“Mutaciones y cáncer forman parte de nuestra vida”

Una pregunta lanzó la trayectoria científica de Arkaitz Carracedo: ¿en qué se diferencian las células sanas de los cánceres? Desde entonces ha realizado una extensa carrera en la investigación del cáncer, tal y como le reconoció la Unión Europea, que en 2013 le concedió una subvención de 1,5 millones de euros para investigar la relación entre cáncer y alimentación en el País Vasco. Dada la extensión de la enfermedad y el gran esfuerzo que está realizando la ciencia, desde su laboratorio del CIC Biogune hemos querido dar un profundo vistazo al cáncer.
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Ed. Ed. : Luis Jauregialtzo/©Press de Fotos
Se ha investigado mucho sobre el cáncer. ¿Cómo ha cambiado tu visión del cáncer en tu carrera?

A lo largo de mi trayectoria he entendido de diferentes maneras qué es el cáncer. Al principio tenía una visión bastante estereotipada, pero con el tiempo he entendido que el cáncer forma parte de la vida.

Nosotros aprendemos que en la naturaleza hay un equilibrio entre todas las especies. Tienen una cierta competencia entre ellos y se reproduce lo que mejor se adapta. Se producen mutaciones que generan diversidad en los seres vivos. Es una bonita imagen de la evolución. Pues lo que hace el cáncer es lo mismo.

Las mutaciones no son malas en sí mismas. Sin embargo, si estas mutaciones se producen en zonas en las que se controla el crecimiento celular, estas células quedan dañadas: comienzan a dividirse incontroladamente y a formar un tumor. Las células cancerosas tienen una enfermedad como la esquizofrenia y no entienden lo que dice el cuerpo. Al proliferar tan rápido, cada vez se van acumulando más errores y con todos estos defectos o mutaciones se genera una gran heterogeneidad entre las células cancerosas. Es importante entenderlo.

¿Cuáles son las debilidades de las células cancerosas?

Nosotros trabajamos en la alimentación de las células cancerosas, donde existe una profunda diferencia entre las células cancerígenas y las células convencionales. Cuando una célula cancerosa entra en este rápido proceso de crecimiento, tiene grandes necesidades energéticas. Una célula normal, además de generar sus componentes estructurales, utiliza en gran medida los alimentos para obtener energía para realizar su función. Sin embargo, las células cancerosas las utilizan para crecer.

A diferencia de nuestras células convencionales, las células cancerosas se mueven de una a otra y deben sobrevivir en diferentes medios. Para todo ello, la alimentación permite la creación de diferentes compuestos y así obtener energía, crear células o adaptar su entorno. En definitiva, pueden cambiar el pH de la zona, cambian las proteínas que les rodean. En eso es clave el metabolismo. Existen muchos fármacos que regulan el metabolismo y que podemos utilizar para combatir el cáncer.

¿Quieres decir que se alimentan de forma diferente las células cancerosas y las células convencionales?

Sí. Las células cancerosas reciben más glucosa. La técnica PET consiste en introducir a los pacientes glucosa radiactiva y ver a dónde va. ¿Y a dónde va? Pues al cáncer. Así se ven los tumores. Lo mismo ocurre con otros nutrientes. Todas las células contienen los mismos compuestos, pero las células cancerígenas los utilizan de forma muy diferente.

Por otro lado, las células cancerosas se encuentran dentro de un cuerpo y los cambios en los alimentos que allí se producen pueden afectar a ellas. Nosotros estamos investigando la influencia de la obesidad. En las personas con obesidad, por un lado, las hormonas cambian y, por otro, el organismo tiene más grasa, por lo que el cáncer puede aprovecharlas para alimentarse. En el caso de la diabetes, los niveles elevados de insulina también afectan al cáncer.

Con este esfuerzo de investigación, para entender el cáncer, ¿no os resulta decepcionante ver que la enfermedad está creciendo en nuestra sociedad?

Con ello tenemos un gran debate en el laboratorio, ya que parece que existe una influencia profunda del medio. Yo creo que hay dos factores: la vida y la edad. Entre las principales causas de mortalidad en nuestra sociedad se encuentran las enfermedades cardiovasculares, el cáncer… y todas ellas están relacionadas con nuestro modo de vida. Tenemos que cambiar de vida: obesidad, diabetes…

Además, cada vez vivimos más años. Y uno de los mayores factores de riesgo del cáncer es la edad. A mayor edad, mayor probabilidad de padecer cáncer, por dos factores: con los años, los defectos se van acumulando y, a medida que se van envejeciendo, la capacidad de nuestro cuerpo para combatir el cáncer disminuye. Durante la época reproductiva (entre 30 y 40 años), nuestro cuerpo se mantiene muy activo en su protección, pero tras esta época nuestro sistema de protección se va debilitando y es en esta época cuando aparecen muchos cánceres.

Sin embargo, el cáncer es en definitiva parte de nuestra vida y probablemente, si vivimos lo suficiente, lo desarrollaremos todos. Por el funcionamiento de nuestro cuerpo es difícil de evitar. Se estima que el 30% de los cánceres son prevenibles según el estilo de vida. Otro 60% son los debidos a errores propios acumulados por nuestras células, debidos a fallos de nuestro cuerpo. Y, por último, el 10% es hereditario: hemos recibido una mutación de los padres que solucionan los errores de los genes, con lo que tenemos más posibilidades de cáncer.

