covid-19 a largo plazo

Galarraga Aiestaran, Ana

Elhuyar Zientzia

Europa ha sido atrapada por la segunda ola de la epidemia y para combatirla se han adoptado medidas similares a las que se habían tomado en la primera ola, sobre todo la limitación de la movilidad y la domesticación. Aunque con ello se consigue reducir la transmisión del virus, ¿cuál es la visión de futuro? ¿La vacuna será la solución? ¿Cómo será la “normalidad”? El microbiólogo Miren Basaras Ibarzabal, el epidemiólogo Adrian Hugo Aginagalde Llorente y el experto en bioética y derecho Iñigo de Miguel Beriain, han puesto a la vista las revistas Elhuyar.
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Ed. Vperemen / CCBYSA4.0

En la segunda ola, en la que la peste se está extendiendo con fuerza por toda Europa, se ha ampliado la idea de que la inmunidad grupal se consiga por sí misma como una solución adecuada. En definitiva, dado que gran parte de la población pasa la enfermedad sin síntomas o con muy ligeras, es beneficioso que queden inmunizados. De este modo, el virus no podría transmitirse de un lado a otro y los grupos más vulnerables de la sociedad quedarían protegidos. Como ocurre con las vacunas.

¿Esa puede ser la solución? Basaras lo tiene claro: “Como publicaron en la revista The Lancet, esta idea es un fraude. Esto supondría que los muertos fueran aún más. Y además, no sabemos en qué grupo van a estar estos muertos, está claro que la mayoría van a formar parte del grupo de vulnerables, pero en otros subirán también entre los jóvenes. Además, aumentaría la morbilidad y habría mucha más casuística. Como muchos tendrían que ir al hospital, habría problemas en los recursos. Por último, habría más personas con efectos secundarios a largo plazo, sería un problema grave”.

Miren Basaras Ibarzabal microbióloga. Ed. UPV/EHU

Por otro lado, Basaras ha advertido que desconocemos el alcance y la duración de la inmunidad que generamos contra el virus. Una investigación publicada en la revista Science desvela que la mayoría de las personas que desarrollan el covid-19 de forma ágil o media generan una respuesta sólida a los anticuerpos IgG antivirus y que, además, los anticuerpos duran al menos cinco meses. A esta conclusión han llegado analizando los datos de 30.082 personas. Pero los científicos no saben mucho más que eso.

Por lo tanto, desde el punto de vista de la salud pública, una estrategia basada en la inmunidad grupal es un fraude que nunca ha permitido controlar una plaga.

Aginagalde lleva nueve años estudiando la historia de las plagas y le parece fascinante que ahora esté viviendo algo así en directo. Dice que los modelos de plagas pasadas y actuales son iguales a las medidas que se adoptan. “Apenas veo diferencias, salvo una: somos conscientes. A los historiadores no nos gusta mucho aprender lo que dice esa cita desde el pasado para no cometer los mismos errores. Y lo que nos está pasando ahora es que, frente a la gripe de 1918, sabemos lo que nos viene, pero no creemos que seamos capaces de hacer casi nada, y eso es bastante decepcionante. Por ejemplo, sabemos que la sociedad se enfurecerá, que las medidas de las autoridades no lo solucionarán, que en esa tensión probablemente en algún momento caemos en el autoritarismo de una manera u otra…Saber cuál es el problema no significa que tengamos solución”.

Adrián Hugo, epidemiólogo Aginagalde Llorente. Ed. Colegio de Médicos de Cantabria

En palabras de Aginagalde, no hemos podido aprovechar las lecciones dejadas por el pasado por el problema más grave de la salud pública: las intervenciones de la sanidad pública no salen de la sanidad y no entran en las estructuras político-económicas porque no tienen competencias para ello. “Los factores que condicionan este tipo de pandemias no están en nuestras manos. Los tenemos identificados pero la intervención no nos corresponde”.

Dice que en la sociedad ocurre lo mismo: “La forma de trabajar de los decisores políticos y nuestras estructuras democráticas permiten la existencia de este tipo de comportamientos, no existiendo mecanismos de control ni marcos de debate entre ambas áreas. Esto supone una reestructuración estructural que todos sabemos que siempre queda para el final”.

La vacuna no es un hito realista

Muchos mandatarios tienen la meta y la esperanza al conseguir la vacuna o, al menos, transmiten ese mensaje a la ciudadanía. Sin embargo, Aginagalde recuerda que las vacunas del aparato respiratorio nunca han acabado con la enfermedad. Por el momento, las vacunas sólo han eliminado una enfermedad, el viruela, y otra está en camino, la poliomielitis. Y para ello, además de buenas vacunas, ha habido campañas a nivel mundial durante muchos años. Es más, en el caso de la poliomielitis, un movimiento geopolítico impulsó la integración.

