¿covid-19 estrés, ansiedad y depresión?

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Ed. Deliris/Shutterstock.com

En diciembre de 2019 aparece una nueva neumonía coronaria en la ciudad de Wuhan (Hubei, China)[1]. A principios de 2020 la enfermedad (COVID-19) comenzó a extenderse por toda China. Este rápido aumento de casos y muertes ha ocasionado problemas psicológicos como el estrés, la ansiedad y la depresión, [2]. Este rápido auge de los casos confirmados y de las muertes se extendió rápidamente por todo el mundo, convirtiendo a Europa en general y a Euskal Herria en un foco importante de pandemia.

Más allá de los riesgos médicos, el impacto psicológico y social de esta pandemia es indiscutible. Según estudios que llegan de China (el primer país afectado), el miedo y la incertidumbre sobre lo desconocido pueden provocar enfermedades mentales como el estrés, la ansiedad, la depresión, la somatización y el aumento del consumo de alcohol y tabaco[3].

En una encuesta realizada en enero de 2020 en 194 ciudades chinas a 1210 personas, se midieron la depresión, la ansiedad y el estrés a través de la escala DASS-21. El objetivo de este estudio era analizar el impacto psicológico de la etapa inicial del brote del covid-19. El 16,5% de los participantes manifestaron síntomas depresivos, moderados o graves, el 28,8% síntomas moderados y severos de ansiedad y el 8,1% apuntaron niveles moderados y severos de estrés. Además, el mal estado de salud personal se asoció a un mayor impacto psicológico. Asimismo, concluyeron que la mala salud psicológica podía influir también en la salud física. En cualquier catástrofe biológica el miedo, la incertidumbre y la estigmatización son habituales, por lo que es importante también realizar intervenciones psicológicas adecuadas[4].

En definitiva, en una emergencia internacional de salud pública como la que vivimos, es importante investigar el impacto psicológico de la pandemia en determinadas poblaciones para poder desarrollar estrategias para reducir el impacto psicológico de la crisis[5]. Por ello, en este estudio se midieron los niveles de estrés, ansiedad y depresión en una muestra de la Comunidad Autónoma del País Vasco, para poder analizar las necesidades psicológicas de la población en el momento del inicio de la crisis.

Investigación realizada en la Comunidad Autónoma del País Vasco

En este estudio han participado 976 personas de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Se midieron los niveles de estrés, ansiedad y depresión, junto con los ítems relacionados con las variables sociodemográficas de los participantes.

En cuanto a los resultados, los niveles de estrés, ansiedad y depresión de la muestra recogida en la CAPV fueron inferiores a los registrados en el estudio realizado en China. Llama la atención este dato, teniendo en cuenta que el cuestionario se realizó en la fase inicial de la presentación del covid-19. Esto podría explicar, por un lado, que en la CAPV disponían de más información sobre el virus, ya que llegó un mes y medio después de China, y ese conocimiento de la pandemia podría explicar que los niveles de estrés, ansiedad y depresión fueran inferiores. Por otra parte, también es posible que en el momento de la recogida de la muestra, en los primeros días de la epidemia en España, la población aún no vea el alcance de la pandemia en su propio territorio, ya que la epidemia sigue asociándose a un problema remoto que afecta a otros [6,7].

Por otro lado, cabe destacar que en esta muestra se han encontrado medias mayores en los tres niveles de sintomatología (estrés, ansiedad y depresión) a partir del 14 de marzo, es decir, desde el inicio del cierre. Por ello, quizá a la población aún les falta tiempo para aceptar y procesar la crisis que deben afrontar. Además, se espera que estos niveles aumenten a medida que aumenta el tiempo de confinamiento y aislamiento, por lo que sería interesante analizar progresivamente el proceso de esta evolución[8].

Además, los resultados muestran que, como se espera, las personas con enfermedades crónicas muestran una media superior en ansiedad, estrés y depresión respecto a los participantes que no mencionaban ninguna enfermedad crónica. Estos resultados coinciden en que las personas con enfermedades graves o múltiples presentan mayores niveles de síntomas psicológicos ante esta situación de crisis [9].

