada, que, al igual que las abejas y las hormigas, pueden utilizar para la orientación.

Larva acuática de la hechicera del género Calopteryx. Son patentes tanto las antenas como las branquias situadas en el extremo abdominal. La respiración se realiza principalmente a través de branquias, pero también en otras zonas del cuerpo.
A. Elosegi

Por tanto, los odonatos viven un mundo visual. El desarrollo del resto de los órganos sensoriales ha sido muy escaso y las propias antenas, los principales órganos olfativos, son casi inapreciables.

Aunque el vuelo de una especie de txitxiburduntzi es inferior a dos centímetros, la mayoría de los odonatos modernos son de tamaño medio o grande. Sin embargo, las alas de la mayor de ellas, como mucho, no alcanzan la cuarta parte de las alas de algunos odonatos que vivían durante el Carbonífero Superior o el Permico. La meganeura monyi es el fósil más grande de la hora conocida. En el yacimiento de Commentry, perteneciente al departamento de Basses Alpes del sudeste francés, se ha encontrado la vida de hace 300 millones de años. Su vuelo se ha estimado en 670 mm, es decir, aproximadamente de un halcón.

La Torrecilla de La Rioja en Cameros, bruja hembra del género Platycnemis, que apenas puede ver las alas, deja a la vista por qué el pueblo les llamaba "aguja".
I. Elorriaga

Pero Meganeura no es el único odonato gigante de la hora. Hay otros odonatos fósiles de tamaño similar. Todos ellos son los primeros animales que alcanzaron la capacidad de volar, 100 millones de años antes que los reptiles pterodactilos o 150 millones de años antes que las aves conquistaron el aire.

Quizás, en lugar de realizar un verdadero vuelo activo, lo planearían durante la mayor parte del tiempo. En cualquier caso, las proporciones corporales y la forma sur de estos fósiles son generalmente de un gran odonato contemporáneo, y sus poderosas mandíbulas sugieren una vida cazadora. Sin embargo, hay alguna diferencia entre estos fósiles de Carbonífero y las actuales txitxiburduntzis y brujas, por lo que algunos se han clasificado en el orden de Protodonata y otros en el orden de Odonata. Seguramente los odonatos provienen de los protodonados en la Baja Permia, que todavía eran numerosos.

Esta hechicera Lestes viridis, vista en Iurreta (Bizkaia), nos ofrece un buen momento para tomar conciencia de la morfología externa de los odonatos. Como cualquier insecto, tiene cabeza, tórax y abdomen. Destacan los ojos grandes de la cabeza y las antenas cortas, las patas torácicas y las extremadamente delicadas alas, y el abdomen largo con forma de aguja.
I. Elorriaga

Para comprender los tamaños de estos fósiles gigantes debemos entender la relación presa/presa. Los protodonados capturaban los grandes insectos que habitaban en los troncos del arbusto licopodio de los pantanos de entonces. Esta competencia se focalizó en la idea de que sólo los más grandes ganaban. Así, cuando las capturas crecieron, los depredadores respondieron a un crecimiento de la misma magnitud, alcanzando las medidas antes mencionadas.

Los odonatos actuales se han clasificado en tres subórdenes: Zygoptera (= huella), Anisoptera (= brochetas) y Anisozygoptera en subórdenes. Las dos especies vivas de este último grupo están limitadas a las reducidas zonas relicticas de Japón y el Himalaya, siendo las del primer y segundo grupo las que vemos en nuestras orillas. Al margen de las peculiaridades zoológicas más profundas, para identificar estos dos grupos se tiene en cuenta la característica de que, cuando se colocan en las plantas, los anisópteros colocan las alas hacia los lados del cuerpo en la pared horizontal, mientras que los zigópteros tienden hacia atrás oblicuamente. Además, los anisópteros son de cuerpo grande y vuelo rápido, siendo los zigópteros más deliciosos y delincuentes.

Esta hechicera de género Lestes muestra claramente la adaptación a la vida aérea: los dos pares de alas y el zoo visual. De hecho, este ejemplar macho detectado en la Laguna de El Pulgar (Sudeste de Navarra) posee unos ojos azules muy destacados. (Foto: J.R. Aihartza).

Los odonatos son totalmente lesionados para el público. Quiero destacar este punto, ya que en torno a estos animales hay varias supersticiones, tal y como nos indica el propio nombre de brujas. El otro día mi amigo Xarles Bidegain me dio otro dato cuando le pregunté por el nombre de Iparralde de estos animalitos. Xarles me llamó “ojo”. Con respecto a mí, y haciendo una etimología sencilla y falsa, quise ver la referencia de los grandes ojos de los odonatos bajo ese nombre. Sin embargo, como explicó Xarles, se llaman ojos porque la gente cree que van en ataque a los ojos. Realmente no hay. Pero esta convicción, como he comprobado, está extendida también en el Sur.

Es más, en opinión del euskaltzale Gerhard Bähr (RIEV, 1936), el pueblo tiene mucho miedo a la txitxiburduntzia porque tiene la apariencia de un pequeño dragón volando. Este miedo se ha extendido en varias regiones europeas. Por lo tanto, tenemos que volver a recordar que estos animales no suponen ningún daño para la gente, sino un beneficio, ya que se alimentan de mosquitos.

Estes viridis hechicera macho. Esta especie es muy común en todo el País Vasco, desde los últimos días de junio hasta los primeros de noviembre. La imagen pone de manifiesto la importancia de la vista en la vida de los odonatos.
A. Elosegi

Digamos, por último, que estos bellos animales, aunque carecen de valor económico o médico, son insustituibles en nuestro planeta. Lamentablemente, después de una larga historia de éxito, hay muchas señales de que el grupo de los odonatos está en peligro, sobre todo en las partes más desarrolladas del mundo. Por ejemplo, tres especies de odonatos han sido destruidas en el Gran Bretaña durante este siglo, dos desde 1950, y las áreas ocupadas por varias especies se han reducido drásticamente, bien por contaminación industrial, por el uso excesivo de pesticidas, o por labores de drenaje, etc.

Fósil del Jurásico superior, Urogomphus giganteus, de hace aproximadamente 150 millones de años. Este fósil se ha encontrado en el sur de Alemania, en Baviera, y muestra de lleno la morfología de un odonato contemporáneo.
M. Alcosser

Esta trágica historia se ha repetido también en Holanda (nueve especies no han sido detectadas desde 1950), en Suiza (45 de las 73 especies de odonatos han sido consideradas amenazadas o totalmente desaparecidas recientemente) o en la Alemania occidental (72 a todas y sólo 22 a todas). Y, por supuesto, en nosotros no parece que funcione mejor, aunque no haya datos concretos.

Tal vez, conociendo y apreciando lo que estamos destrozando a ciegas, se detenga la eliminación de lo que destruimos y perdemos.

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