Ed. Ed. : Luis Jauregialtzo/©Press de Fotos
Si la mayoría son mutaciones aleatorias, ¿cómo podemos abordar el cáncer?

Debemos reconocer que no podemos evitar el cáncer. Las mutaciones y el cáncer forman parte de nuestra vida. Vamos a ir superando otras enfermedades, pero el cáncer va a seguir ahí. ¿Cuál es nuestra visión? Queremos que dentro de unos años se pueda curar la mayoría de los cánceres.

Sin embargo, tenemos un reto: siempre pensamos en esas dos terceras partes de los cánceres que se producen al azar, pero hay una tercera parte de los cánceres que se pueden evitar y en esa tercera parte podemos trabajar. Conocemos los factores de riesgo: el tabaco, el alcohol, la contaminación… Primero, eliminemos por encima los factores de riesgo y cuidemos la alimentación. Las previsiones apuntan a que dentro de 20 años el 80% de la sociedad sufrirá sobrepeso, de los que el 40% padecerá obesidad. Las enfermedades que conlleva, además del cáncer, generarán graves problemas. Pongamos fuerzas ahí, y en cuanto a la otra parte, la investigación hará su trabajo.

Cada vez son más las pruebas de que el estrés afecta a nuestra salud: puede debilitar el sistema inmunitario, influir en la digestión, en la fecundidad… ¿Este estrés, o la mala gestión de nuestras emociones, puede afectar también al cáncer?

Creo que no es un cáncer. Nuestro estado emocional afecta a un eje corporal, neuroinmunoendocrino. Esto significa que nuestro pensamiento y estado emocional influyen en nuestro sistema inmunitario y hormonal. De ahí que se produzca una enfermedad al pasar una fase de alto estrés. Nuestro cuerpo funciona así. Pero el cáncer no funciona igual. Sin embargo, si esta debilidad de nuestro sistema defensivo es crónica del estrés, puede influir en el origen del cáncer. Eso es posible.

Otro factor muy importante en el caso del cáncer es el relacionado con el hecho de que el ámbito psico-emocional es fundamental en el proceso que atraviesa un enfermo cancerígeno, desde el conocimiento del cáncer hasta todo el tratamiento y proceso. Por ello, su proceso psicológico debe ser trabajado y cuidado. En la actualidad, la psicología no está suficientemente integrada en nuestro sistema sanitario y debe ser integrada.

En vuestro laboratorio investigáis la alimentación y el metabolismo de las células cancerosas. En este momento, ¿qué retos tenéis?

Es nuestra pregunta básica: ¿influyen en el comportamiento del cáncer la alimentación celular y la que proporcionamos a nuestro cuerpo? Hemos visto que sí. Pero ahora nos planteamos una segunda pregunta: además de este primer tumor, ¿cómo influye el metabolismo en la metástasis y en la extensión del cáncer?

De hecho, las células normales normalmente no se mueven por su sitio, pero cuando se produce el tumor, ese tejido no puede coger tantas células, empiezan a expandirse. Además, las células cancerosas necesitan gran cantidad de nutrientes, por lo que comienzan a buscar vías de supervivencia y por ello se expande. Pero para salir al exterior tienen que romper los límites físicos de los tejidos. Después, tienen que salir a la sangre, un medio totalmente diferente, y para sobrevivir tienen que “nadar”. Después, deberán salir de los vasos sanguíneos y sobrevivir en otro tejido, totalmente diferente. Así, millones de células cancerosas fluyen, pero sólo sobrevivirán un porcentaje muy reducido: menos de un millón de células. Nosotros pensamos que el metabolismo y la alimentación son importantes a la hora de adaptarse a estos nuevos medios.

Ed. CIC bioGUNE
Además del metabolismo, ¿qué nuevas vías se están abriendo actualmente en la terapia del cáncer?

Se han realizado tres grandes descubrimientos que serán clave en los tratamientos contra el cáncer: por un lado, los tratamientos dirigidos. Parece que es muy complicado debido a la gran heterogeneidad provocada por las mutaciones, ya que el cáncer es un gran número de enfermedades diferentes. Pero, agrupados por sus características moleculares y conociendo sus debilidades, conseguiremos ver qué cáncer es exactamente el que padece un determinado paciente y en función de ello determinar qué tratamiento específico debe recibir. Cada paciente necesita un tratamiento específico.

La segunda estrategia es fortalecer el sistema inmunológico. El cáncer evita en una fase muy temprana el sistema defensivo de nuestro cuerpo, de alguna manera se hace invisible y nuestro sistema defensivo no puede atacarlo. En los últimos años se ha visto cómo podemos enseñar al sistema inmunológico a atacar células cancerosas. Conocida como inmunoterapia, su respuesta ha sido muy buena en algunos cánceres muy agresivos que hasta ahora no tenían tratamiento. La combinación de ambos tratamientos permitirá obtener mejores respuestas.

Y la tercera clave es la biopsia líquida. ¿Para qué vamos a tomar una muestra de cáncer si podemos ver signos de cáncer en la sangre? Presencia de fragmentos de células cancerosas en la sangre. Actualmente es técnicamente posible detectar cantidades muy pequeñas mediante un análisis de sangre. Además, ya se está tratando de ver mutaciones en sangre con el ADN procedente de células cancerosas. Se espera que mediante el screening se detecte el cáncer en fase temprana y se conozcan sus características específicas.

Combinando todo ello, tratamientos corregidos, fortalecimiento del sistema inmunitario y detección precoz y precisa, creo que estamos ante un sólido avance contra el cáncer.

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