En busca de presas más tiernas

En las décadas de los años 20 y 30 se hizo muy popular la frase del cazador Jim Corbett: los leones no peligrosos para las presas convencionales son los más peligrosos para el ser humano. Y parece que no le faltaba razón. En 1898 dos leones gigantes de casi 3 metros de altura asesinaron a 130 trabajadores que estaban construyendo el ferrocarril en Kenia. Los leones fueron cazados y sus cráneos permanecen en el Museo de Ciencias Naturales de Chicago. El zoólogo Bruce Patterson analiza los dos cráneos y observa que uno de los leones tenía un colmillo roto y en la base del candelabro tenía una funda de pus impresionante. Los leones utilizan los caninos para perforar los cuellos de las presas y disminuir su columna. Sin embargo, el león investigado no podía utilizar el canino herido para cazar búfalos y cebras y, según Bruce Patterson, fue por ello que los humanos buscaron por ser más lentos, más blandos y menos capaces de defenderse. El segundo león no tenía ninguna discapacidad física. ¿Por qué los humanos también cazaron? Según Patterson, iba a tener otro límite o le estaba siguiendo un león impedido agresivo.

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