El viaje que amplió el mundo

Etxebeste Aduriz, Egoitz

Elhuyar Zientzia

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Victoria cruzando el estrecho de Magallanes. Ed. Guillermo Muñoz Vera, 2015.

21 de diciembre de 1521, en Tido (Molucas). Los marineros de ambas embarcaciones se saludaron llorando. Uno de los barcos necesitaba reparaciones y no podía salir al mar. Y el otro, cuando viste. Elcano tomó la decisión de rechazar la idea inicial de la expedición y tomar el camino inverso. El viento se oponía, incluso el portugués, y rompería la orden del rey. Pero si conseguían llegar a Sevilla, merecería la pena; el rey también le perdonaría, seguro, porque además de llevar el barco clavado, iban a dar la vuelta al mundo.

Cuando en 1519 partieron de Sevilla, ni siquiera se les iba a pasar la cabeza. Los objetivos eran encontrar una pasarela al mar visto seis años antes por Núñez de Balboa en el oeste americano y, navegando por aquel desconocido mar, llegar a las Molucas. Allí se formaban algunos de los tesoros más preciados de la época: las especias.

“Se utilizaban para conservar los alimentos y cubrir el sabor de los que no estaban en mejor estado; no había frigoríficos”, afirma el médico e historiador Daniel Zulaika Aristi. El clavo era el más caro y el que menos espacio necesitaba para transportar. “Se decía que mejoraba la vista, servía para combatir la fiebre y el resfriado, estimulaba la vejiga y limpiaba el colon y, con la leche, mejoraba las relaciones sexuales. Era un tema maravilloso y milagroso, muy caro, un regalo entre nobles”.

Ed. Ruttawee Jai/Shutterstock.

Los portugueses dominaban el comercio de especies. Rodeando África, a costa, llegaban a los territorios de las especies. Magallanes también quería participar en el negocio de las especies y, enfadado con el rey de Portugal, elaboró un plan para conquistar al español con la ayuda del cosmógrafo Rui Faleiro. En dirección oeste le propuso que podía llegar a las Molucas. De este modo, España podría obtener especies apreciadas. Y más aún, según las estimaciones de Magallanes, las Molucas podían demostrar que pertenecían a España.

Daniel Zulaika Aristi. Médico y graduado en Historia.

Con el Tratado de Tordesillas, Portugal y España tenían el mundo dividido. Al oeste de Cabo Verde, 370 leguas, se estableció una línea vertical; las nuevas tierras que se hallaban al Este de aquella línea pertenecían a Portugal y las que estaban al Oeste a España. Pero hasta dónde no estaba definida.

“Magallanes calculó la posición del antimeridiano de Tordesillas y Molucas mostró al rey que las Molucas estaban dentro de la demarcación española”, explica Nagore Davila Cabanillas, profesora de la UPV y experta en cartografía.

“Sabían que el mundo era una esfera, tenían muy interiorizada la teoría de Ptolomeo: Como Dios sólo creaba formas perfectas, el mundo debía ser redondo”, dice Davila. Pero creían que era menor. Eratóstenes Aunque en el año 230 dio una medida casi directa, Ptolomeo, II. En el siglo XX el mundo fue más pequeño. “En el año 1300 se redescubrió la obra de Ptolomeo y los siguientes cartógrafos se basaron en ello”.

Mapas llave

Los mapas eran recursos muy importantes. “Se convirtieron en un instrumento político y estratégico. Por un lado, eran tareas muy difíciles y, por otro, eran la llave para llegar a conquistar nuevos territorios antes que los demás”. Estaban al alcance de unos pocos y a menudo eran secretos, aunque no todos actuaban igual: “En Portugal los mapas oficiales eran muy secretos y había pena de muerte para quien los divulgaba. En España se hacían copias para regalar a los visitantes extranjeros sus descubrimientos”.

Davila destaca el mapa realizado por Juan de la Cosa en 1500. El continente americano aparece por primera vez. Y también recoge los descubrimientos de los portugueses hacia la India. “La línea vertical marca probablemente el meridiano de Tordesillas, aunque hay teorías diferentes”. También hay que destacar el planetario de Cantino de 1502. “Aparecen por primera vez latitudes calculadas con astros. Se puede decir que es ahí donde empieza la cartografía moderna”.

Mapa de Juan de la Cosa de 1500. El continente americano, el Nuevo Mundo, aparece por primera vez. Las líneas horizontales representan el ecuador y el trópico de Cáncer y la línea vertical puede ser el meridiano del Tratado de Tordesillas.

