Evolución del orgasmo femenino

Irati Larrañaga Moran

EHUko Osasun Psikologia Orokorra masterreko ikaslea

Jurgi Cristobal Azkarate

EHUko Psikologia Eskolako irakaslea

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Ed. Wikipedia (CC BY 2.0)

Históricamente, en nuestra sociedad la sexualidad femenina ha sido menospreciada, hasta el punto de proponer que el orgasmo femenino es un subproducto del orgasmo masculino. Por el contrario, estudios de los últimos años han puesto de manifiesto que el orgasmo es una parte importante de la estrategia evolutiva de las mujeres. Junto a otras disciplinas, la psicología evolucionista está ayudando a salir de la situación de ignorancia, un fenómeno fundamental en la mujer.

Evolución del orgasmo femenino

El orgasmo es una parte de la respuesta sexual en la que se produce una fuerte sensación de placer y un estado de conciencia alterado. En las mujeres coincide con una contracción rítmica muscular del ámbito genital y en los hombres con eyaculación (Meston et al., 2004). Unido al último, el orgasmo es necesario para la reproducción en hombres, pero no en mujeres. En base a esta diferencia, Symons (1980) sugirió que el orgasmo femenino sería un producto indirecto de la evolución del orgasmo masculino. Según esta hipótesis, el orgasmo femenino no tendría ninguna función, pero como las mujeres y los hombres son muy similares genéticamente y ontogenéticamente, las mujeres tienen esa característica, como ocurre con los pezones de los hombres.

Sin embargo, en contra de esta hipótesis, en los últimos años se han encontrado numerosas pruebas de que el orgasmo femenino tiene una función adaptativa. Según ellos, el orgasmo maximiza el éxito reproductivo de las mujeres, es decir, es un fenómeno de maximizar el número de hijos que llegan a la edad adulta.

Orgasmo femenino y refuerzo de la cópula

A nivel neurológico, la escorrentía dopaminada en el orgasmo aumenta enormemente con la activación de sistemas de premios. Esto provoca, a corto plazo, el placer que se siente en el orgasmo y, a medio-largo plazo, el efecto de refuerzo. Así, el individuo se motiva a repetir la conducta sexual y a volver a copular con la persona que ha experimentado el orgasmo (Wheatley y Puts, 2015).

Aunque algunos estudios han puesto de manifiesto que las mujeres tienden a experimentar el orgasmo a causa del coito menos que los hombres (García et al., 2014), otras investigaciones han puesto de manifiesto que la experiencia subjetiva del orgasmo es muy similar en hombres y mujeres (Vance y Wgner, 1976) y que, además, las mujeres tienen mayor probabilidad de tener orgasmos múltiples (Masters y Johnson, 1966). Esto pone de manifiesto, como se ha argumentado para los hombres, que en las mujeres también el orgasmo evolucionaría como mecanismo motivador y aumentaría la probabilidad de fecundación a medio plazo.

Orgasmo femenino y fecundación

Diferencias de unas especies a otras en la ovulación por efecto del medio (ej. que se produzca en una época concreta del año), puede deberse a la acción del macho (a través de la cópula) o ser espontánea. En las especies ovuladas por macho, la ovulación se produce por el orgasmo de las hembras, en cuyo caso existe una relación directa entre el orgasmo y la fecundación.

En humanos, la ovulación es espontánea y es un proceso evolucionado desde la ovulación inducida por el macho (Pavlicev y Wagner, 2016). Sin embargo, a pesar de que en nuestra especie el orgasmo ha perdido la capacidad de inducir a la ovulación, se han mantenido otros cambios fisiológicos y físicos asociados a este tipo de orgasmo antiguo que afectan a la probabilidad de fecundación.

Así, en el orgasmo se segrega la hormona oxitocina. Esto, además de fomentar el apego emocional a la pareja sexual (Levin, 2014), provoca, como ocurre en el parto, contracciones musculares de las paredes vaginales y uterinas. Las contracciones vaginales excitan por un lado la eyaculación masculina y, por otro, facilitan la entrada más rápida de los espermatozoides al cuello de útero, bien directamente (Levin, 2002), bien porque invierten la presión uterina desde el exterior hacia el interior (Wildt et al., 1998; Lloyd, 2005). Además de la oxitocina, se segrega prolactina en el orgasmo, que facilita la entrada de espermatozoides al útero, a la vez que habilita y activa espermatozoides (Meston et al., 2004).

Por tanto, el orgasmo femenino, aunque no produce la secreción de células sexuales como en el orgasmo masculino, tiene una serie de efectos que facilitan la concepción, que, junto con el efecto motivador antes mencionado, pone de relieve la función adaptativa de este fenómeno.

L’Origine du monde (el origen del mundo). Ed. Gustave Courbet. Museo Orsay, París.

Orgasmo femenino, selección y retención de pareja

Las diferencias entre hombres y mujeres en la biología reproductiva son notables, lo que repercute directamente en las estrategias para maximizar el éxito reproductor de cada sexo. Los hombres producen miles de espermatozoides al día, mientras que las mujeres producen un solo óvulo, o varios, cada 28 días aproximadamente. Por otra parte, debido a la menopausia, la fecundidad de las mujeres está más limitada que la de los hombres, a lo que hay que añadir que las mujeres no pueden volver a fecundar durante los nueve meses de embarazo y lactancia. Por lo tanto, sería posible que un hombre llegue a tener cientos de hijas e hijos, pero eso es imposible en el caso de las mujeres.

