¿Por qué hay individuos alérgicos?

Basaras, Miren

Mikrobiologiako Irakasle Titularra

La mayoría de los seres humanos sabemos que dentro de nuestro cuerpo hay algo que nos protege contra las infecciones de los microorganismos. Algo que denominamos sistema inmune y cuya complejidad es evidente, ya que está formado por múltiples mecanismos y células. Esta función protectora se divide conceptualmente en dos partes: inespecífica y específica en departamentos.

La inmunidad inespecífica o espontánea es la que tenemos del nacimiento; por ejemplo, la acidez del estómago y la vagina, la lisozima de las lágrimas, las diferentes células del cuerpo (macrófagos, mastocitos, neutrófilos, eosinófilos,...). Por el contrario, la inmunidad específica o adquirida es la que adquirimos con la vida, como dice la palabra, los linfocitos T y B, que son los anticuerpos o inmunoglobulinas (expresados con la abreviatura Ig).

Una de las características más importantes de la respuesta que genera el sistema inmune es la existencia de memoria, es decir, cuando un mismo microorganismo entra dos veces en nuestro organismo, nuestra respuesta inmune a este microorganismo patógeno o nocivo es más rápida y específica.

En términos generales, la sustancia que con la introducción del microorganismo produce un daño se denomina antígeno. Por lo tanto, el propio antígeno será el que activa los mecanismos inmunitarios y por lo tanto segregaremos las células contra sí (linfocitos T y anticuerpos).

Pero a veces, en esta respuesta inmune hay errores que pueden ser perjudiciales, provocando daños y enfermedades en los tejidos. Un ejemplo conocido es el de las alergias.

Causa inmunológica de las alergias

Algunos individuos son capaces de producir una respuesta inmune excesiva o desproporcionada contra sustancias o antígenos del medio no nocivos (denominados alérgenos). También se dice que estos individuos son atópicos. La mayoría de los alérgenos son proteínas pequeñas y solubles que se transportan en partículas secas, como polen o ácaros de animales domésticos. En condiciones normales, estos alérgenos (polen, alimentos, medicamentos, jabones...) no inducen ninguna respuesta inmune. Normalmente llegan al sistema inmune en pequeñas dosis, por ejemplo, ¡el alérgeno del polen de las gramíneas es sólo 1 µg/ /año!. Pero la administración continuada de esta dosis facilita la producción de alergia. Los individuos deben estar previamente sensibilizados. Por ello, las reacciones alérgicas se conocen también como reacciones de hipersensibilidad.

Cuando el alérgeno entra por primera vez en el interior de los seres humanos, nuestro sistema inmune se activa y segregamos anticuerpos contra él. Pero a veces estos anticuerpos (tipo IgE) se unen a algunas células de nuestro cuerpo, los mastocitos, que quedan sensibilizados o activados. En este primer contacto con el alérgeno no se produce ningún síntoma clínico. Pero cuando un mismo alérgeno entra de nuevo en estos seres humanos, ya que los mastocitos están previamente sensibilizados, el alérgeno se une directamente a ellos sin realizar todo el camino anterior y los mastocitos liberan sustancias nocivas como histamina, proteasas, leucotrienos, etc., causando síntomas clínicos de la alergia. Estos síntomas alérgicos aparecen inmediatamente después del segundo contacto.

En general, aunque en todas las alergias participen IgE y mastocitos, el ejemplo, la cantidad y el tipo de alérgeno influirán en los diferentes síntomas clínicos que aparecerán:

  • La irritación o irritación de la mucosa nasal por inhalación de una pequeña cantidad de alérgenos, como polen desiguales o ácaros de animales domésticos, produce la llamada rinitis alérgica, es decir, mucosidades, conjuntivitis, estornudos, tos, carais, etc. Si el alérgeno inhalado llega a las vías respiratorias inferiores, el síndrome producido será más grave provocando asma en los bronquios y con dificultad respiratoria.
  • Si el alérgeno entra por vía oral con alimentos (mariscos, leche, albúmina del huevo, peces, cereales,...), la mucosa intestinal se verá afectada. La secreción de líquidos locales aumenta y los síntomas más comunes son el urticario cutáneo (enrojecimiento y picor), las botaduras, las diarreas, el dolor abdominal, etc.

A veces la cara, los labios y los párpados aumentan provocando el llamado angioedema.

  • Por vía intravenosa aparece el caso de algunos medicamentos (vacunas, penicilina, sulfonamidas, etc.) o el veneno de algunos insectos (abejas, avispas), la anafilaxia sistémica (palabra derivada del griego; ana: en contra/fuera, phylaxis: protección), en la que se produce una pérdida brusca de presión de los vasos sanguíneos y una oclusión de la circulación extrema.
  • Cuando el alérgeno entra por el interior de la dermis (picaduras de insectos o prueba de que una persona es alérgica), en el punto de punción aparece enrojecimiento, dolor e inflamación, es decir, dermatitis.

