Rayo de ciervo, abarrotada de otoño

El ciervo es el mayor de los artiodáctilos salvajes presentes en Euskal Herria. El peso del animal oscila entre 100 y 200 kg.
Mapa de distribución del Ciervo en Euskal Herria.

Es la última semana de septiembre en el bosque de Irati. Las hojas verdes de los hayos han empezado a amarillear y en el suelo se pueden ver numerosas bellotas de haya. Tras las calurosas condiciones climáticas del verano, las nubes cubren cada vez más el cielo y, en la actualidad, la lluvia y el frío están haciendo hincapié en los valles y laderas circundantes. De repente, una aguja profunda y fuerte ha roto el silencio en la zona del atardecer; inmediatamente otra ha respondido a la primera. En pocos minutos, y respondiendo a una orden oculta, ha surgido un terrible escándalo dentro de la oscura protección del hayedo. A una aguja le sigue la otra, cuál más fuerte, cuál más terrible. El rayado del ciervo ha comenzado.

Dibujando el ciervo.

El ciervo es el mayor de los artiodáctilos salvajes presentes en Euskal Herria. El peso del animal oscila entre los 100 y los 200 kg, siendo la altura hasta la cruz entre los 100 y los 140 cm. Como en el resto de artidactilos, el macho es mayor que la hembra. Aunque el pelaje es generalmente pardo, es variable a lo largo del año. Si son casi rojos en verano, en invierno presentan un aspecto más gris, siempre con la parte posterior –alto de los muslos– negruzcos.

Por otro lado, y como ocurre en los corzos, el trasero es blanquecino. Esta cicatriz blanca posterior tiene una función defensiva sobre animales gregarios como el ciervo. Y es que si algún miembro del grupo comienza a correr si ve algún peligro, el resto del grupo puede ver rápidamente la cicatriz blanca saltando hacia arriba y hacia abajo, descubriendo el peligro.

El peso del ciervo oscila entre 100 y 200 kg, siendo la altura hasta la cruz entre 100 y 140 cm. El macho suele ser mayor que la hembra.

La característica más llamativa de la anatomía del ciervo es sin duda la excelente corona de rama que llevan los machos sobre la cabeza. Estas ramas son estructuras de hueso robustas y ramificadas que los animales utilizan como arma aterradora en las peleas del celo. Sin embargo, y gracias a la peculiar forma de las ramas, el uso de estas armas no suele dar lugar a heridas excesivamente graves en esas luchas, ya que las puntas de las ramas están dispuestas formando un gran círculo, por lo que las ramas se atascan en las peleas, que normalmente suelen ser simples intentos de fuerza.

La renovación anual de estas ramas es una característica del grupo de los cérvidos. Entre febrero y mayo, y debido al cambio hormonal en el vestido del macho, las ramas, secando la base, caen. Inmediatamente y durante cien días se desarrollan las nuevas ramas de los machos. Sin embargo, es evidente que la creación de nuevas ramas supone un importante esfuerzo metabólico para el animal. Además, la producción de estas estructuras requiere la obtención de materias primas, principalmente calcio y fosfatos, para lo que come las ramas caídas, al tiempo que utiliza reservorios apilados en los huesos.

En consecuencia, el tamaño de las ramas, y el número de ellas, depende de la edad del animal, y sobre todo de la época: los ciervos del primer año desarrollan ramas de un solo extremo; los del segundo año, y salvo que tengan problemas de alimentación o salud, desarrollarán dos ramas de tres extremos; finalmente, los ciervos adultos pueden llegar a tener 24 extremos.

La cicatriz blanca posterior tiene una función defensiva sobre animales gregarios como el ciervo.

