Riesgo nuclear en un futuro lejano

Galarraga Aiestaran, Ana

Elhuyar Zientzia

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Ed. Oriole Gin/Shutterstock.com

La central nuclear más cercana al País Vasco, Santa María de Garoña (Burgos), fue inaugurada en 1971 y funcionó hasta finales de 2012, aunque inicialmente debían cerrar en 2011, cuando cumplió 40 años. Para entonces era la central más antigua en funcionamiento en España.

Desde el cese de la actividad se ha ido retrasando el plan de demolición. Por el momento, se ha anunciado su comienzo en el año 2022, y se ha estimado que para finalizar estos trabajos será necesaria una década. Los residuos de bajo y medio nivel de radiactividad serán trasladados al almacén de El Cabril (Córdoba) y el combustible utilizado se almacenará en el almacén de la central hasta la construcción del almacén central en España. En Villar de Cañas (Cuenca) se trata de un almacén que sigue retrasando reiteradamente las decisiones, permisos y tareas.

Parte de los residuos radiactivos más peligrosos de España se almacenan en Francia. De hecho, tras incendiarse la central de Vandellós I y sufrir una inundación, fue clausurada y conducida al depósito de Fantzia para su depósito. Aunque les salga caro, de momento no tienen otra solución.

Pero en Francia tampoco se han encontrado soluciones seguras a largo plazo. Con 59 reactores, es el país que más residuos nucleares genera por habitante en el mundo (aproximadamente 2 kg de combustible radiactivo por persona al año). Y las primeras centrales nucleares que construyeron están llegando al final de su vida sin una respuesta adecuada para los residuos nucleares y el combustible. De hecho, sus almacenes actuales están diseñados para unas pocas décadas, pero los residuos radiactivos seguirán siendo peligrosos durante más de 100.000 años.

Primer almacén nuclear subterráneo. Ubicada en Estados Unidos, Nuevo México, tiene como objetivo almacenar los residuos generados en la investigación y el armamento. ED: Marines de EEUU.

En muchos otros lugares del mundo también funcionan de forma similar. En las décadas de 1970 a 1980 se propuso el lanzamiento de residuos nucleares o el hundimiento en profundidad del mar, pero se descartaron una u otra opción por considerarlas demasiado peligrosas. Sin embargo, en 1990 se apostó por el soterramiento a gran profundidad y en estructuras geológicas estables, camino por el que, de momento, se ha avanzado en los países en desarrollo.

Con la intención de enterrar el riesgo

El primer almacén nuclear subterráneo se encuentra en Estados Unidos, Nuevo México. Se trata de una planta piloto de aislamiento de residuos (WIPP) que tiene como objetivo almacenar los residuos generados en la investigación y la industria del armamento. Situada en unas minas de sal estables durante 200 millones de años a 650 m de profundidad, comenzó a recibir residuos en 1999. Los grupos ecologistas han tenido desde el principio dudas sobre la seguridad y un accidente ocurrido en 2014 reforzó aún más las críticas. Sin embargo, continúan en Estados Unidos con la idea de construir un depósito subterráneo estable para el combustible de las centrales nucleares.

Fuera de EEUU, Finlandia es el país en el que se encuentra el proyecto de un almacén de estas características más avanzado. Se llama Onkalo. Se trata de una instalación excavada de roca granítica a una profundidad de 420 m, cerca de la central de Olkiluoto, en la costa oeste de Finlandia, y cuyos responsables han anunciado que la recogida de residuos radiactivos comenzará en 2023.

Onkalo se hizo bastante popular gracias al film documental Into Eternity (2010). La película recoge entrevistas de expertos y aborda cuestiones de responsabilidad y seguridad en los residuos. Pero también se centra en otro aspecto: ¿cómo advertir a las generaciones futuras de que en el subsuelo hay un material tóxico oculto y que es y sigue siendo peligroso durante miles de años?

Almacenamiento subterráneo en construcción en Finlandia, Onkalo. La recogida de residuos radiactivos comenzará en 2023. ED. : Callerín.

Advertencias a futuro lejano

La pregunta es sustanciosa, pero los responsables de los depósitos de residuos radiactivos a largo plazo no han encontrado respuesta definitiva. No es fácil imaginar cómo se van a entender las herramientas actuales de comunicación en una sociedad de 100.000 años.

