La ingeniería como motor del desarrollo industrial en Euskal Herria

Los aquí reunidos no creo que tengamos ninguna duda de que el motor del desarrollo industrial de Euskal Herria ha sido la Ingeniería.

Como sabéis, la Escuela de Ingenieros de Bilbao nació en 1897 gracias a la iniciativa de la Diputación de Bizkaia y del Ayuntamiento de Bilbao. Con el objetivo de consolidar el desarrollo industrial que se estaba produciendo en la zona del río Bilbao, surge la necesidad de los Ingenieros, que dieron respuesta a esta demanda. La relación entre el desarrollo industrial de la época y la escuela resultó muy beneficiosa. Hay que señalar que otros factores influyeron directamente en este hecho, como las materias primas autóctonas, la creación de capitales y la rentabilidad de los mismos, el clima de paz generado por la falta de participación española en la Primera Guerra Mundial, la presencia de profesionales cualificados en Deusto y en la Escuela Comercial de Bilbao y el dinamismo vasco

y para el trabajo… pero la creación de la Escuela de Ingenieros fue fundamental para lograr ese desarrollo.

Han pasado cien años y a pesar de que la situación externa es diferente o la económica es distinta, las premisas siguen siendo útiles. En Euskal Herria ya no tenemos materias primas ni fuentes importantes de energía. Nuestra sociedad no es rural. Escaso peso del sector primario. Tenemos que trabajar en el desarrollo del segundo y tercer sector. Ahora, además, nos vemos en la necesidad de afrontar una nueva situación, la competencia que se creará en los próximos meses cuando entre en vigor el Acta Simple Europea.

El desarrollo industrial y el crecimiento económico se basa en gran medida en la capacidad de renovación de los cuadros técnicos y en especial de los ingenieros.

Las condiciones de convergencia europea diseñadas en Maastricht serán muy duras si queremos subir a los primeros vagones del tren que partirá en 1996. El reto está encima. La respuesta es inmediata pero posible. Mientras aquí estamos en plena efeméride de cumpleaños, exposiciones y juegos, los países de nuestro entorno, que serán nuestros competidores más cercanos, se preparan para este esfuerzo.

En un Consejo de Ministros de los últimos tiempos en Francia, cada año se ha decidido promover todo tipo de medidas para la creación de 37.500 nuevos ingenieros. Esto supone duplicar el número de graduados actuales. El documento del Consejo dice textualmente: “El desarrollo industrial y el crecimiento económico se basa en gran medida en la capacidad de renovación de cuadros técnicos y, especialmente, de ingenieros”. Recordar que en España el número de graduados no llega al 20% de los mismos. Hay que decir, sin embargo, que el Ministerio de Educación ha empezado a mostrar su preocupación por este tema y que pide que se formen más ingenieros de primer ciclo.

Ya sabéis que Francia está ayudando a otros países a solucionar este problema. Nosotros, de la Escuela de Bilbao, gracias a un acuerdo transfronterizo entre Aquitania y Euskadi, hemos firmado un acuerdo con la Cámara de Comercio de Baiona y estamos impartiendo a un grupo de alumnos de la Escuela de Organización Industrial los estudios de Ingeniería Industrial. El programa ha tenido un gran éxito y una buena acogida por parte de las industrias francesas. Muchos de ellos cada vez tienen más interés en España. Los franceses sí se han dado cuenta de que la Ingeniería es el motor del desarrollo industrial y por tanto de toda la actividad económica.

Pero vamos a analizar los aspectos concretos que nos preocupan y a echar una mirada al futuro que viene. Un futuro complicado pero muy interesante. La imaginación y la profesionalidad serán fundamentales. Se trata de un reto atractivo y de una época fascinante que merece la pena vivir. El elevado Déficit Público hace que la situación industrial sea confusa. Esto supone establecer tipos de interés excesivamente elevados. Además, tenemos una moneda sobrevalorada, el déficit comercial es demasiado elevado, los beneficios de los empresarios se han reducido, las inversiones en la industria se han estancado y, por tanto, las posibilidades de estabilidad en el desempleo y creación de nuevos puestos de trabajo han desaparecido.