El planetario de Waldseemüller fue el que puso nombre a América. En la proyección comenzaron a aparecer diferencias: los meridianos son líneas curvas y los paralelos son líneas concentricas. “Sólo la costa atlántica americana está definida y la parte del Pacífico se recoge como Terra Ultra Incognita. Es curioso que América y Asia estén divididos, ya que Núñez de Balboa todavía no encontró el Pacífico”.

Nagore Davila Cabanillas. Profesor de Geografía en la UPV, especialista en cartografía.

El rey Fernando II, en 1508, estableció unas directrices para la elaboración de nuevos mapas en los que todos los buques que volvían de las expediciones debían informar de todo lo encontrado y con esta información se actualizarían los mapas. Sólo se cartografiaría lo conocido, independientemente de fantasía, subjetividad y mitos. Y creó el nombramiento de “piloto principal” para hacerse cargo de ello. “Cartografía para la expedición que preparó el piloto principal Diego Ribeiro. Los documentos recogen 23 cartas o mapas”.

 

Embarcaciones punteras

Con ellos partían cinco barcos de Sevilla. “Eran los más modernos y avanzados de la época”, explica Xabier Alberdi Lonbide, director científico del Museo Marítimo Vasco. De hecho, este modelo de barco acababa de crearse unas décadas antes. “El cambio fue muy importante, que revolucionó el propio sistema de construcción naval”.

XV. Hasta los años 60-70 del siglo XX, los buques de transporte construían primero la cubierta del casco y luego la estructura. Una vez descartado esto, comenzarían a utilizar un sistema totalmente opuesto: primero la estructura y luego la piel.

Xabier Alberdi Lonbide. Doctor en Historia, responsable de investigación de Albaola y director del Museo Marítimo Vasco.

De esta forma se obtenían envases más resistentes y además se aprovechaba mucho mejor la madera. “Una de las causas de este cambio puede ser la alteración de la explotación forestal. A finales de la Edad Media trabajaban cientos de ferrerías y cientos de barcos. Empezaron a tener falta de madera. Ahí surgieron las primeras medidas legislativas para proteger y regenerar el bosque”.

Este cambio comenzó en la península Ibérica, especialmente en la costa vasca. “XVI. En el siglo XVIII no hay ninguna otra potencia que pueda competir con la industria naval vasca. Y eso fue de alto nivel XVIII. Al menos hasta finales de siglo”, explica Alberdi. “Los vascos hacían esta profesión más barata y eficaz que nadie. Y detrás de esa eficiencia está la tecnología”.

“La flota vasca de transporte se convirtió en la principal flota del oeste de Europa. Estarían al servicio de los italianos, ingleses y andaluces. Y XVI. y XVII. El 80% de los barcos que viajaron desde Sevilla a América durante siglos eran construidos en la costa vasca”.

“El rey de Castilla adquiría en la flota vasca los barcos necesarios para la guerra y las expediciones”. Y así lo hicieron también para la expedición Magallaes-Elkano, que eligieron los barcos más avanzados y se apropiaron de ellos. Tres de las cinco embarcaciones de la expedición, Victoria, Trinidad y San Antonio, eran vascas. “No estaban diseñados para la navegación oceánica, sino para el transporte transeuropeo. Pero demostraron que son realmente eficaces para la navegación oceánica”.

No eran envases grandes. “Precisamente aquella expedición fue uno de los factores que impulsaron el inicio de la construcción de buques de mayor envergadura, ya que uno de los principales problemas que tuvieron fue el pequeño tamaño de los barcos”, explica Alberdi. “Estimaban que estas embarcaciones serían suficientes para llegar desde América al Extremo Oriente. Pero el abastecimiento que podían llevar estos barcos era escaso para hacer ese camino”.

En Albaola Itsas Kultur Faktoria, construyendo la réplica del San Juan. XVI. Era del siglo XX, época similar a la de los barcos de la expedición Magallaes-Elkano. La construcción naval vasca no tenía parangón en aquella época. Ed. Nekane Aramendia Rebolledo y Kepa Sarasola Gabiola / CC-BY-SA 4.0.

El reto de sobrevivir

Eso no sabían cuando partieron de Sevilla. Pero tenían muy claro que necesitaban chicos sanos. Por ello, en el momento de su salida, Pedro de Basozabal no le permitieron embarcar por enfermedad. “Era fundamental que desde el principio no se metieran en los envases”, explica Zulaika.