Así, el factor más importante que limitará el éxito reproductor de los hombres será la accesibilidad sexual, mientras que en las mujeres la supervivencia de las hijas será mayor. Si a esto añadimos que en el crecimiento de las hijas la inversión femenina es muy elevada (Pillswoth y Haselton, 2006) y que pueden aparecer riesgos para la salud relacionados con el embarazo y el parto, es fácil entender que la elección y adhesión de una pareja “mala” tiene efectos más graves en las mujeres, por lo que las mujeres deben ser más estrictas que los hombres a la hora de elegir pareja.

Si bien la función original del orgasmo femenino ha sido la de promover la fecundación, en este contexto hay varias evidencias de que la selección natural ha propiciado un proceso secundario de adaptación de este fenómeno y que ha desarrollado nuevas funciones relacionadas con la selección de pareja y la fijación (Gallup et al., 2018; Whatley y Puts, 2015).

Así pues, parece que el orgasmo femenino está relacionado con las características de las parejas sexuales. Por ejemplo, se ha visto que las mujeres reconocen tener más orgasmos si sus parejas sexuales masculinas son más simétricas (Thornhill, Gangestad, & Comer, 1995), más atractivas (Puts et al., 2012; Shackelford et al., 2000), físicamente más masculinos (Puts, Dawood, & Welling, 2012) y genéticamente más combinables al nivel de la histocompatibilidad compleja central (Garver- Apgar et al., 2006). Estas características se han relacionado con la salud, la fertilidad y los buenos genes en general de los hombres. No obstante, cabe destacar que esto sólo se ha observado en el orgasmo coital, que se obtiene sin penetraciones peno-vaginales, no influye estos signos de pareja. Por otra parte, en especies como la nuestra, donde el crecimiento de la descendencia requiere una inversión importante, la calidad de la pareja no se limita a los genes beneficiosos, sino que también puede medirse en función de la disponibilidad y capacidad de comprometerse con el cuidado y crecimiento de las hijas. En este sentido, Gallup et al. (2014) encontraron que la frecuencia e intensidad de los orgasmos femeninos estaba relacionada positivamente con la seguridad personal de las parejas y con la renta familiar. Y otros estudios afirman que la intensidad de los orgasmos de las mujeres está directamente relacionada con su satisfacción e intimidad emocional con su pareja (Ellsworth y Bailey, 2013; King et al., 2011). De una manera más general, se ha observado que la satisfacción sexual de las mujeres está relacionada con el amor a sus parejas y con el apoyo que ellas ofrecen (Gallup et al., 2014). Esta última idea explica, tal vez, por qué las mujeres consiguen el orgasmo más fácilmente masticando o tienen sexo con otras mujeres.

Conjuntamente, estas evidencias sugieren que para las mujeres el orgasmo puede ser un indicador de la buena calidad de las parejas. Si a esto le añadimos el efecto de refuerzo del orgasmo y el efecto facilitador del embarazo, observamos que el orgasmo femenino favorece el embarazo con hombres de mayor calidad y, por tanto, el éxito reproductor de las mujeres. Este efecto se ve incrementado por los efectos retenedores de la hormona oxitocina que se segrega en el orgasmo.

Oxitocina favorece la comunicación positiva, la afiliación y el apoyo emocional entre las personas, estrechando la relación madre-hijo, pero también la relación en pareja (Gangestad y Brege, 2017; Gallup, Towne, y Stolz, 2018). Por lo tanto, el orgasmo contribuye a desarrollar la cercanía emocional con la pareja, que, como hemos visto anteriormente, aumenta la probabilidad de tener orgasmos con esa pareja a corto plazo y, a medio-largo plazo, aumenta la motivación para repetir las relaciones sexuales.

Es más, los efectos adaptativos del orgasmo femenino no se limitan al sexo heterosexual. En este sentido, en nuestros familiares evolutivos más cercanos, los bonobos (Pan paniscus), son frecuentes los comportamientos homosexuales en las hembras. Es más, se ha observado que la secreción de oxitocina que producen los orgasmos relacionados con estas relaciones aumenta la cooperación entre parejas sexuales (Moscovice et al., 2019), lo que está relacionado positivamente con el éxito reproductivo, en primates, en el caso de las hembras, por la duración de las hijas de la patria (Silk et al., 2009). Todo esto lo hace claro, no sólo en lo que se refiere a la evolución del orgasmo femenino, sino también de la homosexualidad femenina.

Por último, se plantea que el orgasmo femenino actúa como “acto que influye en el comportamiento del prójimo” (Wheatley y Puts, 2015). A favor de esta idea, Ellswoth y Bailey (2013) encontraron que la intensidad de la expresión externa del orgasmo de la mujer (los incisos, las expresiones corporales) predice positivamente la satisfacción del hombre en la relación y la motivación para invertir en ella.

En resumen, el orgasmo femenino, lejos de ser un subproducto del orgasmo masculino, es un mecanismo evolucionado dirigido a maximizar el éxito reproductor de las mujeres, dando así forma a la evolución de nuestra especie. Esto se consigue mediante procesos adicionales como la unión más selectiva de parejas con mejores genes y con potencial de inversión en las hijas de la nómina, el aumento de la probabilidad de sucesión y la cooperación de los miembros del sexo.

 

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