Como consecuencia de los acuerdos adoptados en Maastricht para la convergencia europea, la debilidad generada por esta situación se acentúa cuando a principios del próximo año nos integramos en el Mercado Único. Todo ello nos sitúa ante el reto que debemos afrontar. Para poder hacer frente a las dificultades que surjan será imprescindible prever el futuro. Sólo si analizamos bien nuestras debilidades, diseñamos un buen plan de acción y somos capaces de trabajar con ganas y sin desesperación, afrontaremos todas estas dificultades. Eso sí, todos y todas, personas e instituciones, tenemos que actuar con generosidad en esta tarea tan importante para todos y todas.

La competencia que viene va a ser tremenda. No sólo vendrá de los países que integran la Unión Europea. Tendremos que competir también con Estados Unidos, Japón, países del sudeste asiático y países del centro y este de Europa. Por otra parte, no sólo las empresas participarán en esta competición. También participarán las Administraciones del Estado y de las Comunidades Autónomas, ofreciendo estructuras adecuadas y tratamientos especiales. Si vamos a responder a este reto, tendremos un futuro así.

Para impulsar la economía, los empresarios demandan constantemente a la Administración una flexibilidad laboral, un tratamiento fiscal más adecuado, una reducción del gasto público, una reducción de los tipos de interés y una agilización de la burocracia administrativa. Aunque todos estos temas son muy importantes, no los voy a tratar aquí. Creo que se pueden dar respuestas en cualquier momento, obteniendo resultados inmediatos sin demasiado retraso.

Sin embargo, hay otras dos condiciones básicas que son imprescindibles para poder empezar bien preparado a esta competición. Estas dos condiciones no pueden ser atendidas de manera gratuita. Por el contrario, la formación previa requiere un tiempo largo y un esfuerzo continuado, pero los resultados no se verán a largo plazo. El primer requisito es tener acceso a las infraestructuras en su sentido más amplio. Infraestructuras para el transporte de personas y mercancías (ferrocarriles, autopistas, metro, aeropuertos y puertos marítimos), redes de telecomunicaciones: redes de envío de datos y audiovisuales, redes de interconexión de ordenadores y otros ordenadores y bases de datos a distancia. El acceso a las redes energéticas también es necesario; la red eléctrica, para que ofrezca energía suficiente y económica. Red de gas, plantas de gasificación, refinerías de petróleo, importación de carbón y acceso portuario.

El Gobierno Vasco, las Diputaciones Forales y los Ayuntamientos han tomado conciencia de este tema y desde hace tiempo se están haciendo grandes esfuerzos para solucionarlo.

La segunda condición imprescindible es la educación. Educación en todos los niveles educativos y en relación al proceso de convergencia europea, especialmente en el ámbito tecnológico (tanto a nivel de formación profesional como de ingeniería). Sin duda, es imprescindible que los ciudadanos aprendan y tengan cultos. Y es que nuestra capacidad de convivencia se basa en eso. Este requisito es imprescindible y creo que está bien planteado a nivel de EGB y bachillerato.

El conocimiento de las nuevas tecnologías es el activo inmaterial más importante de las sociedades industriales. Transmitir este conocimiento y formar a un amplio colectivo de jóvenes con una formación tecnológica actualizada es nuestro mayor reto actual.

A nivel universitario tengo mayores incertidumbres y además tenemos una nueva formación profesional, tanto reglada, como ocupacional y de tercer grado. El conocimiento de las nuevas tecnologías es el activo inmaterial más importante de las sociedades industriales. Transmitir este conocimiento y formar a un amplio colectivo de jóvenes con una formación tecnológica actualizada es nuestro mayor reto actual. Esto es lo que han empezado a denominarse “Revolución del conocimiento” y no podemos perder esa guerra.

Analizaré nuestras carencias y trataré de proyectar un modelo que facilite el progreso de nuestra sociedad. Nuestros planes de estudio han sido a la vez generales y enciclopedistas. Cada profesor enseña su asignatura y para cada profesor lo más importante es su asignatura. Los estudios de ciclo largo tienen una duración mínima de 6 años y se pide al alumno que sepa “todo”. Al finalizar la carrera se ofrece al alumno la posibilidad de cursar el Máster de postgrado.

