Contaminación invisible a la luz

Rementeria Argote, Nagore

Elhuyar Zientziaren Komunikazioa

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Ed. © Artsiom Kireyau/350RF

El proyecto INMA cuenta con 550 familias guipuzcoanas. Se iniciaron en 2006. En ese momento, la recogida de datos se inició con 630 mujeres embarazadas que acudieron a consulta al hospital de Zumarraga y continúan con los niños nacidos de ellas. Registran los datos del niño y su medio ambiente y los compara con los registrados en otros grupos españoles. Miden los niveles de mercurio: en la sangre y en la dieta de los niños. El objetivo es investigar si ciertos compuestos ambientales afectan al desarrollo del niño.

De ahí, por ejemplo, la recomendación del año pasado de no consumir grandes peces como el atún rojo. La razón es que el mercurio metílico presente en el agua se acumula especialmente en grandes cantidades en los tejidos de estos peces, al estar en el extremo de la cadena trófica, y es perjudicial para el desarrollo del feto y los niños pequeños.

Este tipo de recomendaciones son poco habituales. Afectan a los sectores económicos y son decisiones que hay que tomar con mucho cuidado desde el punto de vista socioeconómico, pero son necesarias porque hay salud en juego. Para sacar a la luz el tema y difundir directrices claras a través de las instituciones públicas, tienen que hacer estudios rigurosos.

Antiguo conocido

El carácter tóxico del metilmercurio es conocido desde hace tiempo. Se puede tomar como ejemplo la tragedia tras un vertido en la isla de Minamata, en Japón, en la década de 1950, o los trastornos en el desarrollo de los niños inuitos. El hecho de que hasta ahora no se hayan utilizado como modelo tiene una explicación: Los habitantes de Minamata acumularon grandes cantidades de mercurio metílico en el cuerpo, mientras que los inuit, uno de los ingredientes principales de su dieta es la ballena, que además del mercurio de metilo, absorben otros compuestos nocivos.

Entonces, ¿por qué aconsejar en España a los peces grandes? En muchos pueblos que comen mucho pescado estos consejos no son nuevos. Pero en España no se conocía la situación. Dentro del proyecto INMA, en el grupo de cohorte o investigación de Gipuzkoa y en el de Valencia se han detectado altos niveles de mercurio, y dado el seguimiento de la dieta de estas mujeres, la conclusión ha sido clara: este elevado nivel de mercurio está asociado al consumo de grandes peces.

Los altos niveles de mercurio registrados en los grupos de Gipuzkoa y Valencia están asociados al consumo de grandes peces. Ed. © iStockphoto.com/Jean Gill

Se realizaron análisis de la sangre de Zilborrest, y según los datos obtenidos, el 64,7% de los recién nacidos contenía más de 6,4 microgramos de mercurio por litro de sangre, por encima del nivel (5,8 microgramos por litro) seguro para la neurodegeneración según la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos; Enviromental Protection Agency).

El proyecto INMA es ambicioso y es muy amplio si se tiene en cuenta el número de madres, niños y expertos implicados y la cuantía de los estudios. Si no es posible llegar a este tipo de conclusiones claras. Jesús Mari Ibarluzea, coordinador de la cohorte guipuzcoana, ha señalado que el objetivo es responder a la siguiente pregunta: "¿El nivel de contaminantes que tenemos ahora afecta al desarrollo físico y psicológico de los niños? ", ya que se utilizan grandes cantidades en pruebas de laboratorio para medir la toxicidad de los compuestos, pero lo que realmente nos interesa es saber si son perjudiciales en la cantidad habitual. Para ello, en lugar de tomar experimentos de laboratorio, se deben tomar muestras de la vida real, es decir, de las personas y del medio en el que viven.

Recogida y recogida de datos

Muchas enfermedades son multifactoriales, es decir, están relacionadas con más de un factor, muchas veces interactuando, por lo que es difícil conocer el efecto causal. Por tanto, para asegurar que un determinado compuesto tiene efectos negativos es necesario tener en cuenta el mayor número de factores, los factores medibles. En este caso se trata, además, de alteraciones más leves que enfermedades.

En el proyecto INMA investigan la influencia de compuestos de tres fuentes principalmente: aire, agua y dieta. Y también tienen en cuenta fuentes menos específicas como los productos de limpieza habituales en el hogar, insecticidas, cosméticos... Realizan los análisis químicos correspondientes a cada fuente para conocer la presencia de los compuestos. Por otro lado, comprueban si estos compuestos llegan al organismo humano: toman muestras a mujeres embarazadas de sangre, pelo, orina, saliva... y también a niños. En el momento del nacimiento reciben la placenta y el cordón umbilical, así como muestras de la huerta y la leche materna, y valoran mediante tests el desarrollo psicológico y cognitivo a medida que el niño crece.

