"La pérdida de contacto con la naturaleza perjudica al bienestar humano"

Unai Pascual García de Azilu es economista, pero más allá del crecimiento económico y material, se centra en el bienestar de la sociedad. Considera fundamental para el bienestar humano el estrechamiento de la relación con la naturaleza y trabaja para integrar esta visión en el corazón de la economía. El informe IPBES, que lidera el grupo de trabajo internacional sobre los valores de la naturaleza, ha reunido esta semana en Vitoria-Gasteiz a 100 expertos multidisciplinares en representación de la Organización de las Naciones Unidas. Esta charla nos ha proporcionado claves importantes para entender la relación de los seres humanos con la naturaleza.

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Ed. Marisol Ramirez/Argazki press

En el marco del informe IPBES, usted lidera el grupo de trabajo internacional para trabajar los valores de la naturaleza. ¿Qué hace un economista analizando los valores de la naturaleza?

Aunque la economía es una palabra que utilizamos en el día a día, creo que la gente no entiende bien su sentido. Economía significa gestión del hogar. Cómo organizar la sociedad gestionando los recursos limitados que tenemos para lograr el bienestar de la sociedad.

En la actualidad se ha reducido considerablemente la perspectiva de desarrollo de la sociedad hasta limitarse al crecimiento económico. Pero el crecimiento económico no tiene por qué incidir directamente positivamente en el bienestar de las personas, hay un montón de efectos negativos: contaminación, cambio climático… Por lo tanto, la economía debe entenderse de una manera amplia, teniendo en cuenta que la naturaleza es un sistema mucho mayor. Es decir, la economía depende de la sociedad y la sociedad de la naturaleza. Esa es mi forma de entender la economía.

¿Qué bases crees que debería tener la economía?

En la base debe estar el origen de la palabra economía: gestión del hogar para proteger o aumentar el bienestar. El bienestar se puede entender de muchas maneras, pero al fin y al cabo es que la gente esté a gusto con su vida, tenga una vida plena. Entonces, la pregunta es: ¿el mero crecimiento económico nos permite tener una vida plena, virtuosa, en la que nos sentimos bien en nuestras relaciones? Tenemos comida, bebida y cosas básicas, pero más allá de eso, me refiero a sentirnos bien en sus relaciones con los demás. En nuestra sociedad hemos creado una concepción muy limitada del bienestar: tener empleo, tener dos coches…

¿Cómo hemos llegado a una economía tan reducida en nuestra sociedad?

Creo que se produjo a partir de la Segunda Guerra Mundial, porque hubo una enorme necesidad de reconstruir determinados países, de reponer la industria… La pobreza aumentó en Europa, y el crecimiento económico se consideró necesario para pasar a una sociedad de mayor bienestar. Ahí empezó un nuevo sistema de acumulación real.

Después, la década de 1980 fue muy especial: De la mano de Thatcher y Reagan, desde el mundo anglosajón, crearon la visión del neoliberalismo: la menor injerencia del Estado y la desregulación económica para mover los negocios. Eso no es economía, sino una ideología impuesta. Pero otros países hicieron suya esta ideología y se extendió a todo el planeta. En consecuencia, desde la década de 1970 el comercio internacional se ha multiplicado por 10. Nótese que en este sistema de acumulación, el producto interior bruto crece exponencialmente, no linealmente, y que para mantenerlo, la cantidad y el flujo de recursos naturales explotados, incluida la energía, han crecido exponencialmente.

¿Esto ha supuesto una dependencia del crecimiento económico y del material?

Sí, sí, totalmente. Es una dependencia que hemos creado y esa es la tragedia que vivimos. Hemos creado un sistema de acumulación en el que el producto interior bruto debe crecer constantemente, acumularse, invertir capital. En muchos casos, este capital procede de préstamos bancarios y debe pagarse con un interés. Por lo tanto, estamos metidos en una rueda loca. No podemos salir de ahí y si no nos cambiamos, nos llevará al colapso ecológico. De ahí la idea de no sostenibilidad.

