Neutrino alto

La radiación beta era explicada según el principio de conservación de la energía. La partícula no contenía masa ni carga eléctrica y mantenía constante la velocidad de la luz.

Hace casi sesenta años el famoso físico Wolfgang Pauli sugirió la existencia de partículas atómicas inéditas en pruebas experimentales. La razón era explicar la radiación beta de acuerdo con el principio de conservación de la energía.

La energía que se extrae de este tipo de irradiación podía explicarse a través de una partícula que hasta entonces no era detectable por la inexistencia de instrumentos adecuados. La partícula no contenía masa ni carga eléctrica y mantenía constante la velocidad de la luz. En 1934 Enrico Fermi bautizó a la partícula como neutrino.

Los razonamientos matemáticos han revelado que el neutrino es el más penetrante de las partículas subatómicas, pero a una distancia del diámetro de la Tierra sólo uno de cada diez mil millones reaccionaría con neutrones o protones.

En el año 1956 se detectaron experimentalmente por primera vez neutrinos, cuando un haz de antineutrinos de un reactor nuclear retiró los protones dando lugar a neutrones y positrones (electrones positivos).

Luego el neutrino empezó a dar quebraderos de cabeza. Por un lado, no estaba seguro de que fuera sin masa, y por otro lado había dos o tres tipos de características muy diferentes (el llamado e se asigna al electrón y el mu al muón). Sesenta años después de la invención del neutrino, Hime y Jalley (mientras estudiaban la desintegración beta del azufre 35) descubrieron que la masa de un tipo de neutrino o neutrino desconocido era suficiente para repasar gran parte de la física teórica.

Hime y Jalley no han conseguido capturar el neutrino pesado, pero basándose en el principio de conservación de la energía y calculando la energía liberada por el átomo de azufre en la desintegración, han extraído la energía del electrón con una masa de 17 keV. La masa no es grande, claro está, si se compara con 511 keV del electrón, pero es mucho mayor de lo que se pensaba.

Hime y Jalley pueden estar equivocados, por lo que lo más prudente es no sacar conclusiones antes de comprobar sus trabajos.

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