Nuevos dominios del espacio

Las empresas privadas acaban de lanzar una nueva competencia en el espacio. Algunos de ellos están trabajando intensamente con la NASA y parece que tienen un futuro prometedor. Otros, por su parte, intentan sentar las bases de este nuevo negocio por su cuenta.
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Ed. Blue Origin

Si alguna vez puedes conducir en la SH 54 de Texas, es posible que veamos una bola de fuego en el cielo. Tranquilo, no será una alucinación ni un meteorito. A 8 kilómetros de esta carretera, el fundador de la prestigiosa tienda Amazon, Jeff Bezos, ha puesto en marcha un nuevo negocio que probablemente tendrá su origen en esta luz del cielo. Y es que hay una zona de tiro espacial, el West Texas Launch Site de Blue Origin.

Lanzamiento prueba Blue Origin. Para la tripulación lanzó una cápsula a escala real a la altitud suborbital (arriba) y la recuperó con éxito (abajo). Ed. Blue Origin

El 24 de agosto de 2011 un cohete lanzado desde allí explota en el cielo. El accidente no se hizo público hasta que el periodista Andy Pasztor publicó su investigación en el diario The Wall Street Journal. Durante unos días, la explosión estuvo oculta a la mirada atenta de la opinión pública. Hasta la aparición de la noticia en los medios de comunicación, la empresa no explicó por nota las circunstancias del accidente.

En el logotipo de Blue Origin aparecen dos tortugas y un lema con vistas a las estrellas: “Gradatim Ferociter”; Poco a poco con valentía. Esa es la esencia de la filosofía de trabajo que subyace a esta iniciativa. Actúan poco a poco, sin producir mucho ruido. Claro está que tienen que informar de los lanzamientos a los organismos encargados del control de la aviación, pero desarrollan su actividad lejos de la prensa. “Desgraciadamente, Blue Original no ofrece entrevistas a los medios de comunicación en este momento”, ha respondido un portavoz de la empresa a la solicitud de la revista Elhuyar.

Técnicamente quieren desarrollar cohetes tanto de tiro como de aterrizaje vertical. Quieren hacerlo aumentando la fiabilidad y reduciendo significativamente los costes. En este camino se está desarrollando un cohete llamado New Shepard, capaz de llevar a tres personas a un vuelo suborbital.

Aguja de dragones

Ed. SpaceX

SpaceX es una empresa con una política muy contraria a los medios de comunicación. Detrás de él se encuentra otra soñadora que empezó en el negocio de Internet: Fundador del sistema retributivo PayPal Elon M.

Al igual que los actos de presentación utilizados para el lanzamiento de teléfonos móviles y sistemas operativos de última generación, en mayo de 2014 Muskiz desencubrió su nave espacial más reciente: Dragon V2, (Dragon, segunda versión). Era sólo un prototipo, pero la primera versión del Dragon demostró mucho su valor. Este dragón fue el primer buque privado que se amarró a la Estación Espacial Internacional ISS y consiguió llevar la carga a la misma. En esta ocasión, el primer dragón colgado sobre las cabezas de los participantes en el acto de presentación.

Al amparo de los aplausos de los asistentes, un vídeo mostró el funcionamiento de la nueva cápsula. Se trata de un barco capaz de llevar siete astronautas, pero su principal novedad radica en el método de toma de tierra: el barco aterrizará mediante cuatro retrocamas, sin utilizar paracaídas tradicionales hasta el momento. “Así debe aterrizar el XXI. Un barco del siglo XX”, señalaba Muskiz de nuevo entre aplausos.

Interior del Dragon V2. Será capaz de llevar siete astronautas. Su principal novedad es el método de aterrizaje, que utiliza retrocamas para aterrizar, no un paracaídas. Ed. SpaceX

Reducción de costes

La cápsula Dragon no es, sin embargo, el único recipiente capaz de transportar la carga a la ISS. En septiembre de 2013, la cápsula Cygnus construida por Orbital Sciences Corporation suministró por primera vez la estación espacial, con un total de 700 kilos de suministro.