Hemos empezado a sufrir los efectos negativos directos del colapso, ya que hemos creado serios problemas mundiales para proteger nuestro sistema económico: contaminación, degradación de la biodiversidad, cambio climático… En muchos lugares del mundo ya no tienen suficiente cosecha para sobrevivir. El cambio climático y otros problemas generados por nuestra economía han incrementado la dimensión de los problemas que tenían en estos países. Muchos de los problemas son derivados del neoliberalismo, de nosotros, en África, Asia y Centroamérica, y han sido arrastrados durante siglos. Ahora, el cambio climático ha traído consigo un importante aumento de la dimensión de estos problemas, debido a la falta de agua, la pérdida de cosechas, etc.

Nosotros, por el momento, tenemos más defensas; podemos poner parches para que el colapso no llegue tan rápido, porque hemos invertido mucho en infraestructuras y tecnología, pero no olvidemos que hemos creado esas protecciones con recursos ajenos. En cualquier caso, volveremos al problema que hemos generado, a través de los inmigrantes que vienen a escapar, porque hay continuas luchas geopolíticas para controlar los recursos cada vez más escasos…

¿Ves la falta de adhesión social a la naturaleza que se refleja en nuestro comportamiento?

Ed. Marisol Ramirez/Argazki press

Sí, yo lo veo muy claro. A medida que vamos construyendo una sociedad más urbana y materialista, la propia forma de relacionarnos con la naturaleza se está alineando con la perspectiva del capitalismo verde; nos relacionamos a través del mercado para consumir. En el mejor de los casos, estamos limitando nuestra relación con la naturaleza a disfrutar de la naturaleza en el tiempo libre, pero como vemos un documental en la televisión, no más.Así, en lugar de que el consumo sea un camino hacia el bienestar, nos hemos convertido en dependientes. Hoy podemos entender el consumo como una nueva relación de la sociedad.La propia pérdida de contacto con la naturaleza ha hecho que cada vez más se sumerga en el círculo vicioso de la necesidad de crecimiento económico. Creo que ambos fenómenos están relacionados.

Desgraciadamente, estamos dejando de lado muchas relaciones intangibles enriquecedoras con la naturaleza, que son necesarias para nuestro bienestar, para tener esa vida plena. Los denominamos “valores relacionales”. Es decir, más allá del valor que tiene un árbol, yo valoro mi relación con ese árbol. Como en las personas: en lugar de valorar a la persona, valoro qué relación tengo con ella, qué me ofrece la relación. Creo que eso es fundamental. Es un paradigma, otra forma de entender los valores de la naturaleza.

Como hemos perdido esa relación básica con la naturaleza, ya se han empezado a percibir pérdidas en nuestro bienestar. Aparecen problemas psicológicos, especialmente relacionados con los núcleos urbanos: depresiones y otras alteraciones psicológicas. Y estoy seguro de que a medida que vamos perdiendo la relación con la naturaleza, las enfermedades que desarrollamos como especies irán aumentando. Cada vez hay más evidencias científicas que demuestran que es fundamental mantener una relación estrecha con la naturaleza. Para el bienestar psicológico y físico.

¿Qué otras aportaciones nos aporta la naturaleza, además de proveer materias primas?

Además de los valores instrumentales habituales que nos aportan los recursos naturales, mencionaría otros tres tipos de valores relacionados con las relaciones. Uno es la custodia. Nosotros cuidamos a la gente, cuidamos nuestras cosas y hay que cuidar la naturaleza. No es que quiero tener una naturaleza bonita, no. El cuidado como valor es muy importante para tener una vida plena. Al igual que nos beneficiamos del cuidado de las personas, también nos beneficiamos del cuidado de la naturaleza. Nos sentimos bien al hacerlo. Además —y los pueblos indígenas lo tienen muy interiorizado—, si cuidas de la Madre Tierra, la Madre Tierra te dará bienestar a ti de vuelta. Nosotros, los vascos, seguramente lo tuvimos interiorizado.

La segunda es la responsabilidad. Que la gente diga “pero yo lo reciclo” es una forma muy estricta y corta de entender la responsabilidad. Es responsabilidad qué y cuánto consumo, a quién compro… Ser conscientes de la responsabilidad que tenemos sobre el mundo dejado por nuestros antepasados y que nosotros también tenemos que darles a otros.