Tienen en cuenta todos los factores relacionados con el desarrollo del niño. Ed. © Ilya Andriyanov/350RF

Dado que el objetivo es investigar la influencia de los compuestos contaminantes en el desarrollo del niño, también estudian los factores sociales que influyen en el desarrollo del niño, como el entorno familiar, los estímulos que recibe el niño, etc. Así, tienen en cuenta todos los factores conocidos relacionados con el desarrollo del niño para aplicar correctamente el principio causa-efecto.

Atención organoclorados

Según Jesus Mari Ibarluze, "los alimentos son la principal fuente de compuestos contaminantes en la mayoría de los casos; los más importantes para nosotros son el mercurio y los PCB". Los PCB, bifenilos policlorados, forman parte de un amplio y variado grupo de compuestos organoclorados.

Los PCB se produjeron en grandes cantidades en la industria hasta su prohibición en 1979. Hasta entonces, en la industria se utilizaban a la perfección como aislante de cables y sistemas eléctricos, entre otras cosas, para dar carácter plástico a pinturas y gomas. Los PCB tienen las características adecuadas para ello: no son inflamables, tienen un alto punto de ebullición y son aislantes eléctricos. Además, son químicamente muy estables y esta característica era excepcional para aplicaciones, pero también es la causa de los problemas que ha generado. Y es que, a pesar de haber pasado años desde que fueron prohibidos, no han desaparecido del medio ambiente y están acumulados en el organismo humano. De generación en generación se bioacumulan, que al ser liposolubles quedan disueltos en las grasas del organismo. Es especialmente perjudicial para el feto en desarrollo y le llega de su madre a través de la placenta.

Nerea Lertxundi, profesora de la UPV-EHU y neuropsióloga, trabaja en la elaboración de la tesis sobre los efectos de los compuestos organoclorados sobre el desarrollo neuropsicológico del niño en el marco del proyecto INMA, que ya ha visto sus efectos: "las cantidades que tenemos en la actualidad no son tremendas, tenemos que dejarlo claro, pero nuestros resultados indican que se pueden ver influencias negativas en el desarrollo cognitivo y psicomotor de los niños. Al analizar estos resultados hay que dejar claro que los niños estudiados muestran el desarrollo esperado de su edad y que la influencia de estos compuestos, a nivel clínico, no es observable en absoluto. La interpretación de los resultados no tiene sentido a nivel individual sino a nivel colectivo. Por ello, de estos resultados se deduce que estos compuestos tienen un efecto negativo subclínico que tiene implicaciones para ser considerados en el ámbito de la Salud Pública".

Equipo investigador del proyecto INMA. Ed. Proyecto INMA

Lertxundi trabaja con los niños del equipo del hospital de Zumarraga, procedentes de Goierri y Urola Medio y Garai. En su opinión, la participación es especialmente significativa: "El ginecólogo ofrecía a todas las mujeres que hacían la primera ecografía la posibilidad de participar en este proyecto, y el 70% afirmó que sí. La participación es muy alta, en otras cohorte suele rondar el 50%".

El Hospital de Zumarraga fue elegido por la necesidad de ubicar todos los estudios en una única zona, pero Jesús Mari Ibarlucea considera que "es una zona de influencia muy interesante, ya que se trata de comarcas con una industria arraigada y de gran tráfico". Por ello, los estudios de dieta y aire son prioritarios en la cohorte de Gipuzkoa. "Para otras investigaciones del proyecto INMA, nuestra cohorte hace de puente", afirma Ibarluzea, "en lo que se refiere a la investigación de contaminantes en el agua, que aquí están muy bajos, porque el agua es de muy buena calidad".

Comparten los datos recogidos en las siete cohorte que participan en el proyecto, pero no sólo eso. La cantidad de información acumulada es tal que la ponen a disposición de investigadores externos al proyecto para que puedan ser también útiles en estudios de otro nivel.

Según los responsables del proyecto, no se han encontrado indicios de alarma, aunque se sabe que hay compuestos que son fuente de contaminación en el aire, la comida y el agua en mayor o menor medida. El motivo de preocupación por el momento debería ser el desconocimiento, ya que desconocemos el impacto de muchos de estos compuestos en la salud humana y, mucho menos, en la infantil y la infantil.

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