Las nuevas ramas son estructuras vascularizadas recubiertas de piel similar a la del balus y dotadas de nervios, alargadas sensibles “intensas”. Sin embargo, durante los meses de julio o agosto, cuando estas estructuras están completamente desarrolladas, los animales comienzan a frotar contra ramas y troncos de árboles, desmenuzando las ramas y mostrando un hueso interior sano y doloroso. Testigos de este trabajo, en las selvas en las que habitan los ciervos, los troncos, los viaductos y los árboles jóvenes están totalmente desgarrados, siendo estas señales una de las manifestaciones más claras de la presencia del animal. Para septiembre, y antes de que comience el celo, las ramas de los ciervos vuelven a ser estructuras duras y punzantes, unas armas terroríficas que tendrán que utilizar en la lucha por las hembras.

En cuanto al modo de vida, los ciervos son mamíferos gregarios, y al margen de la aralar, las hembras y los jóvenes viven en sus grupos y los machos adultos en los suyos. Por otra parte, los ciervos tienen una actividad diurna; se alimentan principalmente al amanecer y al atardecer, y pasan el mediodía tumbados en algún lugar protegido, tranquilamente. En cuanto a la alimentación, los ciervos son fitófagos estrictos, y sobre todo herbívoros. Para poder mejorar la liserización de la celulosa, tienen un estómago grande repartido en cámaras, que tras llenarlo de hierba pasan mucho tiempo reflexionando sobre el alimento, pasando las largas estancias del mediodía en este trabajo. Aunque prefieren la hierba, en primavera también se alimentan los brotes de árboles y puentes, y en invierno también se consumen la corteza de los árboles y las puntas de las ramas. A finales de verano y otoño, las bellotas, hayas y castañas son los ingredientes principales de su dieta. Y es que en esta época el animal tiene que acumular las grasas y demás reservas necesarias para pasar el invierno.

Entre febrero y mayo, y debido al cambio hormonal en el vestido del macho, las ramas, secando la base, caen.

Como se ha mencionado anteriormente, la reproducción del ciervo comienza con el celo entre septiembre y octubre. En esta época, los rebaños de ovejas y hembras dejan la protección de la selva y se concentran en los pastos de la zona forestal, ofreciendo a los amantes de la naturaleza un espectáculo único. Las profundas y poderosas rayas de los machos son verdaderamente emocionantes, y a través de ellas los ciervos en forma se desafían mutuamente para decidir quién es el dueño de las hembras. En este ritual participan todos los machos con capacidad reproductora, pero los más fuertes, con las ramas más brillantes, dominan el resto, jóvenes o débiles, que en la mayoría de los casos deben conformarse con la mera presencia. Los machos mayores se encargan de que las hembras estén envueltas y si algún macho joven se atreve a acercarse a ellas, lo ahuyentan inmediatamente.

Por otra parte, las verdaderas luchas se producen entre los principales ciervos de la misma época, estableciendo así una selección sexual estricta con los machos. Por lo tanto, sólo los ejemplares más brillantes darán genes a los de la siguiente generación. Sin embargo, puede suceder que cuando dos machos principales luchan, aprovechando el momento algún joven macho tenga valentía y cubra alguna hembra. De este modo, a la selección establecida por las luchas entre los principales machos se le añade un factor aleatorio en orden a la evolución genética del grupo.

Las nuevas ramas son estructuras vascularizadas recubiertas de piel similar a la del balus y dotadas de nervios, con largos sensibles vivos.

La cría (normalmente es única por hembra) nace en mayo o junio. Cuando llega el momento, la hembra abandona el grupo y se esconde sólo en la selva para dar a luz a su bebé. El parto, por su parte, es muy rápido, en torno a los 10 minutos, y el recién nacido, pintado con una cicatriz blanca, se levanta inmediatamente. Tras un rastreo, lavado y desodorización, y una vez dado el pecho, la madre se esconde entre zarzas o hierbas y sólo de vez en cuando se acerca a dar el pecho y limpiarlo para evitar que un enemigo depredador le detecte. Cuando el niño tiene 3 o 4 meses ya empieza a comer hierba y otros alimentos sólidos, pero todavía queda un año con su madre antes de incorporarse al grupo.

