Fukushima, inquietud y necesidad

Carton Virto, Eider

Elhuyar Zientzia

Dos años y medio después de un terremoto primero y de un tsunami, la central nuclear Daicchi de Fukushima fue destruida y se produjo una catástrofe nuclear. Y la situación sigue lejos de estar controlada. Por el contrario, la desconfianza en la gestión que está llevando a cabo el propietario de la central, Tepco, y la posición del gobierno japonés es muy grande.

La principal preocupación ahora es el agua que tienen en los tanques. Para la refrigeración de los reactores se utilizan diariamente 400 mil litros de agua, que se almacenan en los tanques donde se elimina la radiactividad y se vierte al mar. En total hay mil tanques con fugas de tanques, no sólo de depósitos sino también de reactores. El agua radiactiva se está mezclando con las aguas subterráneas y se está vertiendo al mar, y para frenarlo, el plan encargado por Tepco ha contado con el respaldo de un número reducido de personas, a la vista de la deficiente gestión y comunicación que se está realizando tras el desastre nuclear de Fukushima.

Aunque el Gobierno japonés anunció a principios de septiembre que asumiría la responsabilidad de los planes de limpieza, la revista científica Nature no ha considerado suficiente. El mismo mes de septiembre, un editorial señaló la necesidad de crear un equipo internacional de expertos, una solución para buscar juntos.

De la misma opinión es Ken Buesseler, investigador del Instituto de Oceanografía Wood Hoods, y una de las personas que desde el principio ha estado estudiando la radiactividad vertida desde Fukushima al mar. Reivindica la necesidad de la participación de expertos independientes para investigar las consecuencias que está sufriendo el océano, realizar un análisis imparcial de sus consecuencias y presentar resultados al público cada vez más escéptico. En la entrevista concedida a la revista Elhuyar se ha mostrado muy preocupado por las emisiones procedentes de los tanques y edificios, y ha advertido que la prioridad debe ser la parada de los mismos. Según él, en la actualidad hay más radiactividad en tanques y barras de combustible que la emitida en 2011, y cualquier nuevo accidente puede causar más daño que el incidente inicial.

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