Tanto SpaceX como Orbital Sciences han firmado un acuerdo con la NASA para el suministro de ISS. El primero hará doce viajes y el segundo ocho. Hasta el momento, por tanto, la colaboración entre NASA y empresas privadas se ha basado en viajes de abastecimiento, pero el siguiente paso será el transporte de astronautas dentro del proyecto Commercial Crew Program.

Cápsula de los astronautas de la nave espacial Orion. Esta será la nueva nave de la NASA para llevar los astronautas al espacio, aunque el diseño y la fabricación corren a cargo de la empresa Lockheed Martin. NASA/Dimitri Gerondidakis

Esta nueva competición tiene más participantes. Boeing, por ejemplo, tiene entre sus manos una cápsula llamada CST-100, capaz de transportar a siete personas. Por su parte, la Corporación Sierra Nevada está desarrollando una nave denominada Dream Chaser, que se asemeja mucho a los transbordadores espaciales existentes. Y la propia NASA está desarrollando una cápsula llamada Orion, aunque su diseño y fabricación están en manos de la empresa Lockheed Martin.

Sin embargo, es difícil entender por qué la NASA mantiene su proyecto en marcha. “Esta situación esquizofrénica parte de las tensiones entre la casa blanca y el Congreso de los Estados Unidos”, afirma el astrofísico experto en astronáutica Daniel Marin. En 2010 la administración de Obama abandonó el programa Constellation. El objetivo de esta iniciativa era volver a la Luna y para ello preveía la construcción del cohete Ares V y del buque Orión. “Obama apostó por la iniciativa privada para transportar carga y astronautas a la estación espacial ISS”, explica Marín. Sin embargo, el congreso se mostró en contra y ordenó construir una versión más pequeña del cohete Ares V llamado Orion y SLS.

Turismo y minería espacial

Todos estos movimientos se basan en la decisión de la administración estadounidense de abandonar los transbordadores espaciales. Además, los accidentes de los transbordadores Challenger (1986) y Columbia (2003) provocaron dudas sobre la seguridad.

En lugar de confiar en la NASA todo el desarrollo tecnológico de las misiones, las autoridades estadounidenses abrieron sus puertas a empresas privadas en la confianza de que la competencia entre ellas abarcara la exploración del espacio. SpaceX, por ejemplo, tiene realizadas las primeras pruebas de recuperación y reutilización de cohetes usados, y está diseñada para la reutilización repetida de la cápsula Dragon V2.

El traslado de carga y astronautas a la estación espacial ISS no es la única opción de quienes quieran participar en el nuevo negocio del espacio. La explotación del turismo y los recursos naturales son dos de los ámbitos de negocio que se perciben en el futuro.

Los seres humanos hemos imaginado nuestro futuro en el espacio desde hace tiempo y estas representaciones están llenas de hoteles futuristas construidos tanto en órbita como en otros planetas. Sin embargo, el camino recorrido hasta ahora ha sido mucho menor. Si bien en la estación espacial ISS han sido los primeros “turistas espaciales”, hasta ahora han sido viajes puntuales y limitados. Los siguientes pasos se orientarán hacia la realización de vuelos suborbitarios, pero parece que estos viajes no se limitan al turismo. Las naves espaciales se utilizan para viajar rápido de un lugar a otro, para acortar los largos vuelos que realizan los aviones actuales de un continente a otro.

En cuanto a la explotación de recursos, Planetary Resources quiere poner en marcha la minería de asteroides. Se trata de conseguir unos metales escasos en la tierra y abundantes en los asteroides, principalmente rutenio, rodio, paladio, osmio, iridio y platino. La primera iniciativa de la empresa es la puesta en marcha de un telescopio espacial de bajo coste que permita analizar y seleccionar los asteroides más viables.

Hacia un nuevo derecho

¿De quién son los asteroides? ¿El primero en llegar a uno de ellos tiene derecho, simplemente, a explotar sus recursos?