De hecho, en las condiciones en las que viajaban, la supervivencia era un auténtico reto. “Imagina a 60 personas viviendo en un piso de 90 m2, trabajando, dormiendo, comiendo y haciendo sus necesidades”. Y sin agua, sin higiene. Ratas, cucarachas, piojos, chinches...En el ecuador, a pleno sol; con tormentas tropicales, todo el día mojado; o casi sin ropa en la Antártida, congelado. “No penséis que en condiciones meteorológicas adversas podían acceder al sótano. Los sótanos estaban cerrados con llave, vivían sobre el barco”.

Asistían un cirujano de atención sanitaria y tres barberos. “No eran médicos que habían estudiado en facultades”, dice Zulaika. Cortaban el pelo y la barba, eran dentistas, hacían extracciones de sangre, cortaban los abscesos, autenticaban las heridas, las amputaciones, y todo ello sin posibilidad de eliminar el dolor. “Hacían muchas cosas y con resultados muy malos. Casi lo único que hacían ante las enfermedades eran las extracciones de sangre. Y si además sacas sangre a un enfermo… Muchas veces sólo adelantaban la muerte. Acudía gente muy joven, con edades comprendidas entre los 11 y 16 años para los mares y pajes. Tenían más posibilidades de combatir las enfermedades”.

Los cinco barcos partieron el 20 de septiembre de 1519, con unos 240 hombres y chicos jóvenes y sanos. Tras una parada en Canarias, en 75 días llegaron a la costa brasileña.

Su tecnología para la navegación era muy básica: la brújula para conocer la dirección; el cuadrante y el astrolabio para calcular la latitud; y un reloj de arena y una cuerda con los nudos, para calcular la longitud aproximada en la que estaban situados. “Hoy en día parece imposible, pero no tenían más”, dice Alberdi. “En las anotaciones que recibió el piloto Francisco Albo se constata que los cálculos se realizaban de forma ininterrumpida, ‘calculo’ (estimo) insiste una y otra vez en determinar el número de leguas que se han movido o el lugar en el que funcionan”.

En mar abierto con cielo

Virginia García Pena. Astrónomo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Para estos cálculos era imprescindible la astronomía. “Cuando no había más referencias utilizaban el cielo”, explica Virginia García Pena, astrónoma de la Sociedad de Ciencias Aranzadi. “El cielo era el GPS de la época. Los pilotos debían saber astronomía. Debían conocer bien los movimientos del cielo”.

Durante el día utilizaban el sol. “Para ello, necesitaban un calendario astronómico que decía la posición del sol todos los días del año”. Y por la noche tenían la estrella Polar. “Al estar sobre el eje de rotación de la Tierra, es la única estrella que no se mueve en el cielo. Indica dónde está el norte y sirve para calcular la latitud. Aquí vemos a 43 grados y si te diriges hacia el norte, lo verás cada vez más alto. Ya sabes que estás en el ecuador cuando ves en el horizonte y has pasado al Hemisferio Sur cuando desaparece en el horizonte”.

También conocían el cielo del hemisferio sur. “Siempre se ha dicho que Magallanes descubrió el cielo del hemisferio sur, pero por un lado había gente que vivía en ese hemisferio y lo conocían bien. Por otro lado, la inclinación del eje de rotación de la Tierra ha ido variando, conociendo la Cruz del Sur en la época de la Grecia clásica, constelación que marca el Sur. Y por último, los portugueses pasaban por el cabo de Buena Esperanza, desde donde también se divisa el hemisferio sur. La galaxia de las nubes de Magallanes tampoco las encontró Magallanes, que todos los navegantes que se movían alrededor de África las veían”.

Sin descubrimientos astronómicos, por lo tanto, fueron los que más arriba vieron la Cruz del Sur en el cielo. Explorando la costa sudamericana y tras varias escalas, en octubre de 1520, sin saberlo todavía, comienzan a adentrarse en el paso deseado: Estrecho de Magallanes. El Santiago se hundió antes y San Antonio, abandonó la expedición en el mismo estrecho y volvió a España. Los tres barcos restantes tardaron 38 días en recorrer el estrecho.

Pacífico, un desierto interminable

Salieron al mar el 28 de noviembre de 1520. Tampoco quedaron para el suministro. No sabían que tenían un mar tan amplio enfrente, el más ancho que se navegó nunca. Durante tres meses no tocarían tierras. A algunos les empezaron a crecer las dentaduras, luego se empezaron a sangrar hasta morir. “Un tercio de la expedición murió de escorbuto”, afirma Zulaika. En el Pacífico murieron 19; de Molucas a España 15; y cuando Trinidad intentó volver de Molucas a América 31.

