“Los investigadores tenemos una responsabilidad científico-política”

Galarraga Aiestaran, Ana

Elhuyar Zientzia

Amaia Bacigalupe de la Hera (Portugalete, 1980) es doctora en Salud Pública, profesora de sociología en la Universidad del País Vasco e investigadora del grupo OPIK. Se ha mostrado crítico con la interpretación y gestión de la crisis del COVID-19, porque no cree, en absoluto, que se trata de algo que ha y que nos afecta a todos por igual. Y tiene razones y evidencias sólidas para creerlo.
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Ed. Marisol Ramírez/©ENFOCA
En el grupo OPIK investigáis los condicionantes sociales que afectan a la salud. ¿Cómo entendéis vuestra salud, cómo la definís?

Eso es lo primero que tenemos que tener claro es qué es la salud. Porque cómo defines tu salud, así comprenderás cómo cuidarla y promocionarla. Está claro que un grupo de investigación de este tipo, formado por miembros de la sociología, entiende la salud más allá del modelo biomédico. Es decir, la salud no es sólo la ausencia de la enfermedad, como siempre ha entendido el modelo biomédico, sino el bienestar en un sentido global.

Cuando divulgas la definición de salud al bienestar, y no te quedes en los condicionantes biológicos, genéticos y biomédicos, se te amplía para estudiar cómo cuidar la salud y qué gestión se puede hacer para mejorar la salud a nivel de población.

Es una característica muy importante. Nosotros no analizamos la salud individual, sino colectivamente, y a nivel de población, para entender por qué algunos grupos sociales tienen más posibilidades de tener una buena salud que otros.

Teniendo en cuenta esta definición de salud, ¿cuáles son los condicionantes?

Son muy variados y muy productivos desde el punto de vista de la investigación. En OPIC tenemos varias líneas de investigación y, sobre todo, hemos analizado cómo afectan tanto el nivel socioeconómico como el género, y ahora menos, pero hemos analizado cómo afecta la migración.

También han realizado investigaciones en el contexto del covid-19. Para ti, ¿una lupa, una tapa o un izeberg?

De hecho, pueden ser las tres, pero creo que tenemos la oportunidad de que sea una lupa. No sé si lo vamos a conseguir, pero viendo cómo empezó el covid-19, y cómo se ha ido haciendo cuerpo, cómo lo han gestionado políticamente, cómo lo están haciendo ahora… todo eso nos da la oportunidad de volver a poner sobre la mesa, de una manera espectacular, los temas que llevamos trabajando desde hace tiempo. Por lo tanto, tenemos que aprovechar este momento, por eso debería ser una lupa.

Es cierto que otros también están siendo aprovechados para cubrir, eso está claro. Pero como investigador y activista, esto nos debería dar la oportunidad de decir a la gente: oye, esto no es sólo lo que se ha alojado un virus en un cuerpo. No es una cuestión biológica.

Creo que como investigador tenemos una responsabilidad científico-política. Por un lado, debemos decir que no es cierto y argumentar que no todos tenemos la misma sensibilidad al virus y que no todos tenemos las mismas oportunidades de enfermar gravemente y morir del covid-19. Y por otro lado, no todos hemos tenido las mismas oportunidades de adaptarse a las normas y limitaciones que nos han marcado en esta crisis. Así, algunos han podido vivir esta época con mayor o menor sufrimiento que otros.

Una vez más, hemos visto cómo las condiciones sociales están desequilibradas. En esta ocasión nos han aplicado medidas tan exigentes, iguales para todos, sin ninguna flexibilidad, que han vuelto a poner las diferencias en la mesa.

Ed. Marisol Ramírez/©ENFOCA

Por lo tanto, nuestra responsabilidad no es sólo transmitir información teniendo en cuenta los condicionantes sociales, sino también denunciar políticamente la gestión política que conlleva. Yo, al menos, lo vivo así. En ese sentido, por tanto, es una lupa.

Dice que aunque el campo de juego sea igual para todos, no todos tenemos las mismas opciones para hacer unas jugadas u otras. ¿Cuáles han sido los condicionantes que más han influido en ello?

En primer lugar, existen condicionantes estructurales. No es lo mismo la gestión que han hecho en Madrid, por ejemplo, por las consecuencias que ha tenido esta histórica negligencia política en el cuidado, que la de la Comunidad Autónoma del País Vasco, en la que, aunque entre comillas, tenemos un sistema público más fuerte y en el que el Gobierno ha intervenido directamente en los centros de gestión privada.

Dentro de este contexto, las diferencias que la clase social y el género han producido conjuntamente, de forma interseccional, son probablemente las más importantes para entender esto. ¿Por qué? La clase social, que facilita la vida, condiciona no sólo el riesgo que corremos para contagiarnos, sino también la capacidad de vivir el confinamiento con un mínimo bienestar.

En tiempos de confinamiento, tuvimos a los niños en el centro, porque desde el principio nos pareció que han sido totalmente olvidados en el debate público, más aún si lo comparamos con otros países. La eliminación de niños es un indicador del modelo de sociedad que tenemos, por eso decidimos investigar.

Al hilo de esta investigación, vimos que lo que pensábamos de antemano, es decir, que para su salud es clave el tipo de hogar y de vida que tienen. No es nada nuevo, pero eso también está bien: está muy bien encontrar cosas nuevas, pero también confirmar lo que intuíamos con datos.

