Mina de Gabiria, antigua

Hasta que sucediera el de Doñana, mucha gente probablemente no conoció el Gabiria. En este municipio, situado en el Goierri, viven más de 400 personas que trabajan en los polígonos industriales de la zona. A pesar de que la mayoría de los gabirios se dedican a la industria, viven en los caseríos de su municipio de residencia, ya que el núcleo urbano es muy pequeño; las viviendas más cercanas a la docena de la docena, están organizadas en torno a la iglesia, el ayuntamiento, el colegio, el alojamiento y la asociación, en una pequeña cima. Por supuesto, también el frontón.

Lo descrito podría ser una foto típica de varios pueblos de Euskal Herria y así se podría contar si no se hubiera producido el desastre de Doñana. Y es que, tras el caso de Doñana, Gabiria ha aparecido varias veces en los medios de comunicación. A Doñana no le gusta mucho el gusto, la pasión por el paisaje y los ecosistemas, pero no es por ello que sea el punto de contacto de las cámaras de televisión, micrófonos de radio y líneas de periódicos.

B. Corcho

Desgraciadamente, la razón es otra. De hecho, en Gabiria se ha podido saciar el hambre que tienen los medios de comunicación para encontrar paridades cuando se producen desastres, ya que para ello se encuentra y en este pequeño pueblo de Goierri.

En la descripción de los votos emitidos anteriormente, hay una laguna que, si no hubiera aparecido nada en los medios de comunicación, ni siquiera se habría mencionado…, pero que singulariza a Gabiria con otros pueblos. En Gabiria, descendemos por debajo del pueblo hasta Ormaiztegi y tomando el camino hacia Mutiloa, una mina de Troya, ahora cerrada pero abierta hasta hace pocos años. Bajo esta mina, una presa. Por lo tanto, la paridad entre Doñana y Gabiria. Según datos del Gobierno Vasco, de los 83 pozos mineros existentes en la Comunidad Autónoma, el de Gabiria es el único que puede causar daños al medio ambiente. Vista desde la superficie, a primera vista, la situación parece muy parecida; con cierta profundidad, hay que verla.

En 1986 la empresa Exminesa ocupó 6 hectáreas para 20 años entre Gabiria y Mutiloa, ya que a través de sondeos supieron que existía un suelo rico en plomo y zinc. La mina de Troya se abrió en 1987 para cerrarla seis años después. La producción era buena, pero con mucha competencia la cerraron. Durante el periodo de apertura de la mina Exminesa extrajo 1.646.632 toneladas de mineral. Se cerró y se puso a la venta toda la mina, así como los terrenos circundantes. Para entonces ya se había producido un cambio de imagen, ya que aquel paraje limpio y ordenado mostraba otra cara: pistas forestales con polvo, zona sin árboles, edificios de escasa apariencia, ruinas de mina y pozo de agua.

Como se ha mencionado anteriormente, el pozo pequeño, mucho más pequeño que el que provocó la masacre en Doñana, con capacidad para albergar 1.050.000 metros cúbicos, pero que, sin embargo, puede considerarse. Al igual que ocurría en la presa de Aznalcólel, se trataba de un pozo de agua que recogía el agua para limpiar el mineral que salía de la mina de Troya. Los minerales que se extraían de la mina de Troya se limpiaban principalmente con cianuro y sulfatos de cobre, entre 30-80 gramos de cianuro por tonelada de mineral limpiada y 200 gramos de sulfatos por tonelada de mineral limpiado.

Durante los seis años que trabajaron en la mina de Troya se utilizaron estas sustancias venenosas que, mezcladas día a día con agua y barro, se calmaban en la profundidad de la presa. Y en la actualidad, se encuentran en el fondo, recubiertas de agua y ocultas tras el muro que aparentemente cierra la presa. Aparentemente guardada, ya que según el informe de la Diputación sobre los ríos de Gipuzkoa de 1995-96, la mina de Troya seguía contaminando el canal de Eztanda.

