Planta sagrada prohibida

La hoja de coca se ha utilizado durante siglos en los pueblos andinos como alimento y medicamento. Pero el éxito que ha tenido en los pueblos cechua y aimara y su arraigo cultural han perdido precisamente la hoja de coca. Despreciado desde la época de los colonizadores, las élites actuales también consideran el uso de esta planta como una costumbre vergonzosa de ciudadanos pobres y desconocidos. En Bolivia o Perú, en los grupos y niveles más altos de la sociedad nadie aceptará públicamente que tenga costumbre de masticar la hoja y, en todo caso, actuará de manera encubierta. Por eso, porque es cosa de los de bajo nivel, porque es una parte importante de la cultura tradicional de los dominados españoles, ha sido tan lento el origen de las características llamativas de la coca y la investigación de sus posibles aplicaciones.

Voy a dar un dato claro de lo dicho: las primeras sesiones para impedir el uso de la hoja de coca comenzaron en 1950 de la mano de una comisión especial de las Naciones Unidas. En aquella época, la cocaína de su derivada apenas existía en mercados ilegales, ya que es el boom de la anfetamina, por su efecto más fuerte y por su precio más económico. Por lo tanto, más que por motivos de salud, por prejuicios étnicos y culturales, la investigación sobre el coque ha estado casi paralizada durante mucho tiempo. Es más, como consecuencia del acoso internacional que sufre esta planta, se invierte mucho más dinero destruyendo las plantas que analizando sus beneficios.

Y es que, como denuncia el antropólogo británico Anthony Heman, en los presupuestos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos siempre hay una partida para “promover las enfermedades específicas de la planta de coca”. En la erradicación de la planta se han utilizado herbicidas especiales y mariposas parásitas de malumbia. Y parece que la epidemia provocada por el hongo Fusarium Oxysporum en la región del Alto Huallaga en 1991 fue la causa de una nueva variedad creada expresamente en algún laboratorio de Estados Unidos. Esta epidemia, aunque parezca ironía, destruyó los cítricos y aguacates que se introdujeron en la sustitución de la coca, causando graves problemas a los campesinos. La planta sagrada de los incas se ha convertido en una maldición para los indígenas.

Laboratorio clandestino forestal.

La iniciativa contra el coque impulsada por los países ricos del Norte y, especialmente, por Estados Unidos es una auténtica guerra. Además de insectos y hongos, en esta dura lucha también se utilizan helicópteros y tanques. Los gobiernos de Perú y Bolivia tienen grupos policiales especiales para eliminar las plantas, ya que la ayuda económica procedente de los EEUU depende del valor mostrado en la guerra contra la coca. En consecuencia, este conflicto ha causado muchos muertos en las últimas décadas. Y no creas que son cosas ancestrales: en una operación especial llevada a cabo por el ejército boliviano esta misma primavera ha habido muchos muertos, heridos y detenidos. Contra este absurdo se han levantado voces. Paz Zamora, ex presidenta de Bolivia, también pidió que se impulsara la investigación sobre las aplicaciones beneficiosas de la coca, pero en vano. El recién elegido presidente Banzer, que tiene entre sus ministros a Paz Zamora, ha vuelto a apostar por la eliminación total de la coca. No hay investigación.

Pero estas actitudes a favor de la eliminación no son ciertas. Sólo se queman plantas en determinados lugares. Y es que la corrupción está extendida en torno a la cocaína y los gobiernos no tienen la intención de prohibir por completo este producto que da tan buen rendimiento. Sin embargo, siempre van a estar en contra de la legalización, porque la ilegalidad les da la excusa de aumentar los precios y aplastar la oposición. Quienes se atreven a denunciar esta situación se han enfrentado a la reciente muerte de tres personas del CINEP (Centro de Investigación y Educación Popular) por parte de los grupos paramilitares colombianos. El tema principal que trataban en este momento los muertos era el debate sobre la legalización. Estaba preparando un seminario sobre el tema que estaba invitado a Nerón. Fueron asesinados por su apoyo a la legalización, ya que el fomento del debate es contrario a los intereses de los famosos carteles apoyados por los gobiernos.

Mientras tanto, un comité científico de las Naciones Unidas sigue dando la excusa de esa persecución irracional y obstaculizando la verdadera investigación científica. Mientras unos tratan de ofrecer una alternativa a los campesinos de Andeta, mientras intentan vender la hoja de coca fuera de los países de origen, otros, unos con bata blanca, están obstaculizando todos los intentos de conocer mejor las características beneficiosas de la planta. La pregunta es ¿dónde están los sabios que reivindican la libertad sagrada de investigar en otros ámbitos? ¿Dónde han entrado los defensores del valor intrínseco del conocimiento científico en otras cuestiones polémicas de aplicación menos clara? El desarrollo de la ciencia está condicionado por grandes intereses. Esto está aún más claro en el caso de las drogas ilegales. Para que no podamos dar más armas científicas a esta sucia guerra que está destruyendo la selva, masacrando a los campesinos, enriqueciendo a las mafias corruptas y envenenando a los consumidores.

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