Modesto Seara, pionero en la investigación sobre Derecho Espacial, no cree que esto nos preocupe demasiado. Para él, la minería que se puede hacer en los cuerpos del espacio, o las bases permanentes que se puedan establecer, “por el momento y durante mucho tiempo estarán más cerca de las películas de Hollywood que de la economía y la política internacionales”.

En opinión de Seara, otros aspectos a regular son los satélites de comunicaciones, la teleobservación de la Tierra, la basura espacial y, sobre todo, los sistemas de posicionamiento como el GPS son los temas que más preocupan a Seara.

El espacio se entiende como terra nullius, pero este concepto puede interpretarse de dos formas. Por un lado, disponer de un territorio compartido, gestionado de acuerdo a una normativa internacional consensuada. Pero también es una segunda interpretación: que sean los primeros en llegar los que tengan derecho a aprovecharlo. Listo.

“En el suelo se ha permitido la ocupación para la adquisición de un territorio, siempre que el territorio no pertenezca a nadie o que la ocupación sea real y permanente”, explica Seara. Sin embargo, tiene claro que para conseguir un territorio en el espacio no se pueden aplicar las mismas reglas que hasta ahora se han utilizado en la Tierra.

¿Conviene entonces abrir el espacio a la iniciativa privada? Según Daniel Marin, sus partidarios argumentan que así la incidencia de la política es mucho menor y que la iniciativa privada es más flexible y económica que la acción de los gobiernos. Sin embargo, las empresas privadas “no invierten en sectores que no tienen rendimiento inmediato, como la exploración del sistema solar”. A largo plazo, según Marín, los programas impulsados por los gobiernos suelen ser más estables.

Es difícil prever si se acordarán normas comunes en el espacio, y es posible que para poner en marcha este debate haya habido grandes avances en los caminos emprendidos por compañías como SpaceX o Blue Origin. Junto a ellos, nuevas potencias iniciarán el baile iniciado por Estados Unidos, Rusia y Europa, como China, India o Irán. Todos se alimentarán en el caos a la plaza del universo. Pero está por ver cómo se desenvuelven juntos. Les deseamos una fiesta alegre, pero sobre todo un agradable y pacífico viaje a las estrellas.

Sombra de dos accidentes consecutivos
El pasado mes de octubre fue un mal, muy malo, para el sector de las empresas privadas de viajes espaciales. Se produjeron dos accidentes en el periodo de tres días.
El 28 de octubre un cohete Antares de la empresa Orbital Science estalló pocos segundos después del despegue. Se llevaba la carga a la ISS y se destruyó en el accidente con materiales científicos. Era, afortunadamente, un vuelo no tripulado.
Los restos del SpaceShipTwo, de la compañía Virgin Galactic, arriba, y un vuelo de prueba, en 2010, abajo. Ed. Agencia de Seguridad del Transporte de Estados Unidos; Mark Greenberg/Virgin Galactic
Orbital Science dio servicio por primera vez a la NASA en 2013 y tiene firmado un acuerdo con la NASA para realizar ocho viajes de abastecimiento a la ISS. El pasado mes de octubre fue el tercer viaje.
Tres días después, el 31 de octubre, se produjo un accidente aún más grave: El SpaceShipTwo, de la compañía Virgin Galactic, se disolvió en el aire durante un vuelo de prueba con un nuevo motor y mezcla de combustible. Uno de los pilotos murió en el accidente y el otro resultó gravemente herido. Virgin Galactic es una empresa cuyo objetivo es llevar al espacio a los turistas a través de vuelos suborbitales que alcancen una altitud de 100 km. Aún no ha realizado un viaje comercial, pero 700 personas habían realizado su reserva de vuelo por 250.000 dólares. Virgin Galactic ofreció la posibilidad de cancelar la reserva inmediatamente después del accidente, cosa que muchos hicieron.
A pesar de que las zonas de trabajo y los accidentes de ambas empresas no tienen nada que ver entre sí, la coincidencia de ambos accidentes ha perjudicado al sector de empresas privadas en el espacio. Al igual que sucede en estos casos, la preocupación por la seguridad se ha puesto encima de la mesa.

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