No golpear, cuida la tierra

Roa Zubia, Guillermo

Elhuyar Zientzia

La agricultura es una actividad muy destructiva para el suelo. Cuando se cultivan miles de hectáreas, se afecta al suelo de esas miles de hectáreas y se interrumpen muchos procesos naturales. Pero, claro, tenemos que comer. Necesitamos agricultura. ¿Cómo alimentar a miles de millones? Una alternativa puede ser la agricultura de conservación. Tierra del nuevo humus

El futuro parece duro. No es posible alimentar a toda la población mundial, salvo a través de la agricultura intensiva. Hay mucha gente en el mundo. Sin embargo, con el paso de los años, la agricultura intensiva daña y estira la tierra. Por ello, para que la tierra fértil se mantenga fértil es necesario un gran uso de productos químicos. Pero estos productos químicos provocan que la tierra se deteriore. Esa paradoja.

Esto supone el planteamiento de un guión de ficción en el que la agricultura se sustenta en el uso de productos degradantes del suelo, lo que hace que la agricultura no dure mucho tiempo. ¿Hay solución?

Muchos creen que el secreto está en el rechazo de la agricultura tradicional y en el hecho de que la naturaleza se vea afectada, es decir, en lo que el ser humano no puede reparar por procesos naturales. En ese camino surgió la agricultura de conservación, una alternativa que propone recuperar y controlar el equilibrio natural.

Pero para empezar a aplicar una alternativa hay que ser valiente, no se puede excluir la agricultura intensiva sin contar con la garantía de la alternativa. Por un lado, hay que asegurarse de que la alternativa no afecta al suelo, de lo contrario el problema no se solucionará. Por otro lado, la nueva agricultura debe mantener su producción actual, de nada sirve desarrollar una solución ecológica si no aporta suficientes recursos para alimentar a todo el mundo.

La agricultura de conservación reconoce que el suelo es un ecosistema y no sólo un soporte con los fertilizantes acumulados. Es una idea importante, ya que si se basa en procesos naturales garantiza que no dañe el suelo. En definitiva, si todos los organismos que participan en este ecosistema tienen la oportunidad de vivir, la tierra irá recuperando progresivamente el equilibrio biológico que necesita.

Sin embargo, en este tipo de agricultura el control del suelo debe ser humano y no la naturaleza. Es decir, la idea no es simplemente dejar que el suelo se desarrolle por sí mismo, sino utilizar procesos naturales para proteger el equilibrio y la fertilidad del suelo. Por ejemplo, en lugar de vivir una sola especie, muchas especies vivirán en el suelo, pero eso sí, el hombre debe elegir cuáles son. Por lo tanto, no es una ordenación totalmente natural, pero, aprovechando sus ventajas, es un sistema de mantenimiento de la producción agraria.

Miles de seres vivos

La hojarasca es una fuente de abono para la tierra.

La tierra acumula algunos fertilizantes en función de las especies cultivadas a menudo. Por ejemplo, las alubias, lentejas, soja y leguminosas en general enriquecen el suelo con nitrógeno. Pero si en una zona siempre crecen lentejas, durante mucho tiempo se agotan otros fertilizantes. La presencia de otras plantas es imprescindible, ya que la rotación de especies aporta otros fertilizantes. Finalmente, una combinación adecuada de especies ayudará a que la tierra sea productiva.

En la agricultura estándar sólo una especie crece en una zona, dando lugar a la escasez de fertilizantes. Para combatirlo se utilizan productos químicos o el excremento del ganado.

Sin embargo, la agricultura de conservación, además de fomentar los sistemas de rotación, prefiere otra forma de enriquecer la tierra: depositar los restos vegetales de la cosecha. Por ejemplo, cuando se recoge el trigo, la semilla se recoge, pero la paja se puede depositar en ella para alimentar el propio suelo. De esta forma, los seres vivos de este ecosistema del suelo descomponen la paja (o la hojarasca o cualquier residuo vegetal) y crean humus. En este humus se encuentran los abonos, no es necesario añadir fertilizantes químicos. Poco a poco la tierra se va estructurando correctamente y no se van interrumpiendo procesos naturales.

