Agenda 21: los pueblos salvarán el mundo

Rementeria Argote, Nagore

Elhuyar Zientziaren Komunikazioa

La Agenda 21 nace como un documento para facilitar el desarrollo sostenible en la cumbre de Río de 1992. Y es que, a pesar de pasar años hablando de desarrollo sostenible, no había trabajo que explique cómo llevar el concepto a la práctica. Con este objetivo nació la Agenda 21.

El documento de la Agenda 21 recoge las bases de la sostenibilidad. Se basa en dos principios fundamentales: por un lado, en la necesidad de integrar el medio ambiente, la economía y la sociedad, y por otro, en la posibilidad de lograr la sostenibilidad global a través de la sostenibilidad local.

Tres cabezas en el mismo aro

El medio ambiente, la economía y la sociedad forman un sistema integrado en todas partes. El desarrollo de la economía necesita de recursos naturales y, en consecuencia, afecta al medio ambiente. Por otro lado, la actividad económica tiene como objetivo satisfacer las necesidades de la población y sus circunstancias influyen directamente en la calidad de vida de la sociedad. Por ello, se considera imprescindible que estos tres ámbitos se fusionen y se traten como un único.

Las generaciones futuras también tienen derecho a conocer el patrimonio natural y cultural que hemos recibido. (Fotos: N. Herrería).

Por lo tanto, ver la Agenda 21 sólo desde el punto de vista ambiental es quedar patas arriba. Uno de los grandes logros del programa es el reconocimiento de que los temas económicos y sociales están directamente relacionados con el medio ambiente, por lo que estas tres dimensiones deben tenerse en cuenta a la hora de elaborar cualquier planeamiento.

A nivel social, la igualdad es el objetivo principal, pero teniendo en cuenta la situación y el carácter específico de la sociedad en cada uno de los pueblos, se promueven acciones diferentes para lograr la igualdad. Sin embargo, lo esencial es satisfacer las necesidades básicas de la sociedad, pero es difícil precisar cuáles son esas necesidades básicas; no parece que las necesidades básicas de los países ricos sean las mismas que las de los países más pobres.

Además, hay que tener en cuenta que el objetivo de la Agenda 21 es la sostenibilidad mundial. Por ello, no se admiten programas que puedan perjudicar al resto de la población mundial, aunque sean muy beneficiosos para la población local. Conviene, entre otras cosas, impulsar la economía local, evitar la economía sumergida y garantizar los derechos de los trabajadores.

En cuanto a la actividad económica, se observa que la diversificación proporciona estabilidad, sobre todo en tiempos de crisis. Por ello, conviene impulsar a todos los sectores.

Por otro lado, también es importante valorar los productos en función del servicio que prestan, ya que producir productos que perduran más tiempo con menos materias primas, los recursos naturales no tendrían tanta presión.

Lograr un mundo más sostenible haciendo cada pueblo. (Foto: G. Roa).

La limitación de la explotación de los recursos naturales es necesaria para la protección del medio ambiente, pero no sólo a nivel local, ya que la utilización de recursos naturales externos para proteger al autóctono no beneficia al medio ambiente mundial. Por ello, a nivel mundial se da una especial importancia a la educación ambiental y al respeto a la naturaleza.

Por tanto, el documento reivindica la necesidad de buscar la sostenibilidad local para lograr la sostenibilidad global, de forma que todos los pueblos del mundo sólo sean sostenibles y el mundo sea sostenible. En definitiva, los problemas globales son también problemas locales y viceversa. Por eso se utiliza como lema “piensa globalmente, actúa localmente”.

Nacimiento Agenda 21

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo se celebró en Río de Janeiro en 1992. La Agenda 21 fue uno de los principales documentos publicados tras la conferencia y que definía, entre otros, el papel de diferentes agentes en el camino hacia el desarrollo sostenible.

