Vacuna: esperanza limitada

Galarraga Aiestaran, Ana

Elhuyar Zientzia

Publicado en Berria el 26 de abril de 2020

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El camino hacia el desarrollo de las vacunas es largo y no siempre llega a la meta. - Ed.

La competencia y la carrera por conseguir una vacuna protectora desde el COVID-19 van a toda velocidad y cada día se lanza algún avance. Teniendo en cuenta que la vacunación es uno de los requisitos que más se mencionan para volver a las actividades anteriores, es comprensible la esperanza que se ha despertado en la sociedad. Sin embargo, varios expertos han advertido que el camino para desarrollar una vacuna es largo en sí mismo y no siempre llega a la meta. También han recordado las limitaciones éticas.

Por ejemplo, a principios de mes surgió una gran revuelta al hilo de la propuesta realizada por los investigadores Jean-Paul Mira y Camille Locht. De hecho, ambos investigadores propusieron realizar pruebas de la vacuna en la población africana en una televisión francesa. Según Mira, los africanos son idóneos para probar la vacuna porque son los más vulnerables, no tienen máscaras, ni tratamientos ni unidades de recuperación. Equiparó la vacuna del SIDA al ensayo en prostitutas: «Porque sabemos que están en peligro y que no se protegen», dijo. Locht se adhirió a su compañero.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud, condenó duramente estas declaraciones y las calificó de racistas, reflejo de la mentalidad colonial. El tema quedó ahí, pero no sería de extrañar que otros investigadores tengan una idea similar, ya que ya se han producido con la vacuna del sida, como Mira.

Sin ir más lejos, el proyecto Egun Bat Aurretik (1Day Sooner) también ha suscitado dudas éticas. El objetivo de este proyecto es reducir el tiempo de las pruebas clínicas. En las dos primeras fases se prueba la seguridad y eficacia de las vacunas experimentales en pequeños grupos. La tercera fase se realiza en una muestra más amplia, donde se vacuna a los voluntarios y se comprueba si hay diferencias entre quienes la han vacunado y quienes no la tienen.

Ahí es donde quieren incidir los impulsores del proyecto. De hecho, sólo algunos de estos voluntarios se infectarían, por lo que se necesitaría mucha gente y tiempo para ver los resultados de la vacuna. Proponen que los voluntarios se infecten intencionadamente para ahorrar tiempo. Es decir, dar una vacuna experimental, esperar a que se cree un posible efecto protector, infectarse con el virus SARS-Cov-2 y comprobar si protege las vacunas.

Cientos de personas ya han expresado su disposición a participar y han sido valoradas positivamente por investigadores y políticos ajenos al proyecto.

Sin embargo, todavía no hay candidatos a la vacuna en la tercera fase. La OMS ha anunciado que los más avanzados están en la segunda fase, es decir, han demostrado que son seguros y ahora tienen que ver si son efectivos. En China la semana pasada empezaron a probar, con 500 personas, de la mano del Instituto de Biotecnología de Pekín. Y esta semana se ha puesto en marcha otra prueba, liderada por la Universidad de Oxford, con 510 voluntarios. Hay otras cuatro en la primera fase y 77 en las preclínicas.

Teniendo en cuenta que la primera noticia de la enfermedad se recibió en diciembre del año pasado, es innegable que las vacunas se están desarrollando con rapidez. Pero, aunque todo salga bien, no llegarán a tiempo para detener la primera ola de pandemia, según un informe publicado en la revista científica Cell. Además, en el informe se recuerda que para que la vacuna sea realmente efectiva no es suficiente con ser segura y eficaz, sino que debe ser accesible a toda la población. También se crearán medios e infraestructuras de producción, almacenamiento, distribución y suministro, que requerirán también tiempo.

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