Poner la vacuna como hito no es por tanto realista. “Vacunarse contra una enfermedad no significa que desaparezca la enfermedad ni que ésta no tenga ningún impacto”, explica Aginagalde. Por ejemplo, respecto a la gripe, no se ha conseguido ninguna vacuna que impida la transmisión.

Virus SARS-CoV-2. Ed. NIAID / CC-BY2.0

De momento, tanto Basaras como Aginagalde han considerado que si alguna vacuna que se está desarrollando con el COVID-19 consigue superar las sesiones clínicas tendrá un efecto limitado. Serviría para reducir los síntomas y, aunque poco frente a las previsiones triunfalistas que algunos hacen, sería muy positivo, según Basaras. “De hecho, lo mejor sería que fuera capaz de interrumpir la transmisión, pero el desarrollo de este tipo de vacunas requiere más tiempo”.

Además, inicialmente tendría un impacto muy reducido a corto plazo. Aunque salga a principios de primavera, la producción y la distribución también son limitadas y probablemente una sola dosis no será suficiente. Basaras ha explicado: “Habrá que priorizar, el personal sanitario y las personas vulnerables deberían ser las primeras en recibir la vacuna, pero el impacto no será gratuito en todo el mundo. Por lo tanto, será útil, pero no tendrá efectos inmediatos sobre la evolución de la pandemia. Seguiremos con altos porcentajes de positivos y nosotros tendremos que seguir tomando medidas de protección durante años. No hay más”.

Vivir con

Aginagalde ha retomado otra línea: “No nos hemos dado cuenta de que las infecciones agudas del aparato respiratorio iniciaron un ciclo en el XIX. En el siglo XX y con eso tenemos que vivir. Seguramente nos engañamos al menospreciar la importancia de SARS, MERS y la gripe 2009”.

Tira del hilo: “Estamos tratando de trabajar con herramientas para combatir las zoonosis y es cierto que esto es una zoonosis. Pero, por un lado, son herramientas de otro siglo y la Salud Pública no tiene los aparatos que necesita, y por otro lado, damos por bueno una evolución similar a la de las pandemias del pasado y no así. Deberíamos mirar la gripe de 1848, la de 1889, la de 1918, o la de SARS y MERS. No es como la peste negra, o como la fiebre amarilla, en la que la vacunación fue una herramienta eficaz y al mismo tiempo influenciada por las medidas que se tomaban en el medio ambiente”.

Tira un poco más y explica uno de los nudos: “Se consiguió eliminar estos males de la sociedad, que se quedarán con nosotros. Si estos coronavirus siguieran el modelo de la gripe, pasarían a ser estacionales y tendrían su nicho ecológico, probablemente desde septiembre a octubre hasta febrero y marzo. Creo que tenemos que aceptarlo. Y la vacuna no cambiará”.

Además de los aspectos señalados por Basaras en relación a la vacuna, considera que también será objeto de protección en centros cerrados como centros de mayores, centros penitenciarios y comunidades religiosas. “Pero no hay solución total. Tenemos que aprender a caminar sin caer sobre el tigre, porque el tigre no desaparece”.

Iñigo de Miguel Beriain, experto en bioética y derecho. Ed. UPV/EHU

Y hay otra cuestión: el comportamiento de la gente. De Miguel se ha referido a ello y ha advertido de que, a pesar de obtener una vacuna eficaz, la gente podría negarse a ponerla. Sin embargo, tiene más esperanza que en las vacunas en los tests de detección del coronavirus. “Están mejorando mucho y creo que deberíamos aprovechar mucho más. Por ejemplo, los tests de pooling me parecen una buena opción, es decir, analizar conjuntamente las muestras de un grupo de personas mediante PCR, y si el resultado es negativo, ya sabes que todos los miembros son negativos. Esto les dio un buen resultado en China en los cribados masivos”.

Sin embargo, reconoce que el simple cribado masivo no es muy efectivo. Pero además de detectar los positivos, Miguel insiste en que hay otro nudo: que los positivos detectados se comporten de la manera adecuada. “Tengo la sensación de que en esta crisis hemos puesto toda la atención en los científicos que nos mandan qué hacer y no hemos tenido en cuenta a otros expertos que saben cómo conseguir que la gente haga lo que se tiene que hacer”.