En marcha en muchos lugares

Reducción del coste de utilización de herramientas en el mantenimiento de conservación.

Desde la publicación de la idea, muchos grupos han trabajado la agricultura de conservación. Las primeras sesiones principales se desarrollaron en el sur de Brasil, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia. Estos grupos han recorrido un largo camino, en algunos casos un trabajo de unos veinte años. Ante los problemas locales han tenido que desarrollar las técnicas adecuadas. La FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura) también ha colaborado en estos proyectos promoviendo proyectos de este tipo de agricultura. En algunos lugares la cosecha ha sido sin cultivar la tierra, pero en general la participación del hombre es imprescindible.

En cualquier caso, para que la agricultura de conservación sea exitosa es necesario reducir en gran medida la plantación mecanizada. Esto no quiere decir que haya que descartarlo del todo, pero hay que tener en cuenta hasta qué punto los útiles utilizados en la agricultura convencional dañan la tierra.

El arado, por ejemplo, destruye la estructura del suelo, dando la vuelta al suelo. Deja visible el subterráneo y los procesos que se producen en ausencia de contacto con el aire se interrumpen.

Está claro. El oxígeno del aire con el tiempo oxida las moléculas orgánicas. Por el contrario, la entrada de oxígeno al subsuelo es baja y sus sustancias sufren transformaciones sin oxígeno. En la naturaleza, en estas transformaciones se forman sustancias enriquecidas con nitrógeno, azufre, fósforo y otros elementos, que son los responsables de la acumulación de fertilizantes.

Mantener el suelo

En la agricultura tradicional, la paja se recoge con la cosecha de trigo, pero su depósito en ella tendría muchas ventajas.

Se evitará la afección al arado creando un suelo bien estructurado. Su principal ventaja es la ausencia de problemas erosivos, no es casualidad, sino la combinación de muchos factores de protección contra la erosión.

Por un lado, la propia vegetación protege la tierra de la influencia de las lluvias y vientos fuertes, tanto por la capa vegetal que la compone como por las miles de raíces que compactan el suelo. Por otro lado, el humus y la arcilla del suelo, cuando están mezclados, resisten la tierra. Y junto a ellos, los orificios realizados por las lombrices ayudan a repartir el agua caída. Es así como la naturaleza estructura la tierra.

Todo ello contribuye a la conservación del suelo, ya que si siguen este funcionamiento, los agricultores no agotarán la tierra. Además, al tratarse de un sistema prácticamente no mecanizado, el coste es mucho menor. Quizás no, pero a largo plazo sí.

¡Pero no hay que olvidar! ¡Hablamos de agricultura! Cada día hay que cultivar miles o millones de tomates, huertas, manzanas o fresas. Quizás miles de millones. Y mucho más en grano de trigo, maíz, aceitunas, almendras, etc. Es difícil mantener esta producción desde el principio, ya que el agricultor necesita un periodo de adaptación para incorporar nuevas técnicas. Pero a largo plazo puede ser una buena alternativa.

¿Qué pasa en prados o bosques sin cultivar? ¿Cómo es la tierra? En estos lugares, si no se introduce la mano del hombre, las plantas muertas, las hojas caídas, etc. permanecen en el suelo formando una capa de residuos vegetales.

(Foto: G Roa).

Estos residuos vegetales se degradan y en este proceso participan muchos seres vivos. Estos residuos se alimentan de grandes insectos, gusanos, lombrices y, en otro orden, bacterias y hongos. Todas estas digestiones de muchos pasos dan lugar a que se devuelvan al suelo en los compuestos generados por muchos elementos, que se enriquece, es decir, contiene gran cantidad de carbono, nitrógeno, azufre y fósforo.

Algunos de estos productos son reabsorbidos por las plantas. Otras se disuelven en el agua y otras muchas se transforman mediante reacciones químicas. No es posible explicar todos los procesos que se producen allí, pero el resultado es una síntesis biológica imprescindible para la 'salud' del suelo de una sustancia llamada humus.

El humus sujeta la arcilla del suelo y evita la erosión del mismo. Además, al tratarse de una acumulación de fertilizantes y agua, asegura la fertilidad del suelo y mantiene el equilibrio de la humedad.

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