¿El efecto invernadero no es para tanto?

La concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera está aumentando mucho más despacio de lo anunciado por el IPCC (Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático). La noticia es buena por un lado, pero no por otro, porque si no podemos predecir la situación futura, difícilmente se aceptará a nivel internacional un acuerdo que limite las emisiones de estos gases. Y hoy en día la ciencia no puede hacer predicciones concretas sobre el futuro calentamiento global, porque todavía sabemos muy poco sobre algunos de los factores que intervienen en este proceso.

En contraposición a lo anterior, parece que en los próximos 50 años no se duplicará la cantidad de CO2 disponible en la atmósfera (lo que supondría un aumento de temperatura entre 1,5 y 4,5 ºC), ya que para ello se necesitarán 50 y 100 años. Es cierto que entre 1950 y 1975 la concentración de estos gases aumentó rápidamente, pero desde entonces se ha reducido bastante. Sin embargo, las emisiones de CO2 han aumentado. ¿Dónde está entonces ese monóxido de carbono si no es en la atmósfera? Hay varias hipótesis: se piensa que se está acumulando en los mares, o quizá en los árboles.

Pero nadie sabe si ese crecimiento lento va a seguir, se va a vivir o se va a reducir. Otro gas importante de efecto invernadero es el metano, cuyo crecimiento se ha ralentizado aún más. Para conocer algo más sobre este complicado problema, es necesario esperar a que la OSE (Earth Observing System), que está preparando la NASA, despegue satélites especializados.

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