Información confidencial

Ante las denuncias de periódicos contra un grupo de investigación gubernamental, los investigadores franceses piden que se modifiquen las leyes que velan por el secreto médico.

El problema surge en torno a un estudio realizado por Christian Capron, Michel Duyme y Michele Carlier en el laboratorio de Pierre Roubertoux en el centro nacional de investigación científica de la universidad de París (CNRS). Se analizaron los efectos prenatales o postnatales de esta vía de creación en la mente en niños nacidos de inseminación artificial de su propio padre, con el fin de detectar problemas psicológicos o neurológicos. Estos problemas se han encontrado en el caso de los senderos.

El equipo de Capron obtuvo los nombres de 120 niños creados por inseminación artificial del banco privado de esperma de Sacha Geller. En el centro de Geller se ofrecen madres alternativas y se aconseja a las lesbianas y a las que quieren ser madres sin relaciones sexuales el camino de la inseminación artificial. El equipo de CNRS analizó las inteligencias de 120 niños nacidos de inseminación artificial y 3.600 niños nacidos de parejas.

El pasado mes de diciembre, según la revista L’ Express, los investigadores anteriormente citados rompieron tres normas. Estas normas establecen que, por un lado, los médicos sólo pueden informar a los médicos de las incidencias de los pacientes, siempre y cuando la información se utilice con fines terapéuticos, por otro, los datos son confidenciales y, por último, la información de terceros requiere el consentimiento de esta persona.

Según Claude Paoletti, uno de los directores del CNRS, estas normas vinculan plenamente a los investigadores.

Este debate durará mucho y se extenderá a otros estados.

El secreto de los datos personales es un derecho fundamental, pero si estos datos no llegan a los especialistas, ¿cómo avanzar en la ciencia de la salud?

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