Además, vimos que el confinamiento no afectaba por igual a las madres y a los padres: las madres han tenido peores vivencias psicológicamente que los padres. Esperábamos, porque no es casualidad, pero como estas cosas pasan dentro de casa, se saben muy poco. Por eso es necesario investigar.

También se verá en el mercado laboral, en los datos de la violencia, en la carga del cuidado... En todos ellos, el covid-19 tendrá un efecto peor en las mujeres que en los hombres. Y con ello está la influencia de la clase social. Estos condicionantes explican de forma conjunta, en gran medida, las causas de esta pandemia.

Hay que tener en cuenta también dónde están surgiendo nuevas apariciones, ya que estamos viendo que están surgiendo vinculadas a determinados niveles sociales o sectores económicos. Tampoco es casualidad, pero parece que las autoridades prefieren pensar que las cosas se producen al azar y que no tienen una raíz política y económica.

También en salud, en los últimos años se ha centrado en aspectos relacionados con la genética y el individuo, lo que parece que nos salvará. Pero esto choca con otras perspectivas y nos ha dificultado enormemente la difusión de un mensaje diferente en los grandes medios de comunicación, que no es “cuídate y depende de ello tu futuro”. No, eso no es así.

¿Y qué crees que habría que hacer?

En primer lugar, la determinación, aceptación y exposición al público de que sólo lo que ocurre en los sistemas de salud explica entre el 20 y el 25% del nivel de salud de la población. Con ello, la gente entendería que su salud, en gran medida, no tiene nada que ver con Osakidetza, sino con otras cosas. Esto permitiría crear una conciencia política. Entonces comprenderían cómo afectan a nuestro día a día los condicionantes sociales y, en definitiva, la desigualdad social.

Ed. Marisol Ramírez/©ENFOCA

Algunos creen que sólo esa influencia se nota en los más pobres. Pero no es así, se nota en toda la jerarquía. Y no sólo en mujeres sino también en hombres. La toma de conciencia generaría una conciencia política. La cuestión es que no es nada vendible.

La sociedad no está acostumbrada a este tipo de planteamientos

No, nos han acostumbrado a recibir políticas desde el miedo. Y si no cambiamos nada, seguiremos pensando que las cosas pasan aleatoriamente. Eso, claro, les viene muy bien a las autoridades para no asumir responsabilidades. El lenguaje que han utilizado también está relacionado con eso: expresiones de guerra, o como que todos vamos en la misma barca...

En definitiva, esta forma de hacer política tiene raíces muy profundas y está totalmente naturalizada. El neoliberalismo desde los años 80 y el capitalismo ¿qué nos han hecho creer antes? El esfuerzo y la trayectoria que cada uno realiza, lo que explica hasta dónde llegas. Y es llamativo, pero hay muchos estudios que demuestran que son precisamente de bajo nivel socioeconómico los que sostienen con más fuerza estos argumentos. Seguramente habrá una cierta esperanza para conseguir un futuro mejor.

Puede ser una forma de huir del estigma. ¿Existe riesgo de estigmatizar grupos concretos con el covid-19?

La verdad es que no es fácil prestar atención a determinados colectivos sin generar cierto estigma. Pero creo que podemos aprender mucho del pasado. El SIDA nos ha enseñado mucho y en las siguientes pandemias no hemos llegado a ese nivel de estigmatización. Sin embargo, existe riesgo. ¿Cómo evitarlo? En mi opinión, si entendiéramos que estos condicionantes estructurales no sólo afectan a esos grupos muy empobrecidos, sino que atraviesan todas las capas sociales, sería más difícil estigmatizar a determinados colectivos.

Y es que mucha gente todavía no ha sido consciente de que los condicionantes sociales generan un gradiente, y que esto no es una guerra entre quienes están bien y mal, sino que las desigualdades sociales juegan a todos los niveles de la sociedad.

En el caso del COVID-19, por ejemplo, no hemos podido analizar bien, ya que la administración nos ha impedido obtener buenos datos, pero hemos tratado de analizar la relación entre la tasa de paro y la incidencia del COVID-19 y, a pesar de estos escasos datos, se observa un gradiente claro. No es que haya un barrio que esté mal y que todos los demás estemos bien. Nos quieren hacer creer eso, pero en realidad no es eso. Y si la gente se apropiara del gradiente, se reduciría el riesgo de estigmatizar.

Sí. Además, cada condicionante tendrá su gradiente y se cruzará con los demás condicionantes, ¿no?

Eso es. Los diferentes condicionantes nos cruzan todos, unos en cierta medida y otros en otra. Y nadie está a salvo. Por ejemplo, los hombres mayores tienen una mayor probabilidad de sufrir el covid-19 y los de menor nivel socioeconómico o con una actividad económica concreta. Pero si nos fijamos en la salud mental, seguramente estos mismos condicionantes sociales, es decir, la edad, el género y el nivel socioeconómico, tendrán una incidencia muy diferente y veremos que muchas mujeres de alto nivel social sufren una medicalización enorme.

Se trata de darse cuenta de que el modelo que estamos construyendo es absolutamente enfermizo. Y el covid-19 es otro ejemplo muy espectacular. En cualquier lugar, el modelo es muy robusto. Eso significa claramente algo.

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