Hace 100.000 años, en Europa vivían otras poblaciones humanas, neandertales, y no sabemos nada de su lengua. Mucho más cerca de nuestro tiempo, desde hace unos 5.000 años hasta el IV. Hasta el siglo XIX, en el actual Egipto y en un extenso territorio, se utilizaron jeroglíficos. Posteriormente, este código de comunicación se olvida y se convierte en desconocido para las siguientes generaciones. Tanto que XIX. Hasta el siglo XX los investigadores no fueron capaces de descifrar el significado de esos signos.

Lo mismo ha ocurrido con numerosas escrituras. Ante ello, algunos han propuesto el uso de pictogramas. El dibujo de un perro siempre representa a un perro. ¿Pero es suficiente para indicar que el perro es peligroso?

El símbolo internacional de la radiación (triángulo amarillo con tres bocas negras) se creó en 1946 y hemos aprendido que representa el riesgo nuclear. Pues bien, en 2007, la Organización Internacional de la Energía Atómica (AIAF) presentó los resultados de un estudio realizado en 11 países durante cinco años. Según él, el símbolo no se entiende intuitivamente y pocos aprenden su significado: En India, Kenia y Brasil sólo el 6% de los encuestados sabían qué significa.

Símbolo de advertencia de riesgo radiactivo creado en 2007. ED. : Organización Internacional de la Energía Atómica (AIAF).

Ese mismo año, en 2007, abrieron una nueva imagen. De fondo rojo, de tres bocas salen los rayos y ha cruzado un cráneo y dos huesos, una figura humana que corre y una flecha. Es decir, quien lo representa expulsa algo, venenoso o mortal, y hay que huir. Se entiende bien, ¿no? Pues bien, preguntando a los que no se les ha explicado antes, se demuestra que no es tan claro.

Además, el significado de los símbolos cambia. La calavera es hoy un síntoma de la muerte con dos huesos cruzados, algo habitual en el pasado en las entradas de los cementerios europeos. También ha sido utilizado para la difusión del miedo, por ejemplo, por los navegantes y guerreros de diversas culturas. Pero para otras culturas y grupos tenía significado justo lo contrario. Por ejemplo, para los alquimistas, la calavera era el símbolo de Adán y los huesos cruzados, la esperanza de resucitar.

De generación en generación

Durante la construcción del almacén de Nuevo México, varios grupos de investigación estudiaron cómo realizar el aviso. Un equipo liderado por un investigador de la Universidad de Indiana, por ejemplo, propuso crear una organización basada en la iglesia católica. Los miembros de esta organización tendrían la responsabilidad de transmitir la información de una generación a otra, utilizando elementos icónicos y simbólicos, y transmitiendo el mismo mensaje de una manera muy diferente.

Por su parte, un equipo interdisciplinar del Departamento de Energía, entre los que se encuentran sociólogos, escritores de ciencia ficción y artistas, decidió construir una muralla de granito sobre el almacén y tallar mensajes en siete idiomas, entre ellos el chino y el apache. Estos mensajes escritos están previstos que, con el tiempo, se renovarán y volverán a otros idiomas. Además, se recomendó incluir pictogramas de peligro. También comentaron que una de ellas podía ser el personaje del cuadro “Garrasia” de Edvard Munch.

Para advertir del peligro han propuesto utilizar el personaje del cuadro “Garrasia” de Edvard Munch. ED. : Google Art Project.

Es de destacar que el objetivo de los mensajes esculpidos es más aterrorizar que informar. Una de las frases dice: “Lo que hay aquí es muy peligroso y asquerosa. Este mensaje advierte del peligro”. Otro: “Es peligroso para el cuerpo y puede morirte”.

Además de las palabras y los pictogramas, se ha propuesto utilizar una arquitectura terrorífica y resistente, como rodear todo el área del almacén con espinas gigantes de hormigón.

Aún no lo necesitan, ya que no cerrarán el almacén hasta dentro de los 30 años, pero dentro del diseño aprobado se prevé levantar 48 bloques de granito de 8 metros de longitud y 20 toneladas cada uno. Los que viven en su entorno no les gusta mucho la idea, porque es demasiado evidente y cambia demasiado el paisaje, pero hay otro inconveniente: muchos expertos creen que no será eficaz. Y es que, según ha demostrado la historia de la arqueología, sepulcros y lápidas, en lugar de ahuyentar a la gente, atraen.

