La Antártida se derrite

Kaltzada, Pili

Elhuyar Zientziaren Komunikazioa

El clima está cambiando. A algunos les ha costado aceptarlo, pero tras el reciente viaje de investigación de Greenpeace en la Antártida, difícilmente se pueden rechazar los datos aportados. Las sospechas se han convertido en evidencia y las demandas hasta ahora, en exigencia. La Cumbre Mundial del Clima, que se reunirá a finales de año en Tokio, acogerá debates de diverso grado.

El barco MV Artic Sunrise, de la organización ecologista Greenpeace, partió el pasado 17 de enero del puerto argentino de Ushuaia, donde regresó el 15 de febrero, tras casi todo el mes de trabajo de investigación. El principal cometido de la expedición de investigación era estudiar los cambios que se están dando en la Antártida y así lo ha hecho durante ese tiempo: ha estudiado con detalle la temperatura, la estructura de las placas de hielo, la flora y la fauna, llegando a las conclusiones que se recogen en el mapa adjunto.

Estos datos, sin duda, explican la gravedad de la situación. Sin embargo, no se han encontrado nada nuevo: los compañeros de expedición que esperaban encontrar esta situación antes de salir. En el documento publicado por el Comité Internacional de Expertos sobre Cambio Climático en el año 1995 se reconocía que “los datos recogidos indican que el clima está cambiando y que la influencia de la presión humana es total”.

Esta preocupación ya era recordada por muchos, y en los encuentros internacionales celebrados tanto en Río de Janeiro como en Toronto se aprobaron medidas encaminadas a encauzar la situación. Entre lo dicho y lo realizado, sin embargo, también se ha dado demasiado margen. Estas medidas han quedado en papel mojado. A finales de año se podrá redirigir todo esto, con la celebración de la Conferencia Internacional del Clima en Tokio, a la que Greenpeace trasladará los datos recogidos en el trabajo exterior de los últimos meses.

Espejo polar

Estos síntomas que denuncian el cambio climático son más fáciles de sufrir en los polos. Según los datos aportados por los científicos de la British Antartic Survey en el año 1994, desde hace 130 años, cuando se comenzó a estudiar sistemáticamente los cambios de temperatura, hasta la actualidad, no se ha observado un calentamiento progresivo en la Antártida en los últimos años.

Las temperaturas han aumentado en la Antártida y esta tendencia se ha mantenido durante varios años. Como consecuencia de ello, las grandes placas de hielo comienzan a liberarse de la costa, tal y como se aprecia en los datos aportados por Greenpeace. Si la temperatura del agua y el aire aumenta, las estructuras de hielo avanzarán hacia el sur sin remedio. Además, los científicos han observado que las colonias de pingüinos son cada vez más escasas y que la flora también está cambiando drásticamente; la presencia de especies que hasta ahora no se veían en los polos está siendo muy elevada debido a la liberación de semillas que antiguamente habían quedado “atrapadas” en los hielos, todo apunta. El krill que necesitan los pingüinos para subsistir es cada vez más escaso, lógicamente debido a la disminución del hielo. Obviamente, en breve se creará una cadena enorme, al menos si ya no se ha puesto en marcha.

Lo anteriormente expuesto son cambios observados en los propios polos. En cualquier caso, lo que está sucediendo en estas gigantescas masas peladas afectará directamente al clima de todo el planeta. Los cambios no se limitarán al mismo.

Por ejemplo, al retroceder el hielo cambia la relación entre la energía que reciben y expanden los océanos, lo que se conoce como efecto albedo y los científicos creen que esta capacidad se está perdiendo poco a poco, con lo que los mares perderían su capacidad de absorber CO 2 y el propio calor con todo lo que ello supone. El nivel del mar también se verá afectado; el fenómeno no es nuevo, en los últimos años se han observado datos que demuestran el retroceso de la costa, pero todo apunta al principio. ¿Qué pasaría si todas las placas de hielo de los polos se diluyeran? Puede ser una pregunta extrema, pero, como sabemos, la realidad a menudo supera la ficción.

En 1991, el científico polar Bill Budd descubrió la estrecha relación entre el cambio climático y el adelgazamiento de la capa de ozono. La continua producción y consumo de gases que incrementan el efecto invernadero no redundará en beneficio del fenómeno ya iniciado.

Hay quien espera poco sobre la cumbre que se celebrará en Tokio. Probablemente los expertos que se acerquen no propondrán nuevas medidas para frenar el cambio climático, por lo que se volverá a hablar de la limitación del uso de gases de efecto invernadero o de la prohibición de la pérdida o deforestación. No se esperan nuevas soluciones y no es necesario. Tanto en Río de Janeiro como en Toronto se aprobaron estas medidas, falta su cumplimiento y ejecución.

El barco MV Arctic Sunrise partió el 17 de enero hacia la Antártida, y salió de Ushuaia (Argentina) y regresó a ella el 15 de febrero. Pasó todo el mes en trabajos de investigación. La misión del viaje, que los miembros de la expedición llevaban definidos día a día, consistía en estudiar con detalle la flora y fauna de la Antártida, para documentar las señales que demuestran que el cambio climático se está produciendo. En 1975 fue el primer viaje del MV Arctic Sunrise. Fabricado en astilleros noruegos, navegó hasta su adquisición en 1995 por Greenpeace, Polarbjorn. Los miembros de Greenpeace conocían bien el barco, ya que antes de comprarlo fue utilizado por el ejército francés en el proyecto de construcción de una pista de aterrizaje en la Antártida y entonces los activistas de Greenpeace se encadenaron a Polarbalín como protesta. El viaje de investigación del mes ha contado con la participación de 30 personas: miembros de la tripulación, personal de conducción de los dos helicópteros que viajaban, coordinadores de campañas, miembros del equipo científico y periodistas.

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