Por otro lado, se ha observado que en este desarrollo de enfermedades alérgicas también influyen nuestros genes. Los últimos estudios genéticos proponen la participación en la alergia humana de genes procedentes de nuestros cromosomas como 6p21.3, 11q13. Por ello, si ambos progenitores son atópicos, la probabilidad de que el niño sea atópico es del 75%. Pero ¿todas las alergias se producen a través del IgE y los daños producidos por el mastocito? La respuesta es negativa. Por ejemplo, hablando inmunológico, a veces la alergia que produce el cinturón del reloj o los pendientes es totalmente diferente. En estos casos se produce dermatitis por contacto. La respuesta a estas reacciones cutáneas (en contra de algunos iones de metales: níquel, cromato; o en contra de algunos haptenos: pentadekaketol o veneno de la hiedra) es celular, especialmente linfocitos T. En estas reacciones de hipersensibilidad retardada, los linfocitos T tras el primer contacto con el antígeno se activan liberando sustancias llamadas citocinas, que activan a los macrófagos. Cuando existe un segundo contacto, los macrófagos y linfocitos T activados se acumulan dando inflamación y dermatitis en la zona de la piel en la que se ha producido este contacto, pudiendo aparecer eccemas y descamación en la piel. Esto es, por ejemplo, lo que ocurre cuando se realiza la prueba de tuberculina para saber si ha habido contacto (Mycobacterium tuberculosis).

¿Cuáles son las alergias y alérgenos más comunes en nuestro entorno?

Está claro que la prevalencia de alergias es alta, cada vez hay más personas alérgicas y mayoritariamente jóvenes. Esta gran prevalencia entre los jóvenes puede estar relacionada con la creciente disminución inmunológica de los mismos. En los adultos, sin embargo, hay menos alergicos.

Asimismo, se ha observado un mayor número de enfermedades alérgicas en las poblaciones de mayor tamaño, debido a la mayor exposición a la contaminación y a todos los alérgenos. Debido a la estacionalidad, en general, las alergias se encuentran a lo largo de todo el año, pero en primavera-verano el aumento es notable.

Un estudio realizado en el Estado en los últimos años revela la epidemiología de las alergias. Se observa que la tasa de prevalencia de alergias en el País Vasco es intermedia, del 15,1%. De todas las alergias que aparecen, la más común es la rinitis alérgica y la de menor tasa es el angioedema.

En cuanto a los alérgenos presentes en nuestro territorio, hay que señalar que los más comunes son los ácaros de polen y polvo, además de los pelos y ácaros de animales, medicamentos, sol y jabones.

¿Cómo se puede detectar el alérgeno en el laboratorio?

Lo diagnosticable es medir el nivel de inmunoglobulina E. Existen varias pruebas serológicas para su medición (el nivel normal de Ig E es de 5 x 10-5 mg/ml).

La prueba más común que se realiza en la actualidad es la clásica prueba intradérmica. Esta técnica consiste en la introducción de diferentes alérgenos al brazo o al cuello. La prueba será positiva si en el lugar inyectado aparece edema, con signos de rubor e inflamación. Esto concluye que este paciente tiene la IgE asociada a los mastocitos.

¿Cómo se puede tratar las alergias?

Está claro que lo único que se puede hacer desde el punto de vista preventivo es evitar el propio alérgeno (polvo, animales domésticos, comidas,...). Si esto es imposible y tenemos una enfermedad alérgica, ¿qué se puede hacer?. La terapia actual consiste en tomar medicamentos que reducen los síntomas de las alergias. Las reacciones anafilácticas se tratan con broncodilatadores que relajan la constricción muscular de los bronquios y aceleran el corazón. En la rinitis alérgica y en el tratamiento del urticante cutáneo se utilizan antihistamínicos. Por otro lado, en la enfermedad alérgica crónica se utilizan corticosteroides tópicos y sistémicos para evitar alteraciones crónicas de la inflamación.

La terapia de futuro inmediato es la hiposensibilización o inmunoterapia. En este tratamiento se inyecta al paciente un alérgeno controlado. El alérgeno se administra semanalmente y se inyectan dosis crecientes desde la mínima. De esta forma se consigue reducir la respuesta de la IgE y obtener respuestas del tipo IgG o inmunoglobulinas de la memoria. Un ciclo de inmunoterapia puede durar 3 años o más y los resultados actuales, aunque esperanzadores, no se acercan a curarse del todo, pero se consigue aliviar los síntomas y beneficiar a los pacientes.

Otra opción sería bloquear el receptor de la inmunoglobulina E. De esta manera no estaría relacionada con los mastocitos. Para conseguir esta molécula bloqueante se ha trabajado experimentalmente, pero todavía no hay trabajo efectivo.

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