¿El ser humano es el objetivo de la evolución?

En la Columbia Británica, en la cordillera canadiense, en 1909, se descubrieron fósiles muy curiosos de la era Cámbrica (hace 570-500 millones de años). Estos fósiles nos hablan de los animales que vivían en el mar en aquellas lejanas épocas (hace 550 millones de años). Son los únicos testigos que tenemos para conocer lo que pasó en la primera época del Camboya, y muy importantes, sobre todo por dos motivos.

Por un lado, porque son los antepasados de todos los animales que se crearían con una evolución posterior. Por otra parte, estos fósiles son de origen carnal (todavía en evolución, las espinas y las conchas no estaban formadas) y desde este punto de vista se pueden ver como milagros de la paleontología. Recordemos que casi toda la información del registro fósil se ha basado en partes duras de los animales, ya que es muy difícil que otros (invertebrados) lleven a cabo un proceso de fosilización.

Al principio nadie pensó sobre la revolución que había en aquellos fósiles, pero después de ese tiempo, y después de un estudio profundo, no hay duda: Desde que Darwin creó la teoría evolutiva, parece ser el descubrimiento paleontológico más importante.

La cantera de fósiles de Burgess Shale (así se llama), en el Camboya, nos indica que en los mares terrestres había 40 phylas (diseños básicos de la vida que luego vendría). Entre estos diseños se encontraban los 20 phyls que conocemos hoy en día, pero también otros veinte para paleontólogos totalmente desconocidos y que luego se escondían en la evolución de la vida. Hemos podido aprender estos diseños especiales, que han desaparecido de nuestro mundo, en los prodigiosos fósiles de Burgess Shale, así como sus características completamente nuevas, que no encontramos en la vida actual.

Y además de ser muy curiosos, sorprendentemente nos hemos dado cuenta de que estos animales tan especiales no estaban mejor adaptados para mantenerse vivos frente a los que hoy sobreviven. Estudiados en su medio ambiente, los paleontólogos consideran que cualquiera de ellos podía avanzar en el árbol evolutivo de la vida, sobreviviendo y evolucionando hasta la fecha. Según el prestigioso paleontólogo Stephen Gould, “Si volvemos a estar en el período Cántabro y la evolución tuviera la oportunidad de repetir su camino, probablemente no se repetirían los caminos evolutivos que han existido hasta ahora. En nuestro mundo probablemente no habría cucarachas, mosquitos o moscas, abejas y belleza de las flores que hoy conocemos. Podríamos ver otro planeta vivo totalmente diferente”.

Este descubrimiento paleontológico genera otra idea revolucionaria. Si la evolución se repite, seguramente no serían los seres humanos que hoy conocemos. Si se crea inteligencia, surgiría de otra estructura básica (phyla), totalmente diferente a la nuestra. Por tanto, hemos llegado al lado más revolucionario de la teoría de Darwin. La evolución no tiene un objetivo obligatorio.

La evolución, en función del estado físico-químico-geológico-ecológico, da una serie de respuestas que tratarán de seguir todos los caminos posibles en la evolución. Las posibilidades que se dan en diferentes lugares y situaciones del universo son infinitas (según la astrofísica y cosmología actual), pero para nosotros lo más perturbador de momento es saber que en nuestra casita (Lur) amada también pueden existir autopistas diferentes para la vida y la mente, y si nosotros hemos nacido ha sido por contingencia. Además, si se repite la película probablemente no volveríamos a aparecer aquí.

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