Medicalización: ¿evitar o provocar la enfermedad?

Mariñelarena, Eulali

Familia-medikua

Balagué, Laura

Erizaina

Idarreta, Ina

Familia-medikua

Entendemos por medicalización cualquier problema común como problema médico o enfermedad. Este término aparece por primera vez en los debates sanitarios, en los textos de Foucault, Navarro, Mendelsohn y Skraban, y sobre todo cuando Illich publicó su libro Medical nemesis. Ha habido muchas alertas en el mundo de la salud y también fuera de ella. Con la medicalización cada vez son más los episodios naturales de la enfermedad.
Medicalización: ¿evitar o provocar la enfermedad?
01/02/2010 | Mariñelarena, Eulali; Balagué, Laura; Idarreta, Ina | Médico de familia; Enfermera; Médico de familia
(Foto: © Sebastian Duda/123rf.com)

La definición de la enfermedad es resbaladiza y cambiante en función de los aspectos socioculturales y del desarrollo económico y científico. En la actualidad, la salud, más que un derecho, es considerada como una capacidad de consumo.

En 2002, la revista British Medical Journal, basándose en los resultados de una votación entre los lectores, publicó "los veinte primeros de la lista de no enfermedades", entre los motivos de las consultas médicas más habituales; y, entre otros, el aburrimiento, la ternura y la calvicie aparecieron como enfermedades.

R. Moynihan, en la sección Disease Mongering de Plos Medicine, realizó la relación entre la medicación y los inventos de enfermedades a través de cinco apartados:

· Convertir los sucesos naturales de la vida en problemas médicos (embarazo, menopausia, muerte...)

· Convertir los problemas personales o sociales en problemas médicos (vincular la vergüenza con la fobia social, por ejemplo)

· Sobreimportancia a la frecuencia de los síntomas (debilidad eréctica, andropausia...)

· Sobreimportancia de síntomas leves (intestino irritante...)

· Convertir el riesgo en enfermedad.

Esto último cobra especial importancia a la hora de explicar la medicalización. El riesgo, es decir, la mera relación estadística entre un factor de riesgo y la enfermedad, se considera una enfermedad preexistente. Como consecuencia de ello, las acciones preventivas dirigidas a la población sana se han ampliado notablemente y se ha arraigado en la sociedad el lema "por si acaso mejor prevenir". Comprender las enfermedades de una manera tan amplia supone atrapar a cada vez más personas sanas en el entramado armamentístico del diagnóstico, lo que aumenta las intervenciones.

Prueba de ello es el tratamiento con hormonas menopáusicas y los medicamentos utilizados habitualmente para evitar la osteoporosis o reducir el colesterol, así como el uso de pruebas excesivas en los procesos de diagnóstico y observación. Como ejemplo de ello, la realización de la prueba de PSA, por ejemplo, aunque no haya demostrado que disminuya la mortalidad por cáncer de próstata.

Este intervencionismo, además de los tres niveles de prevención ya conocidos, ha generado el concepto de prevención en cuarto nivel, con el fin de proteger a los usuarios de los efectos adversos que el propio sistema sanitario produce.

Protagonistas

La medicalización tiene muchos protagonistas. Una industria farmacéutica. Uno de los principales objetivos de esta industria es obtener los mayores beneficios posibles, y teniendo en cuenta que el número de pacientes que tienen la posibilidad de pagar medicamentos en el mundo es relativamente pequeño, el marketing se dirige a los que están sanos, haciéndoles sentir que necesitan atención. Como consecuencia, el mercado de medicamentos para la prevención está creciendo. Para lograr este objetivo, la industria implica a los líderes de opinión (sociedades científicas, asociaciones de pacientes, medios de comunicación), teóricamente “a cambio de nada”.

Los gobiernos y las políticas sanitarias también tienen mucho que decir. La administración sanitaria tiene como misión detectar las necesidades terapéuticas de los pacientes, definir sus políticas y liderar las mismas, pero a menudo se nos presenta como un sistema que depende de la defensa de los intereses de las innovaciones tecnológicas o de los grupos de presión, y a veces tiende a aceptar intervenciones que no han demostrado un equilibrio claro entre daños y beneficios.

En cuanto a los medios de comunicación, es evidente que las noticias sobre salud se venden perfectamente. Sin embargo, tienden a aumentar los síntomas y las acciones para que sean más llamativas, desfortaleciendo la promoción de medidas básicas saludables.

Los profesionales sanitarios, por supuesto, son un pilar fundamental, un objetivo indiscutible de la industria. Agentes medicalizadores, conscientes o inconscientes, así como víctimas. Responsables en gran medida de la innovación e intensificación de las intervenciones.

Por último, no podemos olvidar a los clientes o usuarios. Estamos ante un nuevo perfil de usuario con mucha información, con sus ventajas y riesgos. La información que recibe el usuario no es neutra y es el foro ideal para que grupos de presión incorporen sus productos. Esta cultura de consumo actual escucha con naturalidad, a veces y con alegría o con ganas, muchos de los mensajes difundidos por la industria farmacéutica, convencidos de que la solución es medicinas para casi todos los procesos.

Por último, podríamos decir que no parece que vayamos por el camino adecuado, por lo que habría que reflexionar sobre si este modelo es sostenible social o económicamente. Todos los agentes tenemos alguna responsabilidad. La Administración debería abordar una política que fomente la autonomía, la capacidad de decisión y la asunción de un riesgo mínimo, eliminando o reduciendo las cuestiones de medicalización. Los medios de comunicación también pueden trabajar positivamente en la educación para la salud, difundiendo medidas de autocuidado y mensajes a favor del buen uso de los servicios. Los profesionales, como indica el médico Gervas, deberíamos ofrecer la máxima calidad, con la mínima intervención y lo más cerca posible de los pacientes. En esta tarea pueden ser de ayuda utilizar un método basado en la evidencia y practicar la medicina teniendo en cuenta la participación del paciente. En cuanto a los usuarios, deberían recuperar la responsabilidad del binomio salud/enfermedad, aprender a aceptar la incertidumbre y reconocer que la medicina y la tecnología no son capaces de resolver todos los problemas.

Frase de Skraben para la última reflexión:

"La propia vida es una enfermedad asesina. Se contagia sexualmente, hay que aprender a utilizarla y explotarla de forma integral, y para ello es necesario saber con sentido común a la hora de medir y seleccionar entre los riesgos más sostenibles e insostenibles".

Mariñelarena, Eulali; Balagué, Laura; Idarreta, Ina
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