Cumbre climática

En las cumbres climáticas, no se abordan y discuten adecuadamente todas las investigaciones presentadas, sino aquellas que se ajustan a los intereses geopolíticos y económicos en la estrategia de los poderes más potentes. Estas son las líneas de trabajo que normalmente salen adelante.

En la actualidad, de la energía que se consume actualmente en el mundo, cerca del 76% procede del uso de combustibles fósiles: 33% del petróleo, 23% del carbón y 20% del gas natural. Las emisiones de CO2 a la atmósfera aumentan inevitablemente durante el próximo siglo, ya que para evitarlo habría que recoger el CO2 producido o reducir la quema de combustibles fósiles.

La detección y almacenamiento de CO2 producido es muy difícil, ya que las emisiones son espectaculares, al contrario de lo que ocurre con otros contaminantes como el SO2. Esa masa que se generaría también supondría un volumen enorme y habría que acondicionar grandes almacenes en todos los lugares de generación de CO2. Además de en las centrales térmicas, los almacenes deberían instalarse en los automóviles, lo que parece una idea absurda. Se han
estudiado algunas formas de eliminar en parte este CO2 generado en las centrales térmicas. Una de estas formas sería inyectar el excedente de CO2 en los antiguos yacimientos de gases metánicos agotados, como los de Holanda y el Mar del Norte. Otra vía es la inyección en el mar, a una profundidad mínima de 1.500 metros, con la esperanza de que allí se disuelvan y salgan a la superficie durante cientos de años. Este proyecto aún no es viable, ya que sería muy caro transportar CO2 e inyectarlo en aguas profundas.

En las próximas décadas es prácticamente imposible moderar el consumo de energía en general y por tanto las emisiones de CO2. Es cierto que en los países desarrollados las emisiones de CO2 procedentes de la industria están disminuyendo, pero esto se debe a que el desarrollo económico de estos países permite un uso cada vez menor de la energía por unidad de valor producida, algo que no ocurre en la mayoría de los países en desarrollo, que todavía no han superado la primera fase industrial de los grandes costes energéticos.

En la mayoría de los países el consumo energético está aumentando en el sector del transporte: automóviles, barcos y aviones. La aprobación de una política de aumento de las tasas de estos combustibles, con el objetivo de disuadir a la población del uso de combustibles, será muy difícil en las próximas décadas. Por tanto, mientras no se inventen nuevos métodos de propulsión de vehículos y salgan al mercado –tal vez el método de las pilas de hidrógeno–, las emisiones de CO2 van a ser cada vez mayores en el transporte, y negar esto sería mentir.

Hasta hace poco se consideraba que los recursos de gas natural eran escasos, pero en los últimos años se han descubierto enormes depósitos de metano congelado en el subsuelo de amplios territorios continentales y costeros. En cualquier caso, el carbón sigue siendo un recurso geográficamente mejor distribuido y, por el momento, su uso probablemente no disminuirá en países como China o la India en vías de desarrollo. En cuanto al petróleo, cada vez se encuentran más reservas debido a la mejora de las técnicas de exploración. Así, a largo plazo, el precio del petróleo disminuirá, salvo que concurran otros factores de carácter geopolítico no previsibles.

Si en los próximos años solo destinan esa reducción del 5% pactada en las cumbres de Kioto y Bonn, según los modelos climáticos, si no se hubiera adoptado ninguna medida, sólo se habría evitado que el aumento fuera una décima de grado inferior al previsto.

Debido a las consecuencias del aumento de las emisiones de CO2, la pesimidad existente no es objetivamente plenamente justificada si analizamos diferentes estudios. Por un lado está el modo en que los flujos de transferencia entre el mar, la vegetación y la atmósfera reaccionan. Es posible que el aumento de la concentración atmosférica y el aumento de las emisiones no coincidan y sean mucho menores de lo esperado. Por otro lado, la Tierra ya ha conocido épocas en las que la concentración de CO2 en la atmósfera era mayor que ahora, y no han sido perjudiciales para el desarrollo de la vida. Si los climas se calientan (o se enfrían) como consecuencia del aumento de los gases de efecto invernadero, el hombre seguirá existiendo. A unos les vendrá bien y a otros peor.

El tema es muy complejo, eso es evidente, pero ante la necesidad de una verdadera valentía para resolver los problemas, tenemos que exigir la firmeza de los poderes políticos y económicos. Además, para ello habría que estudiar los intereses económicos que rigen la estrategia geopolítica, para que no nos engañemos, ahí está y la clave real.

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