El galápago corriente, su guardaespaldas

FICHA TÉCNICA Galápago circulante

Al igual que otros niños, a mí también me regalaron una tortuga de pequeña, el día que cumplí seis años, si no me equivoco. Aquella tortuga llamada “Bixkor”, la llevaba siempre que íbamos a jugar al río y una vez que la dejé mal atada me salió. “Lasai Miel Mari, que aparecerá” me decía mi madre mientras pensaba que “dará un gran pake”. Pero “Bixkor” nunca apareció. ¿Qué pudo hacer aquel animal? ¡Quién sabe!

El galápago corriente es un quelonio que vive en los alrededores del agua. Como su nombre indica, puede vivir en aguas móviles.

La verdad es que hasta que empecé a escribir este artículo nunca oí el nombre de galápago, y decía la tortuga a todos los reptiles que tenían el dorso y el vientre envueltos en cáscara. ¡Si no! Las tortugas de agua dulce se llaman apoarmadas y, aunque son similares a las tortugas, tienen un cuerpo moldeado para el agua y son de concha algo aplanada. Tanto los galápagos como las tortugas están clasificadas en el orden de los quelonios, y como en los últimos 200 millones de años han sobrevivido en nuestro planeta, podemos decir que han tenido mucho éxito. ¿Pero hay quelonio aquí? Como hemos visto, puede haber algún ejemplar raro abandonado o suelto en cualquier lugar, pero además de las especies exóticas, en estas zonas habitan dos especies de galápagos encharcados ( Emys orbicularis ) y el galápago corrupto ( Mauremys leprosa ).

El galápago contráctil es una tortuga de agua dulce de unos 20 cm. Al igual que en el resto de los quelonios, este caparazón está formado por placas de hueso recubiertas de cuerno y atado a las vértebras y costillas de columna. Esta cubierta les proporciona una excelente defensa frente a los peligros y, para protegerse de los depredadores, pueden ocultar la cabeza y las extremidades dentro del caparazón. Además de estas ventajas, la inclusión en una cubierta rígida limita la capacidad de movimiento del apoyado y supera en gran medida la movilidad del cuello.

A diferencia del galápago encharcado, el joven corriente presenta una clara quilla en el caparazón y en el caso de los adultos, en la parte trasera de la cáscara. Asimismo, la presencia de placas inginales en el caparazón y la presencia de erosiones por parte de muchos ejemplares, provocadas por alguna infección de algas, son sus características. Esta enfermedad provoca en algunos casos la caída de alguna placa, por lo que en castellano es conocida como “leprada”. Por otro lado, presentan una coloración pardo-grisácea o verde casi sin manchas en la zona dorsal y en la parte inferior del horisca. En el cuello y en las patas delanteras, por su parte, aparecen restos de color naranja.

Como su nombre indica, el galápago corrosivo vive en aguas móviles, pero también en pantanos y pozos. Un buen cazador, aunque sin dientes, utiliza el pico fuerte para detectar peces, anfibios e invertebrados acuáticos. También se alimenta de peces y otras carroñeras muertas y, ocasionalmente, de vegetación de ribera.

Su caparazón le proporciona una excelente protección frente a los depredadores.

Como es sabido, estos reptiles son bastante lentos fuera del agua y se van tirando de las patas delanteras y empujando con las de atrás. En el agua, sin embargo, esta marcha cambia drásticamente. El uso de patas palmadas largas a modo de remo, tanto en el buceo como en el buceo, permite un movimiento inmejorable y vital. Además, tienen una vida tranquila y les gusta tomar el sol con calma. Al ser lentas, podríamos pensar que terminan con frecuencia en el vientre de los depredadores, pero parece que, además del ser humano, pocos enemigos consiguen superar la protección del caparazón. Además, cuando un enemigo incita puede echarle un chorro de olores anales asquerosos para que le deje en paz.

A principios de primavera los machos se acercan a las hembras y se emparejan en el agua. A pesar de que el cuerpo rígido para esta tarea no facilita mucho, la parte inferior del caparazón del macho suele ser ligeramente cóncava para poder subir la reunión dorsal de la hembra. A finales de primavera o verano, la hembra realiza un orificio en la orilla del río con fuertes cortezas de piernas, donde pone 5-10 huevos. A continuación, cubre cuidadosamente la escoba con tierra y termina con ella las labores reproductivas de los padres. Los huevos se incuban bajo tierra y, al cabo de un mes, con su abultamiento en la punta, los crías de 5-6 gramos de peso y unos 3 cm de longitud rompen la cáscara del huevo. Estos tendrán que desenvolverse sin ayuda desde el momento de su integración.

Son animales de larga supervivencia. Se ha podido observar que sólo algunos pueden llegar a cumplir los 70 años, pero la media es muy inferior, en torno a los 25. Sin embargo, a lo largo del año pueden permanecer parados durante largos periodos. Durante el invierno es normal que se mantengan en el barro y en épocas de sequía pueden adoptar un comportamiento similar.

En las dos comarcas representadas en el mapa de distribución se considera que existen poblaciones locales. Por lo demás, aunque se han encontrado varios ejemplares, no está claro si son autóctonos o no.

En cuanto a su distribución, el galápago corriente es una especie mediterránea. Vive en gran parte de la Península Ibérica y, además, ex-Jugoslabia y al sur de Bulgaria, noroeste de África y suroeste de Asia. En cuanto a su distribución en Euskal Herria, poco sabemos. Hay pocas citas confirmadas y algunas de ellas pertenecen a zonas humanas como Pamplona. Ante la necesidad de extremar la precaución en este tipo de casos (que pueden ser a favor o liberados), los expertos consideran que las poblaciones locales del galápago corriente se encuentran en dos lugares: Alrededor del río Ebro y en una zona entre Navarra y Lapurdi. Este segundo puede sorprender por su ubicación en la zona cantábrica, pero también es una zona templada y adecuada a baja altura. En cualquier caso, a medida que se reciba la nueva información (si se recoge) se podrá completar el mapa de distribución de este singular reptil.

Por último, mencionaremos los principales problemas que puede sufrir este animal. Por un lado, hay que destacar la mala marcha de todos los humedales, ya que se ha producido el desecamiento de los pozos, la contaminación de las aguas y la desaparición de la vegetación de ribera. Por otro lado, tenemos las incorporaciones ya mencionadas. Estos causan normalmente un daño, ya que pueden ampliar las enfermedades, alterar la distribución original y alterar con los ejemplares salvajes la singularidad genética de la población local. El control de los accesos y la caza de ejemplares, así como la protección de los humedales, serían necesarios para el mantenimiento de estos animales desconocidos e interesantes.

Especie: Mauremys leprosa Familia: emididos Orden: quelonios Clase: reptiles

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