Buscando otros mundos

Hasta hace pocos años, hablar de la vida fuera de la Tierra abría el camino de la especulación. Ejemplo de ello es la conocida fórmula de Drake que calcula la probabilidad de que la vida fuera del Sistema Solar sea inteligente. No carece, sin duda, de bases científicas, pero tampoco de especulación debido a la escasez de datos.

Continuando con el ejemplo, no podemos decir que este cálculo tenga en la actualidad mayor fiabilidad que en su día, pero, al menos en una de las variables que lo requiere, se puede decir que se han puesto en marcha proyectos sólidos para superar la citada escasez de datos. Me refiero precisamente al problema de los planetas extrasolares. Las consecuencias de estos sólidos programas son evidentes, ya que desde 1992 se han encontrado 32 planetas fuera del Sistema Solar. Los dos últimos se han obtenido en marzo: Dos planetas menores que Saturno alrededor de otras tantas estrellas. Los descubrimientos han sido mucho mayores que ellos, la mayoría mayores que el gigante Júpiter, y por ello la importancia de estos últimos descubrimientos. Este último descubrimiento revela que puede haber planetas en tamaño y forma de la Tierra.

Sin embargo, las órbitas tanto de los nuevos planetas encontrados como de los que se conocían anteriormente presentan una particularidad reseñable: están muy cerca de la estrella central, más o menos cerca del Sol de Mercurio. Esto no deja mucho espacio para planetas como la Tierra que deberían estar más cerca.

Sin embargo, el mero descubrimiento de planetas grandes se debe a la limitada resolución que ofrecen las técnicas actuales de detección y los instrumentos de observación. La cercanía a las estrellas puede deberse a que los estudios han comenzado hace pocos años. Cuanto más cerca se encuentra el planeta de la estrella, menos tiempo tarda en girar alrededor de él, y podemos conocerlo antes de la Tierra. Teniendo en cuenta esta limitación, el siguiente paso interesante sería encontrar un planeta como Júpiter y, además, la distancia de Júpiter al Sol al verso. Teniendo en cuenta que el período de Júpiter es de casi 12 años, se estima que las mediciones deberán prolongarse durante otros cinco años para alcanzar el objetivo. Si se consigue esto, las probabilidades de asegurar la existencia de otros planetas pequeños aumentarían, pero los científicos no quieren quedarse ahí. Para la década que viene, se están produciendo dos misiones espaciales en busca de pequeños planetas para aumentar la resolución de las observaciones. La primera, la misión Space Interferometry Mission, está prevista para 2006. Al margen de las molestias ocasionadas por la atmósfera, será capaz de detectar un planeta con cinco veces la masa de la Tierra a una distancia de 33 años luz y, lógicamente, si los planetas más pequeños estuvieran más cerca. La misión Terrestrial Planet Finder, que se orbitaría en 2011, podrá encontrar planetas del tamaño de la Tierra hasta una distancia de 50 años luz.

Está claro, pues, que en el plazo de unos diez años las cosas van a ser mucho más claras en relación con este problema, porque entre otras muchas cosas, podremos decir que son normales o raros los similares a nuestro Sistema Solar, con todas las consecuencias que ello conlleva, como la construcción de teorías y sistemas planetarios, o la búsqueda de la vida fuera de la Tierra.

Babesleak
Eusko Jaurlaritzako Industria, Merkataritza eta Turismo Saila