El mar no está tranquilo

Kaltzada, Pili

Elhuyar Zientziaren Komunikazioa

Hay que retroceder mucho en la memoria colectiva para recordar movimientos similares. Los actos han sido espectaculares y han contado con la participación de numerosas personas. Algunos llevaban el símbolo de la ecología y otros el del sentido humano. Con el objetivo de frenar las explosiones nucleares anunciadas por Francia en el atolón Mururoa, hemos estado a tiempo de resucitar las épocas doradas del ecologismo. A pesar de las explosiones, los Gerlaris del Arco Iris han ganado la batalla del verano. Sin embargo, estamos en el inicio de la guerra.

Mururo es un atolón de la Polinesia francesa. Según la campaña publicitaria llevada a cabo por Greenpeace, “en estos territorios lejanos se concentran las actividades más salvajes del ser humano”. De hecho, en 1966 el Gobierno francés puso sus ojos en el centro del archipiélago llamado Tuamotu, y eligió un espectacular atolón de 20 kilómetros para realizar los ensayos nucleares. Después se han realizado 139 explosiones en el cielo limpio al principio y en el subsuelo al final. Desde 1988, además de en Mururo, en la isla de Fangataufa se han realizado numerosas sesiones nucleares, según datos de Greenpeace, en torno a 15.

Explosiones nucleares

Las fuentes oficiales del gobierno francés insisten en que los programas nucleares son absolutamente fiables. La opinión general, sin embargo, es totalmente diferente. Según las últimas encuestas, cerca del 60% de la población francesa es contraria a los ensayos nucleares. En estas imágenes, la última explosión en cielo claro del Ejército francés en Mururo.

Mururo era una estructura llena de agujeros para 1980. Parecía un queso gruyére. Y es que si bien desde 1963 está totalmente prohibido realizar voladuras de cielo claro, Francia no ha tomado en consideración la decisión aprobada por el resto de Estados. Hasta 1991 no se reunió a este acuerdo.

Desde entonces se han realizado ensayos subterráneos. El primer paso es acondicionar el lugar donde se realizará la explosión. La apertura de un agujero de 2 metros de diámetro y 1 km de longitud ocupa una duración de 6 semanas. La bomba baja por el agujero y después se cubre de cemento. Es ahí donde se realizará la explosión nada más pulsar el botón rojo. En el fondo la energía se desprende, lo que provoca el total vitrificación de la piedra circundante. Esta estructura de vidrio asegura que no salgan radiaciones por el subsuelo, pero en la práctica está confirmada que siempre se producen sombras. El debate sobre las explosiones de Mururo se centra, por tanto, en determinar la importancia de estas sombras.

Además, la violencia de la explosión deja la estructura del archipiélago en un temblor. En la capital de la Raratoga de las islas Cook está instalado el sismógrafo que mide los sacudidos sísmicos de toda la comarca a 200 metros de profundidad. Además, un módem conecta al sismógrafo de las Islas Cook con el Observatorio Central de Nueva Zelanda, avisando a los geólogos de la zona en cuanto se produzca cualquier sacudida.

Medio Ambiente

Pocos datos oficiales sobre el estado del medio ambiente en la polinesia francesa. En este aspecto, el gobierno francés tiende a gotear información y resulta difícil distinguir entre lo dicho y lo cierto. Según la versión oficial, las explosiones nucleares no pueden dañar el medio ambiente porque las medidas de seguridad impiden cualquier tipo de sombra. Sin embargo, los pescadores que conocen bien los entresijos del atolón no son del mismo modo. Mururo y Fangataufa son estructuras coralinas permeables con base basáltica. Estas estructuras han superado por completo el número de radiaciones liberadas actualmente por la avería de Chernobil.

El equilibrio geológico está a punto de romperse, como advirtió el geólogo francés Haroun Tazieff en 1881. En 1987, Jacques Cousteau descubrió una gran cantidad de radioisótopos de media duración alrededor del lago de Mururoa y se mostraron en imágenes los cambios que se estaban produciendo en la estructura del atolón. En el reportaje sobre el inicio del envejecimiento del atolón, Cousteau anunció la necesidad de realizar explosiones en Fangataufa debido a esta degradación. El gobierno francés confirmó que en 1988 se producirían explosiones más fuertes en Fangataufa.