Ocultar o resaltar

En Onkale tienen una intención muy diferente. En caso de que cumplan las previsiones, deberán finalizar el depósito, completarlo y, una vez cerrado, no dejar ningún tipo de señalización en superficie. Como no hay combustibles fósiles ni minerales preciosos en la zona, ¿quién comenzará a perforar la tierra? Ocultar y olvidar es, según ellos, la estrategia de futuro más segura.

En la década de los 80, los filósofos Françoise Bastid y Paolo Fabbri propusieron crear gatos transgénicos que brillarían al acercarse a la radiación. ED. : Clínica Mayo.

Sin embargo, tal y como se menciona en el propio documental Into Eternity, no es tan fácil que la gente olvide que hay algo en el subsuelo. ¿Algo peligroso, prohibido… valioso, tal vez? Basta con empezar a hacer preguntas para despertar la curiosidad.

El año pasado, la organización encargada de los residuos nucleares en Francia, Andra, creó un concurso para recoger ideas. Se presentaron propuestas de todo tipo: la creación de leyendas y objetos folclóricos que perdurarán en el tiempo; la construcción de un museo que conserve la memoria, con una clara fórmula E=m.c2 en los muros; la instalación de plantas alrededor que se vuelven azules con la radiactividad…

Básicamente son similares a las propuestas anteriores (mitos y normas, edificios singulares, notas visuales…) y a las de los seres vivos que cambian de color, más raramente: En la década de los 80, los filósofos Françoise Bastid y Paolo Fabbri propusieron crear gatos transgénicos que brillarían al acercarse a la radiación. Junto a ello, habría que crear una cultura de culto a los gatos, pero ahí no veían impedimentos porque, según ellos, se han admirado en muchas culturas.

Mientras siguen buscando soluciones para el futuro, la industria nuclear sigue generando residuos nucleares, ahora y sin cesar.

Hannot Rodriguez: “No hay más remedio que actuar como si ese riesgo fuera controlable”
Rodríguez se centra en las dinámicas de formación del riesgo. En su opinión, técnicamente, el riesgo se define en función de dos factores: probabilidad y magnitud. Sin embargo, muchas veces la gente no percibe los riesgos en función de estas características. Y es que para hacer frente al riesgo existen en la sociedad otros agentes, como la voluntariedad del riesgo. “Otro factor es el tiempo, ya sea inmediato o de futuro lejano, influye en la urgencia de las medidas y también influye en las emociones, como el miedo”, explica.
Por otro lado, ha señalado que los partidarios de la energía nuclear no asumen en su crudeza la cuestión de los residuos. “Hay una promesa de que en el futuro seremos capaces de gestionar estos residuos, si no con la tecnología actual o con la tecnología que vamos a desarrollar a medio-largo plazo. Además, hay una esperanza de que todo salga bien: que no haya fugas radiactivas, que no haya accidentes o desastres… Pero, precisamente, tienen esa esperanza porque no tienen más remedio que creer que los residuos se guardarán de forma segura. No hay más remedio que actuar como si ese riesgo fuera controlable”.
Hannot Rodriguez Departamento de Filosofía, Universidad del País Vasco.
A ello ha hecho hincapié Rodríguez: cómo la sociedad crea algunas expectativas y confianza para el futuro, quizá sin razón científica, técnica y política suficiente. Los crea porque no tiene otra alternativa.
Además, ha destacado otra cuestión. Si la única manera de entender el riesgo es la técnica, entonces sólo les corresponde tomar decisiones a unos pocos, a unos expertos, en los que la mayoría de la ciudadanía tiene poco que decir. “¿Pero eso es sostenible?”, pregunta. “Porque esas expectativas se basan en otros factores, que no son objetivos sino, por decirlo de alguna manera, socioeconómicos. Por ello, no es cierto que el riesgo sea estrictamente técnico. Si esto no se entiende, quedan desconcertadas todas las interpretaciones que hacemos ante este tipo de riesgos”.

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