“Los seres humanos en la Tierra no nos engañemos”

La geóloga Arantza Aranburu Artano recorre cuevas en los últimos 25 años, colgando de una cuerda en busca de los sedimentos que se acumulan en los agujeros más profundos de nuestras montañas. En estos sedimentos busca pistas para analizar la evolución geológica del paisaje en Euskal Herria. A pesar de haber pasado muchas horas en Atapuerca y en los cárstes de Euskal Herria, Aramburu tiene una fuerza para todo: También ha conducido y presentado el documental El camino de la Tierra, junto con otros geólogos, para que aprendamos a escuchar lo que nos susurran las montañas.
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Ed. Aritz Loiola/©Argazkipress
A muchos nos gusta ir al monte, pero quizás nos falta acercarnos y disfrutar con la mirada de la geología. ¿A ti qué te cuentan las montañas?

Ufa, muchas cosas. No todos los montes dicen lo mismo. Cuando están desnudos, con poco suelo y poca vegetación, me cuentan cómo eran aquellos tiempos en los que surgieron las rocas. En paisajes kársticos, por ejemplo: Itxina, Aralar, Aizkorri… En las que tienen más cobertura veo cómo salieron del mar, ya que las olas generaron una cierta abrasión en esas rocas. Después, el agua de lluvia hizo su trabajo creando cuevas. Todo esto está escrito en relieve y la mayoría de la gente no lo ve. Si supiesen que para crear el suelo que pisan han pasado 6.000 años, o cuando estemos viendo los depósitos abandonados por la glaciación de hace 20.000 años, mirarían el paisaje con otro respeto.

¿Y qué tienen los agujeros que tanto te atraen?

[Ríe] Pues mira, los agujeros tienen la habilidad de guardar en su interior todo aquello que no se guarda fuera. Todo lo erosionado de los montes es arrastrado por el agua que acaba en cuevas. Son muy interesantes para realizar lecturas geológicas. En Euskal Herria tenemos más de 6.000 agujeros localizados por espeleólogos y tenemos registros de todos ellos.

¿Qué leéis en las cuevas?

Analizamos las estalagmitas de las cuevas; los registros que dejan en el suelo las gotas caídas de las estalactitas. Los cristales que se forman en la Tierra adquieren una forma u otra dependiendo de la precipitación pluviométrica (por ejemplo, si se trata de un sirimiri, si se trata de agua dejada por el cresal o si se trata de tormentas), del grado de saturación del agua en el carbonato cálcico, de la temperatura de la cueva… Así, analizando las formas de estos cristales nos acercamos a conocer las lluvias del pasado.

¿Cuándo y cómo surge la orografía que tenemos hoy en Euskal Herria?

Salvo unas pocas rocas volcánicas, la práctica totalidad de las rocas que afloran en el País Vasco son rocas depositadas en el mar, algunas en pequeñas profundidades, en los deltas de los ríos, otras, flysch, en los mares de más de 1.000 metros de profundidad… Algunas, en aguas frías, otras, más tropicales… De temporada, pero todas ellas surgidas en el mar. Piénsese que en ella pasaron 260 millones de años largos, acumulando sedimentos y convirtiéndose en roca por la carga, ocasionalmente con volcanes submarinos. Fue durante el Cretácico, desde el Triásico hasta el Paleógeno Inferior.

Ed. Aritz Loiola/©Argazkipress

¿Qué pasó? Hace unos 40 millones de años, por la tectónica de placas, se empezó a cerrar este mar. Hasta entonces todo esto era un mar abierto, entre dos placas continentales: Placa Ibérica y Placa Europea. Pangea estaba dividiendo el supercontinente y abrían ambas placas. Pero, de repente, las fuerzas cambiaron y una placa comenzó a empujar. En este choque surgieron los Pirineos. Este cierre tuvo lugar a modo de tijera, comenzando por la zona de Cataluña. Así, las montañas comenzaron a crearse en la zona de Cataluña y luego en la nuestra. Al cerrar el mar entre las dos placas, la línea de costa comenzó a moverse en el País Vasco: aunque entonces llegaba desde Vitoria al sur, hasta el tramo de la Rioja, la línea de costa comenzó a retroceder con la creación de los Pirineos. En ese momento, todas estas rocas acumuladas en el mar durante millones de años empezaron a ser expulsadas. Comienza a doblar Euskal Herria creando montañas y valles.

Desde entonces, nuestras montañas han estado erosionadas. Y lo seguirán haciendo mientras no cambien fuerzas por otro movimiento de placas.