¿Y por qué no hacer una segunda carrera complementaria? (como Economía o al menos Máster en Administración de Empresas). El alumno que va superando todos estos obstáculos está muy cansado de aprender con unos 30 años y dispuesto a trabajar sin querer actualizar el conocimiento. Y, paradójicamente de la sociedad actual, entonces se le exige experiencia profesional y conocimiento de idiomas para poder acceder a su primer empleo. Finalmente, si no ha podido elegir la empresa a los 50 años, puede encontrar un plan de reconversión y una jubilación anticipada.

Hemos diseñado un modelo educativo basado en el sacrificio personal del ser humano, algo poco eficaz y estimulante para la sociedad.

Yo creo que los estudios deberían ser más cortos. Programas con menos temas y estudios más experimentales. La organización de los estudios debería ser cíclica y continua. Me parece equivocado el deseo de algunas Escuelas de Ingeniería Técnica de prolongar sus estudios. Si hasta ahora la organización de los estudios se ha basado en el interés del profesorado, es hora de priorizar la racionalidad y, sobre todo, de buscar el aprovechamiento del alumnado.

Los estudios de ingeniería deberían diseñarse armónicamente, educando a un número creciente de alumnos en estos temas y diseñando un proceso integrador con gran repercusión social. Los primeros ciclos de los estudios deberían ser sencillos, accesibles para muchas personas. En estos ciclos los alumnos recibirán una formación básica general y algún grado de especialización. Los estudios de investigación y laboratorio tendrían más importancia que la mera teoría y la aplicación de problemas. Debe ser flexible, de forma que el alumno pueda pasar de una carrera a otra si lo desea. Fomentar el trabajo e iniciativa personal (consultas de la biblioteca, realización de proyectos, entrevistas de tutorización) sin perder de vista la pasividad a las clases magistrales. Por último, ofrecer prácticas en empresas, así como la posibilidad de aprender idiomas y asistir a Escuelas de Ingeniería en el extranjero.

Para tomar conciencia de la dimensión práctica de la realidad industrial, sería conveniente que antes de finalizar el primer ciclo y comenzar el segundo, muchos alumnos trabajaran durante un tiempo (uno o dos años) en una empresa. A partir de ahí se pueden iniciar los estudios de 2º ciclo. Serían más diferenciados, pero en dificultad progresiva recogiendo la parte de los estudios básicos generales y avanzados. Este segundo ciclo de dos años podría ser compatible con el trabajo de la empresa y obtendría el título de Ingeniero. Posteriormente, los estudiantes que lo deseen podrán finalizar su formación en el grado de doctor.

Varias Escuelas de Ingeniería Técnica Estatal, apoyadas por Asociaciones Profesionales, han creado una tensión insostenible que puede provocar el fracaso de la reforma de la Ingeniería Técnica, tan importante para el desarrollo económico futuro. Dos afirmaciones falsas son que los Ingenieros no se homologarán en Europa si no han cursado 4 años de estudios” y “Conocimiento de especialidad en Ingeniería Industrial (mecánica, electricidad, automática y electrónica, organización industrial, química, etc.) terminan en el primer ciclo.

La homologación por créditos mínimos de los planes de estudios se aplica únicamente a aquellas carreras de incidencia social directa, tales como arquitectura y ciencias de la salud (médicos, odontólogos y enfermeras). Además de huir de la uniformidad en otros estudios, se pretende fomentar una diversidad enriquecedora en Europa. El grado en ingeniería puede obtenerse por vía estrictamente académica o mediante programas mixtos, basados en estancias en la industria e incluso sólo por profesión.

Por otra parte, es adecuado organizar el conocimiento de carreras especiales en dos ciclos continuos. Así estaban diseñados los estudios de 2º ciclo que duraban dos años ofreciendo los siguientes títulos: Ingeniería en Mecánica y Fabricación, Ingeniería en Electricidad y Potencia, Automática y Electrónica

Ingeniero Industrial, Ingeniero en Química Industrial e Ingeniero en Organización Industrial.

De esta manera se daba continuidad natural a los actuales estudios de Ingeniería Técnica, dando continuidad a las especialidades existentes.