El hábitat del ciervo ha variado considerablemente en los últimos milenios debido principalmente a la actividad humana. Aunque no se pueda negar que el ciervo haya sido siempre un animal relacionado con la selva, y tal y como señala la excelente admiración de los machos, las selvas cerradas no son el lugar de residencia natural de este animal; elementos excelentes como éste no serían los idóneos para poder moverse cómodamente en matorrales cerrados. Por otro lado, el carácter herbívoro del animal también refuerza la idea. Porque los seles cerrados no son el mejor lugar para encontrar hierba. Antes de que los seres humanos modificaran el medio de una manera tan efectiva, por lo tanto, los ciervos podían habitar en zonas en las que normalmente coexistían bosques y pastizales: bordes forestales, márgenes fluviales, proximidades de turberas, prados o brezales sobre bosques, etc.

Aunque prefieren la hierba, en primavera también se alimentan los brotes de árboles y puentes, y en invierno también se consumen la corteza de los árboles y las puntas de las ramas.

Más tarde, cuando el hombre comenzó a arrojar selvas y a crear pastos, el hábitat del ciervo se extendió enormemente, con una enorme expansión del animal. Sin embargo, como consecuencia de los cambios del último siglo, la humanización en la mayoría de los medios propios y la presión de la caza han provocado en toda Europa un enorme retroceso de los ciervos, que actualmente sólo vive en los cotos de caza y en los lugares protegidos, siempre bajo la gestión humana.

En Euskal Herria el ciervo desapareció hace tiempo, sobre todo debido a la excesiva presión de la caza. Sin embargo, en la década de 1950 empezaron a penetrar en los montes de Navarra y Álava, cuyo objetivo es fundamentalmente cinegético. En 1957 I.CO.N.A. procedió a la expulsión de varios ciervos en la zona de Gorbeia, tras los cuales también fueron arrojados por varios particulares. Asimismo, la Diputación Foral y el Organismo de Bienes Forestales del Estado introdujeron ciervos en diversas localidades navarras: 11 ejemplares en Bertiz en 1956; 18 en Lantzen en 1957; y 26 ejemplares en torno a Eugi en 1955-56 y 57. Sin embargo, estos ciervos tuvieron que superar algunos inconvenientes antes de formar una población relativamente estable. Por un lado, los ejemplares arrojados procedían de Andalucía, lo que implicaba grandes dificultades para adaptarse al clima local y, por otro, sufrieron mordeduras de cazadores secretos.

Las profundas y poderosas líneas de los machos son verdaderamente emocionantes, y a través de ellas los ciervos en forma se desafían mutuamente para decidir quién es el dueño de las rebaños.

De todas formas, todas estas sueltas de ciervos han dado lugar a la adaptación de dos amplias poblaciones en el País Vasco: una de ellas, situada en las faldas del Gorbeia, y cuyo número de ciervos podría rondar los 500 ejemplares; otra, habita en los montes de Navarra, en la zona que va desde los montes de Belate hasta Izaba, y que está compuesta por cerca de 800 ejemplares. Sin embargo, y a pesar de que estas poblaciones pueden considerarse importantes en términos cuantitativos, su carácter es totalmente artificial y no está tan claro (al menos desde el punto de vista cualitativo) su situación. En cierto modo, son los “ganados” creados para que los cazadores tengan qué ser capturados y no las poblaciones estables integradas en un ecosistema equilibrado.

En este sentido, el grado de consanguinidad dentro de los grupos, las estructuras demográficas, el tamaño medio de los animales y su nivel de salud, etc. son características a tener en cuenta en el caso de que en el futuro se busque la sostenibilidad y la plena adaptación del ciervo en Euskal Herria.

FICHA TÉCNICA:

CIERVO

ESPECIE

:
FAMILIA Cervus elaphus : CÉRVIDOS
ORDEN : ARTIODACTILOS
CLASE : MAMALIOS

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