¿Las dos placas están ahora en paz?

Sí, ya están unidos y tienen un movimiento conjunto. Se mueve muy poco. Respecto al movimiento de otras placas, podemos decir que nuestra placa está muerta. De vez en cuando tenemos pequeños terremotos —la Tierra también nos recuerda que se está moviendo— pero, en general, difícilmente podemos apreciar el movimiento de nuestra placa con respecto a los demás, ya que estamos muy lejos de los contactos violentos.

Los contactos entre placas pueden ser muy variados. Algunos son una especie de fallas que provocan terremotos terribles, como el de Norteamérica. Otras son de colisión, cuando las placas chocan y una parcela sale bruscamente hacia arriba. El himalaya, por ejemplo, que todavía sigue creciendo en aumento, a diferencia de los Pirineos. Y hay otras de subducción: cuando una placa entra bajo la otra con mucha fuerza, creando volcanes increíbles. Esto ocurre en toda la orilla occidental de Sudamérica, y la tierra submarina se está perdiendo constantemente. Otras veces la tierra se crea: en las dorsales. Al abrirse las placas se forma una nueva roca al agrietarse. En el Océano Atlántico se está abriendo el dorsal, pero aquí no se nota. Estamos en un lugar bastante pacífico.

¿Y sabéis qué va a suponer el futuro?

Retrocediendo en el ciclo orogénico se observa que la tierra del planeta se funde cíclicamente, luego se rompe, cada trozo va por su lado y vuelve a juntarse. Sabemos cuáles son los movimientos relativos de las placas y se prevé que dentro de unos 200 millones de años todo vuelva a unirse y se cree un nuevo supercontinente como Pangea. Se llama Amasia. Todo ello modelizado y visible para todos.

¿Dónde comenzará a recoger la tierra?
Ed. Aritz Loiola/©Argazkipress

Está abriendo el dorsal del Atlántico y tocará en el otro lado del Pacífico. Los micro y macroontinentes se irán sumando alrededor de Asia, de donde se denominará Amasia. Las velocidades de todas las placas no son iguales, pero ya está previsto que vaya a chocar primero con qué. Las colisiones entre India-Eurasia y Arabia-Eurasia ya han comenzado, lo que traerá consigo la suma de África y Eurasia en un futuro próximo, lógicamente hablando geológicamente. Allí se creará una cadena montañosa, luego le llegará otra… La foto del futuro será muy diferente a la actual.

¿Hasta qué punto nos marca la geología del lugar en el que vivimos los seres humanos?

Creo que nos condiciona totalmente. Hoy en día viajamos mucho, pero nacemos y crecemos en el mismo lugar o en los alrededores, lo que deja su marca. Nuestra geología nos hace: la orografía, las rocas, el agua… No tanto la vegetación. La cultura nace unida a una orografía, a las costumbres y, en definitiva, a lo que somos. Tienen una perspectiva muy diferente la que nace y echa la mirada en un lugar llano, es decir, la que sale a pie en un paraje en el que no se ve nada al final del horizonte, y la que nace en un valle estrecho que no tiene capacidad de ver de un caserío a otro. Da igual dónde mirar, donde veo la huella de la orografía: en la naturaleza de las personas, en los idiomas…

Alguna vez te he oído decir que la geología te ha dado una perspectiva para la vida. ¿En qué?

Creo que los seres humanos, en la época en la que vivimos, tenemos una visión muy corta. Y que la geología nos ayuda a ampliar la perspectiva y a actuar con humildad. Y es que, al analizar la evolución de la Tierra, ver cuándo comenzó la vida y, saltando de ella, ver las casualidades por las que hemos nacido los seres humanos, sabiendo además que ayer somos un producto matinal, resta mucho brillo a nuestro ser. Los seres humanos estamos aquí por pura casualidad, para que no nos engañemos. Porque si el impacto del meteorito no se hubiera producido y los dinosaurios no hubieran desaparecido, nosotros no estaríamos aquí. Y ten en cuenta que los dinosaurios también estuvieron ahí por una crisis anterior. Es decir, todos los que han pasado por muchas crisis han hecho que determinados mamíferos salgan adelante y de ahí venimos. Pero nosotros no somos mejores que todos los anteriores, sino que gracias a ellos estamos aquí.

Nos sentimos en el extremo de la evolución, ¿no?

Nosotros no somos el extremo de nada. Es más, mirando hacia atrás, está claro que no somos más que una especie invasora, una plaga. En los registros geológicos es muy fácil ver qué especies han sido invasoras. Hemos sobrevivido, pero la estrategia de supervivencia ha sido la de reproducirse mucho y rápido, despilfarrando los recursos que nos acompañan. Eso mismo traerá consigo la destrucción de la especie. O si no es así, muy parecido.

