Estado ecológico de Gipuzkoa

El 5 de junio, bajo el lema Gure Lurra, nuestro hábitat, nuestra casa, se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente. Ese día fueron muchos los políticos que publicaron sus opiniones sobre el medio ambiente en los medios de comunicación. Y entre ellas me parece que las declaraciones realizadas por el Diputado Foral de Gipuzkoa, Iñaki Txueka, tienen un especial interés.

Haciendo un sorprendente estudio ecológico de Gipuzkoa, Txueka calificó la situación de nuestro territorio como bastante bien. La evaluación por áreas fue aún más sorprendente, dando sobresaliente a los bosques de Gipuzkoa, muy bien a las playas y espacios naturales, bastante basura y contaminación y, por último, bastante justo al estado de los ríos.

En mi opinión, esta evaluación ambiental de Gipuzkoa al menos es demasiado optimista, por no ser totalmente desproporcionada. Y es que, analizando la situación ecológica con ojos objetivos, y no con los ojos de un político que tiene que justificar de alguna manera su trabajo, hoy por hoy difícilmente llegaremos a ponerla bastante. Pero hagamos un recorrido similar: analicemos la cuestión por áreas.

Me parece bastante valiente decir que la situación de los bosques de Gipuzkoa es excelente. Las personas que frecuentamos la montaña sabemos lo difícil que es encontrar bosques autóctonos. Es cierto, por otra parte, que se está haciendo un gran trabajo en este campo; afortunadamente, en los proyectos de revegetación que se han llevado a cabo en los últimos años, no se ha impuesto el criterio económico y se está haciendo un gran esfuerzo para reintroducir los árboles de frondosas. Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer y para ver los frutos de la nueva situación todavía habrá que pasar muchos años. Si bien en estos momentos la situación de nuestros bosques es innegable, todavía estamos lejos de conseguirla.

En cuanto a las playas, es comprensible la calificación otorgada por Txueka. Y es que a la hora de medir la calidad de las playas, los servicios que ofrecen, la limpieza y la calidad del agua son los únicos factores que se tienen en cuenta. Es decir, se da importancia a la visión estética, olvidando que el significado de la palabra ecología es mucho más amplio. Y desde el punto de vista ecologista, la situación de nuestras playas no es excelente. El uso excesivo y la urbanización ha traído a sus mínimos las dunas de las playas, junto con su singular vegetación.

Como consecuencia de ello, para poder residir en este medio, algunas especies de plantas muy singulares por su singular adaptación biológica han desaparecido y otras están en peligro de extinción. Evidentemente, esto supondrá una pérdida irrecuperable de nuestro patrimonio natural.

Y sobre el medio natural, en mi opinión, el señor Txueka funcionó demasiado optimista. Casi me hace cambiar de opinión respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Qué se ha hecho en los parques naturales de Gipuzkoa, además de la mera declaración? ¿La política de parques naturales que se está llevando a cabo no se convertirá en una mera zona verde de atracción de grandes masas? ¿En qué consiste la protección de la bahía de Txingudi? ¿Cómo se puede entender la construcción de un puerto deportivo para destruir la marisma de Santixo de Zumaia, el segundo humedal de Gipuzkoa? Creo que son muchas las preguntas o dudas que hay para poder obtener la calificación de muy bien posible.

Sin embargo, me parece algo más objetivo lo dicho y la calificación otorgada en relación a la basura y la contaminación, pero tengo dudas al respecto, ya que la situación de la basura me parece bastante caótica. Sin una política clara de reciclaje, se han puesto en marcha pequeñas iniciativas como la del papel o el vidrio. Pero estas iniciativas no han venido de la mano de campañas serias de sensibilización y, además, no se ha mirado el origen del problema, la producción de basuras. Y mientras tanto, se habla de la incineración como una solución definitiva a este problema, dejando a un lado los problemas de salud que plantea la incineración.

Y por último, diría que la calificación otorgada al analizar el estado de los ríos es la más relacionada con la realidad. En esta materia no se pudo hacer una valoración positiva, ya que todos somos conscientes de la penosa situación de los ríos. Es más, no creo que nuestros ríos puedan superar este estudio. Al igual que ocurre con las playas, el estado ecológico de los ríos no se ha tratado de la misma manera y sólo se ha tenido en cuenta la calidad del agua, y no cabe duda de que desde hace años la calidad del agua ha mejorado mucho, pero la crisis económica ha influido más directamente que el trabajo de las instituciones públicas, ya que se han cerrado muchas de las fábricas que vertían contaminantes a los ríos. En cualquier caso, para el estudio ecológico, los ríos deben contemplarse como ecosistemas, por lo que es necesario analizar el conjunto de corrientes de agua y márgenes de los ríos.

La calidad ecológica no puede medirse únicamente en función de los parámetros físicos o químicos del agua, sino en función de su capacidad de hostilización de la vida, claro está, está íntimamente relacionada con la calidad del agua y el estado de las orillas. Por tanto, no engañemos a los habitantes de Gipuzkoa: canalizando ríos y arroyos, no mejorará su estado ecológico y, a lo sumo, obtendremos corrientes de agua más limpias, no ríos con vida.

Con todo esto, no quiero decir que el medio ambiente de Gipuzkoa no tenga futuro, se ha avanzado mucho en los últimos años, pero el camino que tenemos por delante es muy largo. Para poder decir que la situación ecológica de Gipuzkoa es muy buena, el trabajo deberá realizarse con entusiasmo. Una de las partes más importantes y complicadas de este trabajo será la de mentalizar a las autoridades políticas guipuzcoanas: debemos advertir que el desarrollo construido con hormigones nunca podrá coincidir con el respeto al medio ambiente.

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