En los resultados de este estudio, y en contra de lo esperado, se han encontrado medias superiores en estrés, ansiedad y depresión entre las personas de 18 a 25 años que entre las de 26 a 60 años, y por último, la media en las tres dimensiones es menor entre las mayores de 60 años. Llama la atención que las personas mayores tengan una sintomatología más baja en estas dimensiones. Esto puede tener muchas explicaciones. En primer lugar, la ansiedad vivida por los jóvenes desde su rol de alumnos; recordemos que las clases se suspendieron antes de que se estableciera el cierre, lo que puede generar una mayor conciencia de crisis en los alumnos. Por otra parte, en esta crisis ha sido especialmente reseñado el bombardeo mediático recibido desde las redes sociales, especialmente en los primeros días la proliferación de faces news. Es posible que, al ser los jóvenes más activos en las redes sociales, este bombardeo haya empeorado su situación psicológica. Todas estas variables serían nuevas líneas de investigación.

Conclusiones

Ante esta nueva situación, como señalan Liu et al. [24], son necesarias estrategias tempranas para la prevención y tratamiento de las consecuencias psicológicas que puede derivar de una pandemia como la COVID-19. En este sentido, las instituciones con un perfil socio-sanitario, administrativo y educativo, como la academia, podrían diseñar planes y programas de apoyo al estrés, tal y como se hizo en Pekín. De hecho, la Universidad de Beijing elaboró un manual sobre la salud mental, con el objetivo de informar sobre el estrés y otros problemas psicológicos derivados de la aparición del COVID-19 [25]. Asimismo, numerosos hospitales psiquiátricos, centros de asesoramiento psicológico y departamentos de psicología universitarios pusieron en marcha líneas telefónicas especializadas para la prestación de servicios de asesoría psicológica[10].

Los autores de este artículo son profesores e investigadores de los departamentos de Evolución y Psicología de la Educación, Didáctica y Organización Escolar y Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Facultad de Educación de la UPV/EHU.

 

Referencias

1. Chen Q, Liang M, Li Y, et al. Mental health care for medical staff in china during the COVID-19 outbreak. The Lancet Psychamey. 2020.

2. Liu S, Yang L, Zhang C, et al. Online health services in china during the COVID-19 outbreak. The Lancet Psychamey. 2020.

3. Shigemura J, Ursano RJ, Morganstein JC, Kurosawa M, Benedek DM. Public responses to the novel 2019 coronavirus (2019 > nCoV) in japan: Mental health consequences and target populations. Psychamey Clin Neurosci. 2020.

4º Xiang Y, Yang Y, Li W, et al. Timely mental health care for the 2019 novel coronavirus outbreak is urgently needed. The Lancet Psychamey. 2020;7(3):228-229.

5. Wang C, Pan R, Wan X, et al. Immediate psychological responses and associated factors during the initial stage of the 2019 coronavirus disease (COVID-19) epidemic among the general population in china. International Journal of Environmental Research and Public Health. 2020;17(5):17-29.

6º Idoiaga N, De Montes LG, Valencia J. Understanding an ebolas outbreak: Social representations of emerging infectious diseases. Journal of health psychology. 2017;22(7):951-960.

7. Joffe H. Public apprehension of emerging infectious diseases: ¿Todavía changes afoot? Public Understanding of Science. 2011;20(4):446-460.

8º. Brooks SK, Webster RK, Smith LE, et al. Reducción del impacto de la psychological: Rapid review of the evidence. The Lancet. 2020.

9. Dong XC, Li JM, Bai JY, et al. Epidemiological characteristics of confirmed COVID-19 cases in tianjin. Zhonghua Liu Xing Bing Xue Za Zhi. 2020;41(5):638-642: 10.3760/cma.c.cn112338-20200221-00146 [ajuste].

10. Bao Y, Sun Y, Meng S, Shi J, Lu L. 2019-nCoV epidemic: Address mental health care to empower society. The Lancet. 2020;395(10224):37-38.

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