Ha sido mucho como lo que está pasando hoy en el pasado. Por ejemplo, en la frontera Cretácio-Paleógeno hubo una crisis incluso antes de la llegada del meteorito y la destrucción de los dinosaurios. En los mares había algo que no iba bien: las especies estaban desapareciendo, había altas tasas de mortalidad… Luego vino el meteorito y se puso la guinda. Pero para entonces ya había un problema. Pues la nuestra es similar, ¿cuántas especies estamos destruyendo? ¡Sabemos lo que supone! Los dinosaurios perduraron casi 200 millones de años, evolucionando sobre la Tierra. Nosotros llevamos unos 3 millones de años y tengo una gran duda, hablando geológicamente, de si vamos a llegar a otro siglo despilfarrando todos los recursos que ofrece el planeta… Pero desde el punto de vista de la Tierra no me preocupa, vendrán los demás. El problema es nuestro.

Ed. Aritz Loiola/©Argazkipress

Esto se refleja en la crisis climática en la que el aumento del efecto invernadero provoca un cambio en la distribución de depresiones y anticiclones en el planeta. Eso ya lo hemos hecho. Según los factores astronómicos, y teniendo en cuenta la ciclicidad que vemos al clima, llevamos 20.000 años calentando, por lo que en breve la Tierra debería empezar a enfriarse de nuevo. Muchos de los que trabajan en la geología y el cambio climático afirman que con el daño que nosotros hemos hecho a la protección del planeta, tal vez hemos eliminado este frío.

El Grupo del Antropoceno ya ha presentado la solicitud de que el propio Antropoceno sea reconocido como un nuevo período geológico debido a la influencia humana. ¿Cuál es tu opinión?

Está claro que nuestro impacto quedará registrado, al igual que el de otras especies, pero no tengo claro que sea necesario designar un nuevo estadio geológico. Durante el Cretácico los rudistas moluscos se desarrollaron muchísimo en el mar, pero no se les ha definido un estaje… Entre los geólogos hay un debate. Yo no tengo claro si es correcto o no, pero creo que es bueno poner ese debate en la sociedad sobre la mesa y ver la huella que nuestra presencia va a dejar en el planeta.

Sin embargo, como herramienta para el trabajo de los geólogos hay que definirla correctamente. ¿Qué debemos tomar como señal de partida de la huella humana, la presencia del plástico? Tiene que ser un isócrono y el plástico no es, ya que se ha extendido antes en las regiones industrializadas. ¿Entonces cuando estaban haciendo las primeras pruebas nucleares? Tampoco nos sirve porque esa señal tiene una fecha de caducidad, desaparece. ¿Cuándo el hombre ha empezado a transformar completamente la naturaleza? Durante la industrialización, los neandertales también hicieron su esfuerzo por explotar el entorno. Está claro que el título del Antropoceno corresponde a nuestra sociedad y no a los neandertales, pero no es fácil determinar qué indicadores serán.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta la geología en este momento?

Como se ha dicho, un reto de la geología es situar a la sociedad en el tiempo y en el espacio. Interiorizar la humildad. Saber más nos dará recursos para cuidar la Tierra. Esa es la única esperanza. Para abordar la gestión del agua, por ejemplo, o para hacer frente a la crisis climática.

Creo que también debemos abordar el problema del suelo. Estamos erosionando el suelo demasiado rápido por obras y pistas. Estamos perdiendo la Tierra en todo el planeta, por todos sus poros, y la tierra es muy difícil de crear. Desde aquí podemos coger la vegetación y colocarla, pero no es posible reubicarla. No se puede pegar. Cuando una roca pierde el suelo que tiene encima, hasta que ella la crea, se desaprovecha. Esta tierra procedente de otro lugar no se arraigan. Y la función del suelo no es sólo la de sustentar la vegetación y todas sus bacterias y animales, sino también el sistema de regulación del agua. Y el sistema de filtración: purifica el agua, la limpia.

Otro de los retos de nuestra sociedad es cómo almacenar energía, cómo almacenarla. Somos capaces de crear desde recursos sostenibles (Sol, olas...), pero hacemos grandes matices para acumularnos. Explotamos elementos extraños de forma inhumana en países que no tienen un desarrollo económico como el nuestro, y hacemos matanzas. Ha llegado el momento de trabajar la geoestrategia.

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