Descomposición de la hojarasca como indicador de la salud de los arroyos

Carton Virto, Eider

Elhuyar Zientzia

El proyecto RIVFunction ha investigado la velocidad a la que se descompone la hojarasca en 100 arroyos europeos y ha medido patrones que se repiten en todas partes. Dado que la velocidad de descomposición de la materia orgánica es uno de los indicadores de salud de los ríos y arroyos, su identificación es útil para el desarrollo de instrumentos de chequeo asociados a la velocidad de descomposición. De hecho, todavía no existen herramientas estándar suficientes para analizar el funcionamiento de los ecosistemas.
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Un investigador de la UPV analiza el funcionamiento de los arroyos. Para ello, colocan bolsas de hojarasca en el río y miden la cantidad de hojarasca que ha desaparecido con el tiempo. Departamento de Biología Vegetal y Ecología de la UPV/EHU. El grupo de trabajo ha investigado la relación entre la velocidad de descomposición de la materia orgánica y la concentración de nutrientes. “Tomamos 100 arroyos desde Portugal hasta el norte de Rumania y Suecia; cada grupo analizamos 10 arroyos, y nosotros realizamos sobre todo el trabajo de campo en las Encartaciones”, explica Arturo Elosegi, miembro de la investigación, “recogimos los arroyos de diferente concentración de nutrientes [fósforo y nitrógeno], que se encontraban lo más cerca posible para incorporar el menor ruido posible a los datos”. Junto a Elosegi, el trabajo de investigación ha sido dirigido por Jesús Pozo de la UPV.

Se colocaron un total de 2.400 sacos de hojarasca de roble y aliso en los ríos de toda Europa para medir la velocidad a la que se descomponían microorganismos e invertebrados, observando que a medida que aumenta la concentración de nutrientes aumenta la velocidad de descomposición, dentro de unos límites inferiores y superiores. Los resultados han sido publicados en la revista Science de hoy. A pesar de que ya se conocían conclusiones similares a las obtenidas en la investigación, Elosegi ha destacado que se trata del “mayor experimento de descomposición jamás realizado”. “Ese trabajo a escala nunca se ha hecho en el mundo y eso le da valor”, ha subrayado.

Según Elosegi, la descomposición de la materia orgánica es un indicador significativo del funcionamiento del río: “En el estudio de los ríos, normalmente se atiende a sus características estructurales: la calidad del agua, las especies que los habitan, etc. Pero muchas veces lo que realmente nos interesa es el funcionamiento. Es como cuando llevamos el coche a la revisión. Comprueban que las piezas están en su sitio, pero lo que tú quieres es que el coche funcione, es decir, que las pastillas del freno estén bien y además se frene.”

Además de medir, comprender

Uno de los indicadores de funcionamiento del río es la velocidad de descomposición de la materia orgánica, pero no basta con medir para comprender e interpretar el funcionamiento del “estómago del río”. Estudios anteriores han demostrado que la velocidad de descomposición está influenciada por factores humanos como la contaminación o la transformación del hábitat, y han descubierto en este estudio que, por la obtención de patrones válidos, los dos arroyos en estado antagónico pueden dar la misma medida de descomposición.

Un investigador de la UPV analiza el funcionamiento de los arroyos. Para ello, colocan bolsas de hojarasca en el río y miden la cantidad de hojarasca que ha desaparecido con el tiempo. Ed. Arturo Elosegi

Los datos recogidos demuestran que, sólo en términos de velocidad, los ríos serían inseparables, muy limpios y contaminados, ya que en ambos se descompone muy lentamente. Las razones que hay detrás son muy diferentes. En los primeros, se caracterizan por la escasez de hojarasca, por la escasez de nutrientes y por la escasez de seres vivos que lo descompongan. En el caso de los contaminados, los autores del estudio han encontrado pruebas de que se debe a la toxicidad del medio y a la desaparición de algunos invertebrados. “Decimos que las respuestas no son muy sencillas. Es decir, si el corazón te va poco a poco puede ser porque estás muy tranquilo o o estás a punto de morir”, ha comparado Elosegi.

Elosegi tiene claro que la salud de los ecosistemas, como la de las personas, no se conoce midiendo una sola variable. “Además de esta variable hay que medir todas las demás, ya que todos los análisis químicos de un río pueden decir que está bien y que la presencia de las comunidades no tiene problemas, pero su funcionamiento está muy deteriorado”.

A pesar de la finalización del proyecto RIVFunction, Elosegi y su equipo continúan trabajando con variables para investigar el funcionamiento de los ríos, como la medición de las velocidades de descomposición de la materia orgánica y la relación de estas variables con el resto de variables que afectan al ecosistema de los ríos. De hecho, próximamente se publicará en la revista Science of the Total Environment una investigación similar desarrollada en los ríos mediterráneos.

En este caso, 76 puntos de las cuencas del Ebro, Llobregat, Jucar y Guadalquivir han medido la velocidad de descomposición de los palillos de madera: “Hemos utilizado los palillos que los médicos nos meten en la boca para comprobar la garganta, ya que es muy fácil dejarlos en el río, volver dos meses después y ver cuántos se han descompuesto. En las zonas más rápidas de descomposición se ha observado que la velocidad es entre 40 y 50 veces mayor que en las zonas de descomposición más lenta. Es decir, hay ríos con estómago muy chulo y otros muy rápido. ¿Por qué? No sabemos. Habría que mirar en cada caso, pero la descomposición ofrece un método muy sencillo de medir su funcionamiento”. Por ello, Elosegi considera una buena variable para realizar labores de chequeo rutinario de los arroyos, “para utilizar algo como indicador temprano de lo que está quedando, como se hace con los índices bióticos”.

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