Nutrición y cáncer

En los últimos años de la historia la alimentación humana ha sufrido importantes cambios. Vivían a través de la caza y los frutos y en el siglo XX. una vez que han perdurado hasta el siglo XIX (el Kalahari, por ejemplo en los bosquimanos del desierto de Sudáfrica), nos da una visión inmejorable de la alimentación actual. En los países prehistóricos que vivían en un clima templado, sólo el 20% de las calorías totales eran asociadas a la grasa (la mitad de la dieta típica occidental actual). De éstas, las grasas insaturadas eran mucho más que las saturadas. Por otra parte, el contenido en fibra era de 45 g/día y no al oeste de 15 g o menos, y el consumo de ácido ascórbico era 4 veces superior al actual.

Si en la evolución humana reconocemos que el hombre moderno (Homo sapiens sapiens) apareció hace 30-50.000 años, se puede afirmar que el 90% de la historia humana ha sido de alimentación baja en grasa, abundante en fibra y rica en ácido ascórbico.

Los hábitos alimenticios y alimenticios cambiaron, sobre todo, por la Revolución Industrial (también los hábitos de vida, hace 250 años). A medida que el consumo de grasa iba aumentando, el de la fibra disminuyó y los carbohidratos complejos fueron sustituidos por azúcares refinados. Como consecuencia, el hombre actual sufre un desfase biológico: su fisiología (Prehistórica) XX. La dieta del siglo XX se enfrenta a la dieta.

Al igual que se atribuye a la dieta y a la vida sedentaria que las personas de hoy en día tengan mayor altura, se considera que las personas de hoy en día tienen sobrepeso y enfermedades crónicas (cardiovasculares y el propio cáncer) por la misma razón.

Los estudios realizados nos indican que el desarrollo de ciertos tumores y la ausencia de otros están relacionados con la alimentación. Las grasas están relacionadas con el desarrollo de estos tumores (mama, útero, colon, recto, próstata y arena). Alcoholes con boquilla y esófago. Nitratos con esófago y estómago. Se consideran tumores los minerales como fibras, vitaminas A, C y E, cinc y selenio, etc.

En la actualidad, y a pesar de no disponer de medidas de alimentación para evitar el cáncer, estudios epidemiológicos y datos experimentales demuestran que las dietas bajas en grasas, el bajo consumo de alcohol, el uso moderado de los productos ahumados y el aumento del consumo de frutas y hortalizas son buenas medidas.

Según estos estudios, la adopción de estas medidas no genera enfermedades y puede ser capaz de reducir el número de cánceres relacionados con la alimentación.

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