“Era una nueva enfermedad. Apareció cuando los portugueses empezaron a viajar a la India. Aparecía dos meses después de dejar el suelo, al finalizar las reservas de la vitamina C del cuerpo sin comer alimentos frescos. A los tres meses murían”. Si llegaban a tierra se curaban rápidamente: “En 24 horas se interrumpió la hemorragia y en 48-72 horas comenzaban a curarse las encías”.

El 6 de marzo de 1521 se escuchó el grito “¡tierra, tierra!”. Guam era la isla. De allí fueron a Filipinas y finalmente llegaron a Molucas el 8 de noviembre. Magallanes fue asesinado en Filipinas y quemado en el Camino de la Concepción por falta de tripulación suficiente para tres barcos. Llegaron Victoria y Trinidad. Elcano era entonces el capitán de la Victoria.

La vuelta al mundo

Los barcos se llenaban de especies y quedaba por volver a Sevilla. Cuando salieron, sin embargo, Trinidad empezó a coger agua, cargando demasiado. Entonces, sabiendo que los portugueses estaban cerca, decidieron sacar Victoria cuanto antes. De hecho, debían emigrar hacia América. Las órdenes del rey eran claras: “no descubras ni hagas nada en la demarcación y las fronteras del sagrado rey de Portugal, ni en su perjuicio”. Pero Elcano decidió tomar el camino contrario y, por tanto, dar la vuelta al mundo.

Llegaron al primer Timor, desde donde viajaron a Cabo Verde durante casi cinco meses sin tocar ninguna tierra. Sabían que sería muy difícil llegar, pero debían evitar acercarse a las tierras portuguesas. “Los portugueses navegaban allí y sabían la distancia al cabo de Buena Esperanza”, explica Alberdi. “Pero los portugueses navegaban por las costas y ellos atravesaban el Océano Índico sin referencias. Es sorprendente con qué precisión supieron llegar al cabo de la Buena Esperanza”.

Llegaron a Sevilla el 8 de septiembre de 1522, con la mayor hazaña de la historia. “Hoy en día sería como ir a Marte”, afirma García. “Utilizando casi exclusivamente la astronomía y sin saber cómo era el planeta, dar la vuelta al mundo es increíble. En mi opinión, a partir de entonces adquirió verdadero sentido el concepto planeta”.

“Todos los descubrimientos realizados durante la expedición fueron recogidos en varios mapas por Diego Ribeiro”, explica Davila. Uno de ellos es el que publicó en 1527. “Es el primer mapa científico. Tiene latitudes perfectas. Y con él comenzó la decadencia de Ptolomeo”.

“Supuso un cambio en las medidas del planeta”, afirma Alberdi. “El mundo era más amplio de lo que pensaban. Entonces sabían lo que había. Pero también sembraron la semilla de lo que hay que hacer para navegar por los océanos”.

El cosmógrafo Diego Ribeiro recogió los descubrimientos realizados durante la expedición Magallaes-Elkano. Se considera el primer mapa científico el realizado en 1527, por sus latitudes exactas. El de la imagen es otro mapa que hizo en 1529.

En una segunda expedición se dirigían oficialmente a las Molucas. Pero, según Urdaneta, cuando murió Elcano, su objetivo era Japón. “Quería encontrar el camino de vuelta. Elkano tenía claro que no hacían nada si volvían a Molucas y no sabían volver. Quería ir a la costa japonesa, porque para volver de Molucas es lo que hay que hacer, tomar la corriente Kuroshio y llegar a México”. Finalmente, Urdaneta consiguió resolverlo. “Eso es increíble, abrió a los europeos caminos para ir y venir a cualquier parte del mundo. Y eso sí que es estrechar el mundo”.

“Cuando yo imagino que esos 18 hombres llegan a Sevilla, pienso que, además de traer todas esas toneladas de clavos, sí que saben, aunque no se enteran, un conocimiento importante”, dice Zulaika. “Han visto que no hay monstruos marinos, que el mar no acaba en una cascada o que en el ecuador el agua no hierve. Y se han dado cuenta de que el hombre es uno, en todo el mundo, que no hay seres monolingües o con la cabeza en el pecho. Abandonaron los mitos. La expedición aportó racionalidad y conocimiento científico”.

Dos días antes de llegar a Sevilla, en San Lucar de Barrameda, Elcano escribió una carta para el rey. Tenía muy claro cuál era el mayor logro: “Pero como su majestad sabrá, lo más estimable y perturbador es que hemos encontrado y redondeado toda la rotundidad del mundo, yendo al oeste y viniendo del este”.

 

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