Algunos de los agentes que se mencionan en la Agenda 21 se mostraron inmediatamente dispuestos a trabajar: eran las autoridades locales. Se reconoció la labor que los municipios podían realizar a favor del medio ambiente en el mundo, dando lugar a la Agenda Local 21 (AL21).

La participación ciudadana en el desarrollo de la Agenda 21 es fundamental. ¿Quién conoce mejor al pueblo que sus habitantes?

Stefan Kuhn es director del Programa Europeo de Agenda Local 21 en ICLEI (Secretaría Europea de Gobiernos Locales para la Implantación del Desarrollo Sostenible). A principios de la década de los 90, las autoridades locales comenzaron a darse cuenta del poder que podían tener en la protección del medio ambiente, “y disfrutaron de la orden de crear las AL21”. De hecho, el documento de la Agenda 21 llamaba a los gobiernos locales para que asumieran sus directrices.

En todos los niveles de gobierno

El documento también hace referencia a otros agentes, como las autoridades nacionales, que no se mostraron tan entusiasmados con la convocatoria de la Agenda 21. Stefan Kuhn cree que entonces se dieron cuenta de las limitaciones que tenían los gobiernos nacionales, pero también de las posibilidades que les ofrecía trabajar con los gobiernos locales.

Sin embargo, si se quiere una coherencia mínima, cada gobierno nacional debería tener su propia Agenda 21. “Debe aplicarse a todos los niveles de gobierno a la vez. Pero hay que buscar la forma más adecuada para cada nivel”.

El Sr. Kuhn considera que el mayor obstáculo para la implantación de la Agenda 21 en niveles gubernamentales superiores a los municipios es la casi imposibilidad de garantizar la participación ciudadana. El objetivo de la Agenda 21 es que todas las voces tengan espacio, por lo que la participación tiene especial relevancia a lo largo de todo el proceso.

Sin embargo, “existen estrategias regionales que buscan el desarrollo sostenible, como la de la Comunidad Autónoma del País Vasco, Baviera, Reino Unido, etc. Y también aquellos que buscan la sostenibilidad a nivel nacional, como Australia, Alemania o Holanda”.

¿Desarrollo y sostenibilidad enemigos?

La definición más conocida del desarrollo sostenible la dio la comisión Brundtland en 1987. Según esta definición, el desarrollo sostenible es “aquel que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las necesidades”. En este mismo informe se solicitaba que la protección del medio ambiente, el desarrollo social y el crecimiento económico se consideraran como un tema único.

Pero no es un concepto fácil de interiorizar, ya que el desarrollo y la sostenibilidad parecen términos contrapuestos en la vida actual. Consideramos el desarrollo como sinónimo de crecimiento, y el objetivo de la economía es el crecimiento ilimitado. Sin embargo, el crecimiento necesita de recursos naturales, que son limitados. Por ello, para entender qué es el desarrollo sostenible es necesario distinguir entre desarrollo y crecimiento.

En definitiva, el desarrollo se relaciona con la mejora de la calidad de vida, pero con el menor deterioro de los recursos naturales.


¿Cómo quieres que tu pueblo sea?

¿Quién conoce mejor el municipio que sus habitantes? Nadie, está claro. De ahí la importancia de tener en cuenta su opinión, tanto a la hora de realizar un diagnóstico de la situación del municipio como a la hora de seleccionar las acciones a realizar.

La población local debe decidir qué tipo de futuro quiere. Y en ocasiones, las decisiones tomadas no se ajustan a las expectativas de los políticos. Sin embargo, si se adquiere el compromiso de implantar la Agenda Local 21, las autoridades también tienen la responsabilidad de cumplir las decisiones adoptadas durante el proceso.

Hay que tener mucho cuidado y cumplir las decisiones tomadas en los foros, de lo contrario los participantes pierden la motivación. ¿Quién seguirá asistiendo a los foros si no se llevan a cabo las acciones acordadas?

Babesleak
Eusko Jaurlaritzako Industria, Merkataritza eta Turismo Saila