Y la tercera es la custodia del territorio, que nos corresponde con ese tesoro que nos han dejado los anteriores. No podemos traicionarlos.

Creo que es fundamental establecer un equilibrio entre los valores instrumentales y relacionales que nos ofrece la naturaleza. Creo que el actual desequilibrio, la forma de explotar la naturaleza, pone de manifiesto el desequilibrio cognitivo que tenemos los seres humanos en este momento. Estamos generando graves problemas por nuestra forma de ver la realidad.

Ed. Marisol Ramirez/Argazki press

¿Ves la necesidad de trabajar los valores de la naturaleza en la sociedad?

Esta relación con la naturaleza debería abordarse desde todos los ámbitos para vivir de forma saludable: desde los medios de comunicación, los beneficios de la relación con la naturaleza en la sociedad; desde la educación, porque de niño creamos nuestras estructuras psicológicas y mentales, la forma de entender el mundo. Las escuelas deberían relacionarse cada vez más directamente con la naturaleza y ofrecer estas experiencias a los niños. No basta con hablar abstracto de la naturaleza, porque aprendemos de la experimentación, de la experiencia personal.

También hay que ofrecer a los actuales consumidores apasionados la posibilidad de experimentar la naturaleza para que vean cómo se sienten mejor. Hay que ayudarles a recuperar las relaciones humanas por la naturaleza. Hay que crear oportunidades para dar solución a esta dependencia no saludable del consumo.

También habría que trabajar desde la administración, que tiene recursos y que alinea las políticas para movilizar a la sociedad de un lado a otro. Por ejemplo, me parece muy positivo lo que han hecho en Vitoria en las últimas décadas. Desde hace tiempo se han realizado grandes inversiones en el desarrollo de espacios verdes como el anillo verde. No son espacios bello, son espacios de uso, sistemas ecológicos reales. Y el modelo de centros cívicos, que no existe en las ciudades cercanas. Ahí se alimentan las relaciones entre la gente. Hay espacios de encuentro para todas las edades, y si no, no se reunirían. Vitoria-Gasteiz tiene un gran potencial para generar vivencias.

Con el ejemplo de Vitoria-Gasteiz, queremos poner en marcha un estudio para aclarar hasta qué punto las ciudades verdes fomentan las relaciones con la naturaleza y las relaciones entre la gente. Si realmente son suficientes para estructurarse en nuestro interior.

Porque el objetivo no será que todos volvamos a los caseríos, ¿no?

Eso es. La realidad es que nuestra sociedad ha evolucionado. Una evolución conjunta entre naturaleza y sociedad. Yo no digo que vivir en los caseríos sea necesariamente mejor que vivir en las ciudades. Tendrá cosas buenas y malas. Pero si seguimos perdiendo esas relaciones ricas, difícilmente conseguiremos una sociedad sostenible. Debemos entender la economía de forma sana.

¿Cuál ha sido la responsabilidad de la ciencia en esta visión reducida de la economía?

La atomización de la ciencia ha hecho que cada uno se fije en un único campo, al microscopio y al detalle, pero en un único campo. Y de ahí las aportaciones. Ese ha sido el problema. Ha sido muy eficaz para algunas cosas, pero para problemas verdaderamente sistémicos y complejos no sirve el modelo científico que hemos diseñado.

Por ejemplo, la sostenibilidad es un problema complejo que requiere una gran colaboración interdisciplinar, una nueva semántica. Y tenemos semánticas tan diferentes entre los químicos, los filósofos, los biólogos, los físicos… que cada uno desde su ciencia ve un mundo diferente. Tenemos diferentes prioridades. Crear una ciencia basada en la colaboración interdisciplinar es uno de nuestros mayores retos para afrontar problemas complejos.

Por otro lado, como la tecnología ha evolucionado tanto y la estamos utilizando para tantas cosas, creemos que vamos a solucionar todos los problemas con la tecnología. Hemos creado una fe totalmente falsa con la tecnología, sin mirar los problemas que la tecnología genera.

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