Con un máximo de 270 créditos, los alumnos que durante 3 años realizarían estudios de Ingeniería Técnica tendrían dos opciones: preparar durante varios meses un Proyecto Fin de Carrera y realizar una estancia en una adecuada industria dirigida desde la Escuela. O pasar directamente al segundo ciclo de su especialidad para completar 180 créditos más.

Los alumnos que opten por la primera opción obtendrían el título de Ingeniero Técnico y podrían trabajar con la misma atribución que tienen en la actualidad. El alumno que decida dar continuidad a los estudios no tendría que preparar el Proyecto de fin de carrera del primer ciclo y se iniciaría inmediatamente en el 2º ciclo, finalizando con el Proyecto de Graduado.

Varias Escuelas Universitarias de Ingeniería Técnica ampliarían sus estudios estableciendo especialidades de 2º ciclo adaptadas a la industria local. Por otro lado, los estudios serían más flexibles, ofreciendo diferentes opciones a los alumnos y ofreciendo la posibilidad de pasar de una especialidad a otra.

Este proyecto flexible y armónico, que es una copia del diseño norteamericano, se convertiría en dinamizador para nuestra economía, ya que estimularía la formación de muchos jóvenes. Sin embargo, con el objetivo de mantener los intereses corporativos de algunos profesionales de la enseñanza, toda esta reforma se está complicando.

El profesional que trabaja en una empresa deberá actualizar sus conocimientos en varias ocasiones a lo largo de su vida profesional. El seminario, los cursos de postgrado, las reuniones técnicas o los temas de nueva incorporación a los planes de estudios. Esto es sólo una visión normal de la formación continua de un ingeniero. Vamos a alargar la formación que debe recibir el alumno a lo largo de toda su carrera y vida profesional, y vamos a dejar de lado la tendencia a que en algunos años ese conocimiento se reciba de una manera que no pueda ser liserizado.

Acompañemos este sistema con el tercer curso de formación profesional para que el alumnado se incorpore racionalmente al sistema educativo y se sienta parte de una única organización. En las relaciones entre los alumnos y las alumnas que han cursado en los mismos centros (aunque la formación inicial es diferente y han optado por acabar en diferentes fases por tener una titulación final diferente) no tendrían mucho sentido las polémicas que existen actualmente entre Ingenieros e Ingenieros Técnicos y entre las diferentes Escuelas y los diferentes Colegios Profesionales. Estos debates, que no nos llevan a ninguna parte, se superaron hace tiempo en los países avanzados y sólo suponen un retraso económico y una pérdida social.

La enseñanza armónica de los estudios requiere una organización coherente que sirva al sistema. Para el desarrollo de este proyecto proponemos la construcción de la Universidad Tecnológica del País Vasco. Creemos que es un buen momento para ello. Y es que, por un lado, están a punto de aprobar nuevos planes de estudio y por otro lado, para hacer frente a esta “Revolución del conocimiento” que viene en el ámbito técnico, tenemos que formar a muchos profesionales en la ingeniería. Necesitamos una universidad, descentralizada en 3 campus, socialmente arraigada y sensible a las necesidades y proyectos de la sociedad, que no esté cerrada en su jaula de cristal y que no esté obsesionada con su autonomía.

Si estamos pidiendo esta solución en muchas ocasiones, no es porque queremos ser privilegiados. Ni por comodidad, sino porque es nuestra responsabilidad. Nuestra juventud aún es abundante. Hasta los 10 años la pirámide no empieza a disminuir. Para que nuestra sociedad no retroceda debemos educar a esa juventud en el ámbito tecnológico. Es hora y no tenemos tiempo para desperdiciarla. Con esta ayuda vamos a dar un salto cualitativo en sintonía con los países más avanzados de Europa.

* Director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales e Ingenieros de Telecomunicación de Bilbao. 14 de abril de 1992 “Jose Mª. Traducción de la conferencia organizada en la Escuela Politécnica de Mondragón “Arizmendiarrieta” en el acto de entrega de diplomas a los alumnos que acaban de finalizar sus estudios. Traducido por Elhuyar.
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