Explotando la salud

El 5 de septiembre se celebró en Mururo la primera sesión nuclear. La explosión de 20 kilotones tuvo una duración de 83 segundos y fue igual a la de hace 50 años en Hiroshima. El gobierno francés tiene previsto realizar otras siete sesiones de este tipo.

Hasta la fecha no se ha realizado ningún estudio epidemiológico sobre la población de la Polinesia francesa. Los resultados de los estudios realizados sobre la salud de los trabajadores que participaron en las explosiones nucleares que se han llevado a cabo en la misma siguen siendo confidenciales, aunque con frecuencia se han solicitado. Los organismos sanitarios son acusados de que la población quiere ocultar algo grave. Suelen responder que no tienen que dar a conocer los datos. El ambiente no facilita el estudio de los daños producidos por las explosiones, por lo que la única fuente es el testimonio directo de los habitantes de las islas. Según datos publicados recientemente por Greenpeace, la situación provocada por las explosiones puede ser más grave de lo que se nos ha dicho oficialmente.

Cuando se les ha preguntado uno a uno, los habitantes de Mururo no han dudado: Desde el momento en que Francia comenzó a realizar explosiones nucleares, el estado de salud de los ciudadanos ha empeorado. Desde 1975 se ha producido un aumento desproporcionado de la población con cáncer, de la población que sufre malformaciones congénitas o de la aparición de enfermedades hasta entonces desconocidas. Desde entonces, el Gobierno francés ha reconocido la explosión de 130 cabezas nucleares. Los que realmente han explotado son, por tanto, mucho más.

¿Qué hay detrás de las explosiones?

“Las explicaciones que ha dado Francia y las investigaciones que se están llevando a cabo sobre las explosiones nucleares no coinciden en absoluto”. Así habla Christopher Paine, miembro de la Comisión de Explotación de Recursos Naturales. Según datos publicados por la revista New Scientist, durante los últimos meses los miembros de la organización han realizado numerosos viajes. Aunque no han conseguido frenar las explosiones nucleares, han podido obtener información de primera mano sobre la verdadera razón de estas pruebas. A pesar de que el gobierno francés no lo ha reconocido oficialmente, han denunciado que las explosiones las utilizarán para poner en marcha la próxima generación de armas nucleares. “Francia ha hecho un gran esfuerzo en esta línea de estudio”, señalaba Paine.

Según esto, detrás de las nuevas explosiones se pretende utilizar cabezas nucleares mucho más potentes que las actuales. Sin embargo, el Instituto Francés de Energía Nuclear considera que el fondo de las sesiones es mejorar las armas existentes. Este programa de simulación es parte del proyecto general denominado PALE.

Dentro de este programa está previsto, entre otros, el gigante láser que se instalará en Burdeos en 2003. Sabemos que este tipo de láseres pueden utilizarse en explosiones termonucleares para optimizar el comportamiento de las cabezas nucleares y que, según las malas purines, será el uso más importante de Burdeos. El láser provocará una explosión de hidrógeno y acelerará la fusión de los núcleos, y analizando los resultados, resultará más fácil y eficaz crear modelos sobre explosiones nucleares.

Del modelo a las sesiones reales sólo hay un pequeño paso. Con la misma simulación, se acelerará también el diseño de las nuevas cabezas nucleares de los misiles aire-tierra y las que se instalarán en los buceadores Triomphant a partir del año 2000.

Acuerdo para la No Proliferación de Armas Nucleares (AEUA)

El convenio entró en vigor en 1970. El acuerdo reconoció en 1967 a los cinco estados propietarios de armas nucleares: EEUU, Unión Soviética de la época, Francia, Reino Unido y China. Desde su aprobación, 165 Estados se han adherido al Acuerdo. El acuerdo adoptado por estos Estados prevé una serie de obligaciones para limitar la producción de armas nucleares. Los cinco Estados propietarios de armas nucleares no fomentarán la transferencia de tecnología en aquellos Estados que no dispongan de armas nucleares. Los Estados sin armas nucleares no recibirán tecnología ni producirán armas nucleares. Asimismo, aprobarán el programa de análisis que gestionará la Organización Internacional de Energía Atómica. Las Organizaciones Internacionales garantizarán que el uso de la energía nuclear se destine a fines pacíficos. Todos los Estados se comprometen a reducir el armero nuclear y a promover el desarme. La AEUA se renovará cada cinco años. Para ello se celebrará una Conferencia Internacional en la que todas las decisiones tomadas en la misma deberán contar con el visto bueno de la mayoría.

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