Más que fatiga

Galarraga Aiestaran, Ana

Elhuyar Zientzia

Publicado en Berria el 19 de enero de 2021

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Ed. Unesco

Varios medios de comunicación han anunciado que este pasado fin de semana se han multiplicado las conductas contrarias a las medidas establecidas para combatir el covid-19. Muchos lo han relacionado con la fatiga: La situación provocada por el virus SARS-CoV-2 se está alargando y la gente está cansada porque tiene que cumplir unas medidas muy estrictas y al mismo tiempo no percibe que ese esfuerzo reporta ningún beneficio. Es decir, creen que el rechazo de las medidas es consecuencia del cansancio y la negligencia, y son más notables en determinados colectivos como los jóvenes.

No es sólo cuestión de Euskal Herria. En otros países, este tipo de actitudes y acontecimientos se están extendiendo y allí se han realizado interpretaciones similares, tanto por parte de las autoridades como de los medios de comunicación. Los expertos no están de acuerdo. Es más, según un artículo publicado en la revista British Medical Journal, este enfoque es erróneo y perjudicial.

Los autores del artículo, psicólogos y neurocientíficos de dos universidades del Reino Unido, han analizado los comportamientos y el estado de ánimo de la población. De hecho, la situación epidémica ha empeorado mucho en el último mes, lo que ha provocado el endurecimiento de las medidas. Junto a ello han venido las expresiones que relacionan las conductas contrarias a las medidas con la fatiga. Sin embargo, los investigadores han afirmado que la mayoría de la población sigue cumpliendo medidas, a pesar de que están sufriendo mucho, tanto económica como psicológicamente.

Incluso los grupos señalados, especialmente los jóvenes, no cometen más infracciones que los demás, y en realidad son menos propensos que otros grupos de población a confundir a grupos estrechamente relacionados.

Los expertos han explicado que la diferencia entre la realidad y la convicción es consecuencia de un vertido de visibilidad: los que cumplen las medidas con rigor no se ven ni aparecen en los medios de comunicación, sólo se ven los que se oponen. Y advierten de que esto puede provocar que los demás no cumplan las normas. Si consideramos que el incumplimiento es normal y generalizado, ¿para qué?

No obstante, existe una excepción significativa: el aislamiento. Según los datos de los investigadores, sólo se aísla una quinta parte de los infectados o los estrechos contactos de un positivo. Y es que para poder aislarse es imprescindible la ayuda de los demás (cuidado, comida) y los recursos (espacio, derechos laborales, ingresos...). De este modo, el incumplimiento del aislamiento no se debe, en general, a que están hartos de las medidas, sino a que no tienen facilidades para ello. En lugares como Nueva York, donde se ofrecen ayudas para aislar a las personas necesitadas, el 95% cumple la medida.

Por otro lado, se recuerda que hay personas que corren más riesgo de contagio que otras, como las que utilizan el transporte público, las que comparten piso y las que no tienen posibilidad de teletrabajo. Entre ellos se encuentran muchos jóvenes.

Sin embargo, la asociación directa del incremento de las contaminaciones con el cansancio individual, la negligencia y la rebeldía oculta estos otros factores estructurales y cubre las deficiencias de las autoridades. Además, influye negativamente en la motivación mayoritaria. En su lugar, el artículo sugiere que los medios de comunicación deberían mostrar un buen comportamiento de la gente.

Las autoridades afirman que quieren evitar el fuerte confinamiento y la mayoría de la población se sumará a ello. Sin embargo, el esfuerzo por conseguirlo no puede ser relegado a la ciudadanía; son imprescindibles los medios y recursos que están en manos de las instituciones y, por supuesto, estrategias eficaces.

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