Gestión del corzo

Tal y como hemos explicado en páginas anteriores (22-23), la situación del corzo en el País Vasco ha mejorado notablemente en los últimos años. Entre los motivos se encuentra la prohibición de la caza que se ha prolongado durante varios años, pero debido a la gran cantidad de corzos que hay en la actualidad, la caza ha sido autorizada en algunos lugares.

Para que la caza contribuya a la conservación y al desarrollo de todas las poblaciones es imprescindible una buena gestión. ¿Y qué es la gestión? Se trata de un conjunto de actuaciones encaminadas a incrementar el rendimiento alcanzable de una población, basándose en dos ejes para su idoneidad:

  • Dinámica de la población: la política de caza debe ir dirigida a corregir los desequilibrios de la estructura poblacional.
  • Capacidad de carga del medio. Control de la población admisible para cada hábitat concreto.

Sin duda, para poder gestionarlo es necesario conocer lo que hay y conocer el estado de la población de corzo local. Para ello, se puede utilizar la información obtenida durante las batidas, junto con la información del animal y restos observados en el monte. Por otra parte, es conveniente que el ámbito que se pretende gestionar sea superior a 500 hectáreas, ya que en zonas más pequeñas la propia movilidad de los animales impide conocer adecuadamente el tamaño y estructura de la población. Además, para poder decir si hay muchos o pocos animales en la zona que nos ocupa, debemos comparar nuestras creencias con las densidades teóricas de corzo. Según algunos estudios, en un área de 100 hectáreas de bosque caducifolio y rico, pueden existir entre 10 y 20 corzos, pero en una zona pobre de coníferas del mismo tamaño, sólo 2-5 ejemplares.

En cuanto a la cantidad cazable en un año, hay que tener en cuenta que la población no debe superar la capacidad de carga del medio si no se desea que se produzca un daño al hábitat. Hay que intentar mantener el número de animales en función de lo que pueda dar la máxima producción (normalmente menos de lo que puede tener un determinado hábitat, ya que la densidad excesiva genera problemas de salud). No debemos olvidar que el propio hábitat puede ser gestionado para mejorar sus poblaciones.

Cuando sólo se caza a los machos adultos, la estructura de la población se desequilibra.

Entre las acciones recomendadas destacan la limpieza de fuentes y pozos o el mantenimiento de algunos matorrales. Además, en una población estable, el número de ejemplares cazados debe ser equivalente al crecimiento poblacional (25-30% en nuestro caso). A la hora de retirar los animales, además, se debe eliminar el mismo número de machos y hembras para evitar desequilibrios sexuales. Para alguien esto puede resultar sorprendente, porque las hembras no tienen cuernos y no se consideran trofeos. Pero cuando sólo se cazan machos, quedan pocos machos y muchas hembras, lo que provoca problemas. Asimismo, es necesario eliminar a los jóvenes para mantener la estructura propia de la población.

Los objetivos de la gestión son:

  • Alcanzar la potencialidad del entorno.
  • Difundir comportamientos basados en el respeto a la especie.
  • Reducir la influencia del cazador o furtivismo a escondidas.
  • Impulsar nuevos sistemas de caza. Aunque normalmente se caza en batidas, existen sistemas más adecuados. Lo más adecuado para conseguir poblaciones equilibradas es la espía, ya que el cazador y el guarda parten juntos y se caza de acuerdo a la planificación: cazando el macho, la hembra, la vieja, la joven o cualquier otro.

Conocimiento de sexo y edad

Como se ha comentado en las líneas anteriores, para una correcta gestión es necesario cazar determinados ejemplares de esta población. Para ello es necesario saber diferenciar entre sexo y edad, por lo que a continuación se recogen algunas indicaciones básicas:

El dimorfismo sexual de esta especie es evidente, salvo en el caso de los machos que tienen cuernos en la cabeza, que son demasiado pequeños o que permanecen sin cuernos. En el primer caso, los corzos críos presentan pequeñas cuernos a partir del 3er mes, por lo que se distinguen ambos sexos para poder observarlos desde allí. En cuanto a la época en la que los machos permanecen sin cuernos, podemos observar en la mancha blanca de la parte norte para diferenciar el macho de la hembra. El macho tiene un dibujo blanco renacentista trasero y la hembra presenta aspecto cardíaco, mientras que la hembra presenta una mocheta de pelo blanco en la parte inferior. En la mayoría de los casos, la observación de la mancha trasera es un buen sistema para conocer el sexo.

Además de estas características, también se puede detectar si es macho o hembra, como en la forma del animal (con una fachada más fuerte en los machos), en la posición que adopta al orinar, etc.

En función de la edad, las crías nacidas en ese año pueden ser fácilmente separadas hasta los cinco meses, ya que además de ser de pequeño tamaño, están vestidas de cuero con manchas blancas. A partir de ahí las ramas de los machos nos ayudarán a diferenciar. A los 11-13 meses tienen dos cuñas a la altura de las orejas. Al año siguiente, los machos de mejor forma pueden tener ramas de tres puntas que llegarán al máximo a los cinco años. El aspecto general del animal puede contribuir a conocerlo tanto, ya que los jóvenes son más esbeltos y a medida que envejecen parecen más lentos. Con el animal en sus manos se puede observar también la dentición.

Para conocer el estado de la población de corzo, la información de las batidas es muy valiosa, junto con la información de los animales y restos observados. En las fotos se puede ver la señal del macho para marcar su territorio, es decir, el ramal lanzado.

A pesar de que hasta hace pocos años no se pensaba mucho en los planes de caza, hoy en día se constata que el control de todas las actividades de caza es imprescindible; en definitiva, de ello dependerá el futuro de este elegante animal.

En Iparralde llevan más años gestionando ungulados que en Hegoalde, ¡y han detectado sus consecuencias!

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