De Miguel considera imprescindible la implicación de psicólogos y sociólogos en el diseño de estrategias para afrontar la crisis. “Es muy difícil saber cómo va a actuar la gente en crisis extremas. Por ejemplo, los bomberos de Chernobyl siguieron trabajando, aunque tenían claro que era inútil. Una vez más, es imprescindible conocer la tendencia de la gente hacia estrategias efectivas. Y hasta ahora no hemos hecho nada en este sentido”.

Por ejemplo, le parece importante la fatiga: “La gente está cansada. Lo hace la primera vez que hay que aislarlo, para el segundo tiene menos ganas y para el tercero está harto. La propia Organización Mundial de la Salud considera conveniente intentar compatibilizar el aislamiento con la vida normal. ¿Qué significa eso? Pues por ejemplo, aislar no es quedarse en casa, sino no tener contacto con los demás, pero tener la oportunidad de salir, por ejemplo, a espacios abiertos y solitarios”.

Toma de muestra para diagnóstico por PCR. Ed. Diario de Madrid / CCBYSA4.0

Y es que si todo está prohibido, la gente corre el riesgo de negarse a cumplir la medida. También ha recordado a quienes trabajan en la economía sumergida: “Ellos no pueden quedarse en casa sin trabajar. ¿Qué solución tienen, qué otra alternativa? En estos casos hay quien pide multas, pero eso sería volver a victimizar a la víctima”.

Por otro lado, ha hecho una pincelada importante: “el covid-19 afecta sobre todo a las personas mayores. La actitud de la sociedad sería muy diferente si los muertos fueran niños”.

Cómo avanzar

Aginagalde ha recordado que las estrategias que se han demostrado históricamente efectivas han sido: En la gripe de 1918 confinamiento y en el SARS y MERS yacimientos. Los dos están siendo utilizados, pero con el SARS-CoV-2 tienen grandes problemas para seguir la huella, ya que los tests siguen dando muchos negativos falsos en los inicios de la infección y los asintomáticos escapan.

Los cribados masivos dan buenos resultados en otras enfermedades como la tuberculosis. Desde que la prueba diagnóstica es positiva hay tiempo para aislar e intervenir al paciente. Los cribados también dan buen resultado con chagas y sida ya que son crónicos. “Pero también en el caso de estas enfermedades epidemiológicamente más propicias no hemos conseguido erradicarlas”, ha advertido. “Hemos llegado a controlar, pero no más. Por lo tanto, en covid-19 es impensable acabar con la enfermedad a través de los tests”.

Además, destaca la existencia de tratamientos en tuberculosis, Chagas y el sida. “Aquí no. Si detectamos asintomáticos no disponemos de medicamentos para evitar la transmisión, sólo disponemos de aislamiento para ofrecer. Eso nos deja atadas las manos”.

Así, por sus barreras, los tests diagnósticos no están incluidos en la estrategia de afrontamiento del covid-19, sino en centros cerrados. A nivel poblacional, la estrategia se basa en tres patas:medidas de prevención (principalmente distancia física, máscaras, higiene y ventilación), detección y seguimiento de yacimientos y confinamientos.

Pero Basaras ha señalado que de momento hemos ido por detrás del virus. “No podemos esperar al virus, tenemos que ir a buscarlo. Y en este sentido, necesitamos más personal sanitario, especialmente en la atención primaria y entre los yacimientos. Son los que ven por primera vez a los pacientes y los que tienen que buscar el virus. Es fundamental reforzar estos aspectos”.

El covid-19 ha modificado los hábitos de vida de los ciudadanos. Ed. Pacopac / CCBYSA4.0

De hecho, Aginagalde ha explicado que, con la llegada del SARS-CoV 2, en Hego Euskal Herria el sistema llevaba años debilitándose. “Desde 2009-2010 la inversión en Salud Pública ha ido en continuo descenso. La epidemiología ha perdido a las generaciones anteriores y no se han incorporado nuevas. Ha sido fortalecida en Francia e Italia, y está funcionando mejor y en Alemania tienen más trabajadores. Y sin embargo, no han impedido la segunda ola. Los epiemiólogos no frenamos las olas, nunca lo hemos conseguido a lo largo de la historia. Como mucho, hemos conseguido que la onda no sea tan grande. Y ahora, y eso sí que es el XXI. subordinada, estamos consiguiendo reducir la velocidad para que el sistema sanitario no se desborde”.

Aginagalde tiene claro que este virus no podrá ser eliminado y que serán necesarios cambios estructurales en la administración, la investigación, el sistema sanitario y la estructura social, así como en el comportamiento: “Tenemos que interiorizar que durante muchos años vamos a tener otras relaciones entre nosotros, especialmente con las personas mayores”.

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