Análisis del impacto ambiental del cemento

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Ed. Pixabay

El cemento y el hormigón son los materiales artificiales más empleados en el mundo. Así, una revisión publicada por la revista Nature analiza el impacto ambiental de su creación. Además de la emisión de metales pesados a la atmósfera y la extracción de recursos naturales, se ha concluido que la producción de cemento supone una emisión significativa de CO2 y se han analizado estrategias para reducir este impacto ambiental.

La producción media anual de cemento es de 4 gigatonas, equivalentes a la producción mundial de alimentos. En concreto, el cemento supone el 36% de los 7,7 Gt C02 liberados a la atmósfera por las actividades constructivas, muy por encima del acero (25%), los plásticos (8%), el aluminio (4%) y el ladrillo (1%).

A la vista de las tendencias del mundo urbanizado, los investigadores han sugerido que en los próximos 50-100 años la demanda de cemento seguirá creciendo notablemente, teniendo en cuenta que en apenas 30 años se espera que la población mundial aumente en 2.500 millones. Por tanto, señalan que las estrategias para limitar el impacto ambiental deben abordarse ahora.

A pesar de los estudios realizados, por el momento no se han encontrado materiales capaces de sustituir el hormigón armado a un bajo coste económico y no parece que se vaya a conseguir en las próximas décadas. Por tanto, se han mencionado alternativas. Por un lado, la producción de cemento requiere un calentamiento a 1500ºC en hornos grandes para que se produzca la descomposición de la caliza, proceso en el que se produce la mayor cantidad de CO2. Para reducir la generación de CO2 habría que utilizar otra fuente de CaO alternativa a la caliza (CaC03), pero las fuentes de calcio no carbonado son muy limitadas en la práctica. Por tanto, se propone la trituración y aprovechamiento de los residuos generados en la excavación de los edificios de hormigón. Según el cálculo realizado en China, la reutilización puede alcanzar el 50% de la demanda de materiales de construcción y reducir la presión sobre los recursos naturales locales.

Por otro lado, se ha solicitado el desarrollo de una tecnología que permita la posterior absorción del CO2 emitido a la atmósfera durante la generación de cemento. Se ha reconocido que este proceso de carbonatación puede dañar la durabilidad del hormigón reforzado con acero, pero los investigadores han afirmado que la carbonatación es beneficiosa para todos los demás tipos de hormigón y que en algunos casos puede generar mayor resistencia y menor porosidad de la estructura. Así, el 80% del cemento se puede utilizar para procesos de carbonatación de absorción de CO2.

Según los investigadores, los ingenieros deberían incorporar la carbonatación del hormigón en el propio diseño. De hecho, todas las nuevas estrategias que se desarrollen para reducir las emisiones de CO2 en la generación de cemento no serán suficientes si no se aprovecha el hormigón para absorber y almacenar carbono. Sin embargo, los investigadores afirman que no hay innovación que conlleve milagros. Por el contrario, sólo la implicación de todos los que participamos en la construcción puede suponer un cambio: de los legisladores, de los productores de materiales, de los arquitectos, de los gerentes de la construcción y de la ciudadanía que será propietaria del edificio.

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