A partir del movimiento

En una ocasión los periódicos de París publicaron un asombroso anuncio en el que se indicaba la forma de realizar un viaje con veinticinco céntimos, sin ningún esfuerzo y a un precio asequible. Algunos inocentes enviaron el mencionado dinero y cada uno de ellos recibió un escrito por correo en el que leía:

“Apúntate tranquilamente en casa y recuerda que la Tierra gira. Como estás en paralelo a París, es decir, en el 49 tú recorres 25.000 km al día. Si te gustan las hermosas vistas, abre la ventana y disfruta del espectacular panorama del amasado.”

Por supuesto, el autor del anuncio fue acusado y tras leer la sentencia y pagar la multa, tomando una actitud dramática, pronunció la famosa frase de Galileo:

  • Eppur, si mouve! (Y sin embargo se mueve).

De hecho, la razón la tenía el denunciado porque cada uno de los habitantes de la esfera terrestre realiza dos viajes, uno alrededor del eje de la esfera y otro mucho más rápido, el movimiento de traslación alrededor del Sol. Nuestro planeta, y todos sus habitantes, recorre en el espacio treinta kilómetros por segundo, y éste, además de su movimiento alrededor de su eje.

Y todo esto nos recuerda la relatividad del movimiento. Normalmente cuando hablamos de un viaje, es evidente que estamos hablando de movimiento con la Tierra, por lo que si no he cambiado mi posición respecto a la Tierra me suele decir que estoy “quieto”, aunque sepamos que la Tierra tiene su movimiento. Veamos otro ejemplo de relatividad del movimiento.

Supongamos que un remero opera en un lago y mediante la flecha “a” representamos la dirección de su movimiento (ver figura adjunta). A su vez, y perpendicularmente a él, viene un velero y la flecha “b” indica su sentido. Si al lector de este trabajo le preguntáramos por dónde ha partido la vela, nos respondería inmediatamente desde el punto M de la costa. Pero si hiciéramos la misma pregunta al remero nos diría un punto muy diferente. ¿Por qué?

Para este astillero el velero no va perpendicularmente a su dirección. Él no se da cuenta de su movimiento y viceversa, cree que mientras él se encuentra quieto, todo lo que le rodea se mueve con la velocidad que tiene pero en sentido contrario. Por ello, para él, el velero, además de tener un movimiento de la flecha “b”, tiene un movimiento que indica la línea de puntos, es decir, igual que el del remero “a”, pero en sentido contrario. Estos dos movimientos, real e imaginario, del velero se suman según la regla del paralelogramo y según el remero el velero va por la diagonal del paralelogramo. En consecuencia, considera que el velero no partió del punto M de la costa sino de la N, es decir, de otro que se encuentra bastante más adelantado en el sentido del buque de remo.

Al ir con la tierra siguiendo su órbita y al ver los rayos de luz procedentes de las estrellas, el error que cometemos al considerar las posiciones de las estrellas es el mismo que el que hace el marinero del remero, y nos parece que hay un poco más adelante (dependiendo del movimiento de la Tierra) que donde se encuentran las estrellas. Como la velocidad de traslación de la Tierra es muy pequeña (10.000 veces menos) que la luz, la desviación en imagen de las estrellas es muy pequeña. No obstante, esta desviación puede medirse mediante aparatos astronómicos. Este fenómeno se llama aberración lumínica.

Al lector, siempre que esté interesado por la relatividad del movimiento, sin alterar las peculiaridades de los movimientos de los buques, le hacemos las siguientes preguntas.

  • ¿Qué dirección tiene el barco de remo para los pasajeros del velero?
  • ¿Hacia dónde va el remero según los veleros?

Piensa si has hecho un pincho, un dibujo u otro y has entendido bien lo aquí dicho, no tendrás ningún inconveniente en encontrar respuestas
correctas.

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