Por el camino de la tecnocración, a los ienzos

Últimamente utilizan de palabra a boca el tema de la incineración. En este tema han aparecido posturas contrapuestas y nos parece que deben aparecer necesariamente. Y es que el debate se puede traducir en el encuentro de diferentes modelos.

En la Plataforma ERREKA creemos que apostar por la incineración supondrá una pérdida de oportunidades de futuro para promover la solidaridad en nuestra sociedad. Y cuando decimos en el futuro, más que proteger el medio ambiente, creemos que con una adecuada gestión de nuestros recursos y sin generar contaminación, dificultará la promoción de la I+D local. A finales de siglo, las chimeneas son las chimeneas.

La Diputación de Bizkaia y Zabalgarbi quieren construir dos plantas incineradoras para tratar 458.000 toneladas de basura. Esta cifra es superior a la de la basura generada en la actualidad y evidentemente no se ha tenido en cuenta el criterio del reciclaje, a pesar de que ambas entidades manifiestan lo contrario. Mediante el análisis conceptual de la incineración, encontramos un modelo de sociedad endogamizada que relaciona el desarrollo con el aumento del consumo.

Por otro lado, se dice que se va a utilizar la normativa alemana para el control de las emisiones, pero se sabe que tampoco se respeta la propia. Dicen que en la emisión de dioxinas no se superará el valor de 0,1 ng/m3, pero no garantiza que no afecte negativamente a nuestra salud. La organización EPA de los EEUU ha reconocido que las dioxinas pueden causar cáncer y se acumulan en seres vivos, criterios que no se han tenido en cuenta a la hora de realizar el proyecto. Además, durante la incineración se generan otros contaminantes como los metales pesados, que todavía no se han superado. ¿Cerrarían la incineradora si surgiera algún problema de este tipo? Asimismo, mediante la incineración se consigue reducir los residuos, pero se entrega en la misma proporción que se obtiene en el compostaje, es decir, se reduce en un tercio la basura, mientras que el residuo que queda al final del proceso es residuo tóxico y peligroso según los datos aportados por la Viceconsejería de Medio Ambiente.

Cabe destacar, por otra parte, la recuperación energética que a menudo se está citando en este debate sobre incineración. Desde el tema de Lemoiz, es una herida interna incompleta del partido PNV, y decir que se puede utilizar para facilitar un negocio oculto no es sólo una sospecha. En cuanto a la planta incineradora que se pretende implantar en Bizkaia, sólo un tercio de la materia prima será basura y el resto serán derivados del petróleo. Básicamente se está planteando la creación de una nueva central térmica, sin decir que tenemos tres plantas similares prácticamente sin utilizar (Santurtzi, Burtzeña y Pasaia).

En consecuencia, una incorrecta gestión de nuestros residuos afectará directamente a la factura de energía eléctrica que pagamos todos nosotros, ya que en este caso se interpretará de forma tortuosa el Decreto de Autodestrucción que regula el uso de kilovatios generados en el mismo. En base a este recurso que se creó para lograr el efecto contrario, se puede evitar que se incremente la tarifa de basuras domésticas, ya que de no hacerlo se incrementará un 500%. Todo ello significa que la cantidad anual que pagamos (15.000 o 20.000 pesetas), la tendremos que pagar a través de la luz y de forma encubierta.

La incineración de basuras es una técnica muy costosa, ya que es necesario crear infraestructuras especiales para reducir las emisiones generadas en la planta incineradora y para el tratamiento de productos secundarios y escorias: acondicionamiento de sistemas de tratamiento de emisiones gaseosas, creación de celdas de seguridad para la acumulación de escorias o la puesta en marcha de tratamientos plasmáticos para la gestión del problema de las cenizas. Todo ello supone 40.000 millones de pesetas, por lo que cada vizcaíno deberá aportar 34.000 pesetas. Dicen que el coste de explotación de la incineradora será de 5.000 millones de pesetas (¡está por ver! ), es decir, 4.200 pesetas por habitante. Todo ello sin tener en cuenta la celda de seguridad a construir para la gestión de las escorias generadas en el proceso.

En la plataforma ecologista ERREKA estamos en contra de la incineración en nuestro entorno (Vitoria-Gasteiz y Montejurra) porque hay experiencias totalmente diferentes que nos indican que hay caminos de futuro más eficaces –el tiempo de utilización de los vertederos de 10 años–. ¿Por qué ahora preocuparse con el tiempo? En definitiva, creemos que detrás de este debate hay algo más importante que el debate sobre la incineración. Entre otras cosas, hay otro modelo de entender el desarrollo, defender la sostenibilidad de un entorno con recursos limitados y reivindicar el derecho a una correcta gestión de nuestros residuos, es, en definitiva, empezar a dar pequeños pasos para equilibrar nuestro modo de vida y posibilitar nuevos modelos de futuro, que está detrás de esa explosión.

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