B. Corcho

Tras su puesta a la venta, “Asfaltos Urretxu S.A½ compró íntegramente la mina de Troya. José Mari Uria es uno de los propietarios de esta empresa. Él participó en toda la operación de compra y ha participado desde entonces en los movimientos que han existido alrededor de la mina. “Nosotros compramos esto a Exminesa cuando salió a Subasta, con la intención de construir una fábrica de reciclaje de escorias en la zona de la mina. Para ello obtuvimos las autorizaciones necesarias, tanto por parte del Ayuntamiento como por parte del Departamento de Industria, pero con una condición de que todo se solucionara. El problema es que al cerrar una mina hay que ponerlo todo como antes, no se puede cerrar y ¡listo! hacer. Nosotros nos dimos cuenta de ello cuando empezamos a dar pasos para poder llevar adelante nuestro proyecto. Exminesa por su parte no hizo nada, por eso nosotros lo ordenamos.

En Gabiria tuvieron que hacer un gran trabajo para dar al pozo y al entorno su aspecto actual y tomar conciencia del peligro que corren los restos de la mina. “Sí es cierto, ahí había material intenso, que había salido y salió burobas; no sé qué tenía yo pero nada bueno. Aquí no era raro terminar el trabajo con dolores de cabeza, ni tener picores de piel.

Para cubrirlo todo movimos 100.000 metros cúbicos de tierra, echamos un dique de 10 metros de anchura, secamos la tierra al sol, cubrimos, colocamos los canales de las aguas de la montaña muy sueltos con tierra de arcilla… para que el pozo quede impermeabilizado. El agua procedente de la balsa, el agua de metal procedente de la propia mina (unos 50 litros por segundo de media) es limpiada mediante decantación. Los técnicos de la Diputación controlan todo lo que hay aquí, lo llevan al día, apareciendo en cualquier momento. En comparación con el anterior, ahora el entorno no tiene mal aspecto; lanzamos cangrejos al pozo, los patos y otras aves caminan por el agua… Si estuviese en el extranjero a alguien le habría ocurrido que pusiera algún hotel o restaurante.

Afirmando de alguna manera las palabras de José Mari Uria, los representantes de la Diputación y del Ayuntamiento de Gabiria también han tenido cabida en los medios de comunicación para decir que, además de realizar controles en cualquier momento, ahora están a punto de hacer un estudio más profundo. José Mari Uria no quiere otra cosa que hacer, que hagan los estudios necesarios y que puedan llevar adelante el negocio del reciclaje tal y como estaban pensados. “Se pretende recoger y reciclar los excedentes generados en las fundiciones para su posterior utilización en la construcción de carreteras. Se trata de una tecnología ya en marcha en diferentes puntos de Europa, capaz de recoger escorias de fundición y asfaltar carreteras. Nosotros tenemos tecnología, espacio y ganas, pero nos falta permiso.

José Mari Uria, ante la presa de la mina de Troya, tras la construcción de la antigua mina.
B. Corcho

Las medidas adoptadas por José María Uria y su equipo de trabajo han mejorado sensiblemente la situación de la presa de Gabiria, que era al menos la primera zona de basuras y punto de recogida de residuos tóxicos, hoy en día se puede ver cubierta de tierra y cubierta de hierba verde, ya que el agua que va a la presa sale cada vez más limpia y la entrada a la mina está cerrada evitando la expulsión de contaminantes. Sin embargo, no parece suficiente, ya que las ruinas cubiertas de tierra continúan siendo vertidas en pequeñas cantidades debido a la influencia de la pluviometría. Según los expertos, para que esto no ocurra habría que aislar y filtrar el depósito.

Para encontrar una solución definitiva hay un plan elaborado por la Universidad Autónoma de Madrid, llamado programa para acabar definitivamente con la explotación minera de Troya. Según este Plan, la única solución es el aislamiento total y no el secado de la presa, ya que con esta medida las sustancias tóxicas permanecerían allí donde están. Los restos de pirita deberían estar bajo capas de tierra construidas en diferentes fases, pero previo tratamiento del agua. Además, el lodo con alto contenido en metales y cianuros debería ser recogido, transportado a un lugar apropiado y tratado adecuadamente.

Es curioso lo que hay que hacer para que esa zona de Gabiria muestre el mismo aspecto y situación que hace unos años, la cuestión es quién y cuándo. A ver si en breve los medios de comunicación han vuelto a hablar de ello.

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