Contra la coacción; a favor de la información

Galarraga Aiestaran, Ana

Elhuyar Zientzia

Publicado en Berria el 2 de marzo de 2021

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Una información transparente y completa es fundamental para la toma de decisiones y para la valoración de las normas. En el caso de las vacunas, hay personas que en principio renuncian, lo que confronta la libertad individual con el beneficio colectivo. La negación de muchos no es una cuestión de principio, sino de prudencia o reticencia: prefieren esperar a ver que las vacunas son seguras y efectivas.

De hecho, encuestas realizadas en EE.UU, Reino Unido, España y otros países han demostrado que, a medida que avanzan las inserciones del covid-19, los porcentajes de dudosos y renunciantes disminuyen. Por ello, muchos expertos creen que es más apropiado convencer que obligar para que haya más gente posible. En sintonía con esta opinión, a continuación se plantean algunas preguntas y respuestas básicas sobre las vacunas del covid-19:

¿Cómo son las vacunas?

Todas las vacunas funcionan de la misma manera: preparan un sistema inmunitario para combatir un patógeno peligroso. Para ello se introducen en el cuerpo versiones debilitadas o partes de este patógeno, que no producen daño, pero que identifica los sistemas inmunitarios y reacciona para protegerlo, creando anticuerpos y células especializadas. Así, si se infecta con patógeno, el cuerpo ya tiene preparada la respuesta.

¿Qué son las vacunas mRNA (Pfizer, Moderna)?

El componente más importante del virus SARS-CoV-2 es una proteína, la proteína S. A través de ella se accede a las células y, si se bloquea, el virus no puede causar daños. Por ello, las vacunas generadas se basan en esta proteína S.

En concreto, las vacunas de ADN o basadas en el ARN mensajero (Pfizer y Moderna) contienen información genética para la producción de proteínas. La información va codificada en el ARN mensajero. Esta molécula no tiene otra información ni función. No es posible acceder al núcleo de nuestras células y no afecta a nuestro ADN. Lo único que hace es informar a nuestras células para que produzcan proteína S. Al tratarse de una proteína S extraña, el sistema inmunitario reacciona y crea protección.

Esta protección es sostenible. Por el contrario, el mRNA y las proteínas que se generan desaparecen en pocos días.

¿Y vacunas adenobíricas (Astrazeneca, SputnikV)?

Las vacunas adenobíricas también contienen información para la producción de la proteína S, pero en forma de molécula de ADN e integradas en el ADN de otro virus. Este otro virus es de la familia adenovirus y no es patogénico, es decir, no es perjudicial.

Frente a las vacunas de MRNA, no necesitan una temperatura tan baja para almacenarlas. Esto facilita la distribución. Además, son más baratos.

¿Cómo se han desarrollado tan rápido?

Los científicos llevan años investigando en las vacunas y la tecnología de los adenobirus se utilizaba también con otras vacunas, como el cítrico y el ébola. Las vacunas de MRNA, por su parte, son las de COVID-19 las primeras que se han autorizado, pero otras de este tipo ya se estaban probando en personas como la anti-VIH o la rabia. En el caso de Koronabirus también se investigaron sobre las plagas SARS y MERS, y los resultados obtenidos entonces sugirieron que esta tecnología podía ser útil.

Hay que tener en cuenta que la información científica nunca ha sido tan rápida y transparente de compartir y que no se ha recibido tanta financiación mundial.

¿Seguro que son seguros y eficientes?

Para ser autorizados deben superar tres fases de sesiones clínicas. En la tercera fase participan entre 30.000 y 40.000 personas. La autorización se obtiene teniendo en cuenta sus resultados. Y una vez alcanzada la población general, comienza la cuarta fase. Se confirma entonces que no producen efectos inesperados. Pues ya se han dado millones de dosis de todo tipo de vacunas y los resultados están siendo aún mejores de lo esperado. Por lo tanto, tranquilizadores para los que estaban en duda.

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